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Las maneras de un posmoderno TEMPORADA DE CAZA PARA EL LEÓN NEGRO TRYNO MALDONADO ANAGRAMA. BARCELONA, 2009 124 PÁGINAS, 13 EUROS LA HISTORIA DE UN ESTRAFALARIO Y GENIAL PINTOR GAY, CONTADA CON HUMOR POR SU AMANTE MIGUEL GARCÍA- POSADA Los personajes de Yates se debaten en vano contra la desesperación que los atenaza, como la mosca se debate en la telaraña. La crónica de esa pugna estéril es el asunto de sus novelas, aderezada de circunstancias vitales siempre funestas (todos los personajes de Yates son producto de familias inestables o desgajadas, y tienden a reproducir estos modelos) y poseída de un nihilismo que se enmascara de ideología el feminismo más aciago o de crítica social al sueño americano SÁTIRA DE COSTUMBRES. En la contraportada de Vía Revolucionaria los editores describen la novela como una indagación profunda sobre lo que las personas dejan que la sociedad haga con ellas y, en efecto, salpimentando la crónica de la destrucción del matrimonio Wheeler, hallamos una venenosa sátira de costumbres. Pero lo cierto es que Frank y April Wheeler son personajes infectados de desesperación, incapaces de encontrar un sentido a sus vidas sin horizonte; sentido que, como suele ocurrir con las personas desesperadas, tratan de hallar cambiando de trabajo, de país, de pareja. Son un par de mediocres redomados; y Yates se regodea haciéndolos concebir sueños absurdos, irrealizables, que no son aplastados por la sociedad, sino por su propia asfixia espiritual. Todos los personajes de Vía Revolucionaria son sórdidos, monstruosos, abyectos (aunque Yates pretenda presentarlos como víctimas) salvo el esquizofrénico John Givings, quien hacia el final de la novela es abandonado por sus abominables padres en un manicomio (a la vez que se compran un perrito para que les haga compañía) En Las hermanas Grimes no encontramos mucha más piedad. Aquí las protagonistas son dos hermanas, Sarah y Emily, hijas de padres divorciados, que eligen caminos biográficos distintos: Sarah el matrimonio; Emily una búsqueda de independencia. Inevitablemente, los hombres que desfilan por esta novela están siempre retratados de forma malintencionada, según las argucias ya arquetípicas de la literatura feminista egoístas, impotentes, crueles, etcétera. Inevitablemente, las hermanas protagonistas nunca ven reconocidos sus talentos (nosotros, en honor a la verdad, tampoco llegamos a discernirlos) y ambas acaban trituradas por la infelicidad. Yates nunca incurre, ciertamente, en el trazado de brocha gorda, pues tiene el don de la penetración psicológica; pero todo en la composición de sus personajes posee un aire de premeditación, de enconada crueldad, de predestinación funesta, que nos recuerda al niño sádico que introduce un algodón empapado en éter en el frasco de cristal donde revolotea aturdida una mariposa. CENAGAL DE AMARGURA. La escritura de Yates está alimentada por un veneno que infecta a los personajes, que se infiltra en las relaciones humanas y en las instituciones sociales, que acaba anegando el mundo; y ese veneno que no admite esclusas acaba arrojando a sus personajes a la autodestrucción. Pues, como confiesa una Emily derruida y patética, hacia el final de Las hermanas Grimes, tengo casi cincuenta años y nunca he entendido nada en toda mi vida y es que Yates se preocupa de que sus personajes no puedan entender nada, privándolos desde el primer momento de esperanza, vedándoles los afectos sinceros, arrojándolos a un cenagal de amargura e impiedad, despojándolos ¡por supuesto! de un horizonte sobrenatural. La literatura de Yates, por parafrasear la propaganda editorial, nos enseña lo que las personas dejan que la desesperación haga con ellas, aunque lo disfrace presentándolas como víctimas de estructuras opresoras. YATES NARRA CON UNA GRAN CAPACIDAD DE PENETRACIÓN PSICOLÓGICA Y UNA IMPASIBILIDAD DE ENTOMÓLOGO QUE LLEGA A RESULTAR CASI INSOPORTABLE EN SU IMPIEDAD El editor Jorge Herralde se ha sentido atraído desde siempre por eso tan difuso pero tan palpitante (o al menos tan atendido) que se llama (o suele llamarse) la posmodernidad un verdadero cajón de sastre donde el cliente puede elegir de todo. Con este criterio ha dado Herralde entrada en su catálogo de narrativa a algunos escritores de cierto relieve, pero también a otros abocados a la nada. Temporada de caza para el león negro es la novela de un posmoderno; no obtuvo el Premio Herralde, pero el jurado la recomendó para su publicación por ser valiosa. Elección nada gratuita; son escuetos los datos que ofrece la fábula, pero sintomáticos. Es la historia de un estrafalario y genial pintor gay, referida por su amante a través de capitulillos generalmente breves, que desarrollan diversos episodios de su vida. Una vida llena de sodomía, drogas y otras escatologías Todo ello contado con una prosa que se quiere efectiva y lacónica, pero que se halla más bien próxima al grado cero de la escritura. La editorial, bien sintonizada con la poética del autor, exhibe en su portada un específico icono caribeño, casi racista; pero seguramente no lo es por su posmodernidad Qué cosas. Como artefacto narrativo, el texto está concebido en términos aproximados al modo del apólogo, pero con notoria simplicidad de los elementos manejados: se coge mucho en esta novela; véase en especial la página 47, modélica al respecto. Todo está bien lejos de la complejidad del apólogo primitivo. El narrador cuenta la historia, al parecer admirable, del pintor gay, genial y extravagante, a quien la solapa editorial define como perfecto anti enfant terrible del arte, creyente en la velocidad y la fugacidad de todo. El narrador suscribe estos postulados y, en consecuencia, no observa especiales cautelas narrativas; las especulaciones de los autores del nouveau roman deben parecerle inaceptablemente anacrónicas. Hay que ser modernos dijo Rimbaud; mejor sería decir posmodernos Tryno Maldonado (México, 1977) se comporta como un narrador desprejuiciado, capaz de urdir una broma como la presente: la levedad, la insignificancia, la nula sustancia, el pensamiento débil son otras tantas categorías del triste mundo que nos ha tocado padecer a través de su editor; Maldonado nos las sirve en abundancia. ABCD 17