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COMUNICADOS DE LA TORTUGA CELESTE ANDRÉS IBÁÑEZ Cuento de Navidad E stamos en casa solos, y nos parece que todo sucede fuera. Deseamos salir, entrar en algún sitio, hablar con alguien. Pero ¿adónde podemos ir? Salimos, caminamos por las calles, y nos sorprende la forma en que todo se entrelaza. Todo el mundo parece conocerse. Los que entran y salen se saludan unos a otros. En un bar, un grupo de amigos charlan animadamente. Amigas en grupos caminan juntas por la acera. Todo el mundo se conoce, pero nosotros tenemos la sensación de no conocer a nadie. Estamos en la calle, en un bar, en la inauguración de una exposición, en un concierto, en una comida de Navidad, y lo único que deseamos es regresar a casa para refugiarnos en unos brazos que nos esperan. El solitario sale a la calle en busca de compañía, pero el que está acompañado sólo piensa en el silencio y en la soledad. ONDEAR MARINO. Esta es, quizá, la explicación de ese movimiento que vemos por todas partes, ese especie de ondear marino que llena las calles. Los que están en casa desean salir y hablar con alguien. Los que están fuera de casa desean volver a casa y abrazar a alguien a quien aman. Los que no tienen pareja contemplan con envidia a las parejas felices. Los que están indignación. En la vejez, la desilusión. Sin embargo, cuando somos niños siempre tenemos miedo de cosas que no existen. Y cuando somos adolescentes deseamos cosas que podremos conseguir enseguida fácilmente. Y en la juventud no entendemos que lo que ambicionamos se nos dará precisamente cuando perdamos la juventud, y que no ganaremos en el cambio. Y en la madurez nos indignamos, pero nunca por la razón que creemos. Y en la vejez nos desilusionamos aunque todos nuestros deseos se han cumplido. De modo que todos esos sentimientos que llenan nuestra vida son falsedades o ilusiones. ¿Qué es lo que queda? Ni siquiera el amor es una garantía de que seremos felices. Podemos amar y ser amados y ser desgraciados al mismo tiempo. Ni el amor, ni el éxito, ni el poder, garantizan que seremos siquiera medianamente felices. ¿Qué entonces? Sólo una cosa. Respirar correctamente. La felicidad es algo así de extraño. No tiene que ver con las circunstancias, pero está íntimamente unida al estado de nuestro cuerpo. No hablo de sentirse bien, de estar bien de salud, sino de más, mucho más. Hablo de respirar correctamente. Sólo una cosa: respirar correctamente. El que aprende a respirar correctamente se siente siempre bien. Acepta estar en el lugar donde está. El espectáculo de sí mismo le causa ternura, tristeza, risa, pero no acaba de creérselo del todo. Tiene una capacidad para ver más lejos, como el que ve una seta podrida pero puede ver al mismo tiempo el vasto bosque lleno de vida que la rodea. El que aprende a respirar correctamente siente gratitud por estar vivo y nunca se olvida de que la vida y todos los instantes de la vida son un milagro y un regalo inconcebible. La angustia acelera nuestra respiración y encoge los pulmones, pero el que está confiado y en paz, el que siente alivio y se sabe a salvo, respira profundamente. LA SANGRE, EL AIRE. Hay dos formas de entender la vida. Para unos la vida es la sangre: la pasión, la familia, los vínculos de la carne, los alimentos que contienen sangre, el peso, la guerra. Para otros la vida es el aire: la respiración, la libertad, la ligereza y la huida. Esto es Rilke: Respirar, ¡oh invisible poema! Respirar, aliento, hálito, alma, vida, pranayama, ciencia de la respiración. Porque nadie nos lo dice y nadie nos la enseña, pero para vivir es necesaria una ciencia. NI SIQUIERA EL AMOR ES UNA GARANTÍA DE QUE SEREMOS FELICES. NI EL AMOR, NI EL ÉXITO, NI EL PODER, GARANTIZAN QUE SEREMOS SIQUIERA MEDIANAMENTE FELICES mentalidad caballeresca de las SS, o en la vinculación del sistema oligárquico de poder con los usos de la sociedad cortesana. Toda esta gran kermesse se vio frustrada por el estallido del conflicto mundial, que puso en peligro el proyecto nazi de fusión de élites. Quizás por la ausencia de documentación, es la parte menos lograda del libro, porque apenas se percibe el declive (el deterioro de las conductas, ejemplificadas en los acontecimientos que se vivieron en el claustrofóbico bunker de la Cancillería) o la eventual supervivencia de estos usos y costumbres aristocráticos en la Alemania de posguerra. D Almeida da la vuelta a la ingente documentación disponible sobre el nazismo, del que no le interesa el ejercicio formal del poder político, sino los vínculos informales de amistad e influencia, y las relaciones simbólicas que los fundamentan. La sucesión de anécdotas que relata trasciende a todo un universo cultural y simbólico. LA GRAN MASACRE. Este iluminador estudio de las tendencias elitistas del Tercer Reich incrementa nuestra desazón y perplejidad cuando contemplamos un régimen a la vez popular y aristocrático, nacionalista y socialista, modernizador y reaccionario. El nazismo movilizó a las masas, pero los verdaderos protagonistas del régimen fueron unas élites repletas de ambición y de cinismo, invitadas al banquete de Odín precursor de la gran masacre que supuso la guerra mundial. casados contemplan con ansiedad la libertad de los jóvenes. Todos desean lo que no tienen. Este desequilibrio permanente mantiene el mundo en continuo movimiento. Sin embargo, si contemplamos las cosas desde un punto de vista externo, nos damos cuenta enseguida de que este movimiento es meramente aparente. Porque si el que está solo encontrara compañía y el que está acompañado encontrara la soledad, ¿qué habría cambiado? Volveríamos a tener a un solitario y a un acompañado donde antes teníamos a un acompañado y a un solitario. En la infancia, nuestra sensación preponderante es el miedo. En la adolescencia, el deseo. En la juventud, la ambición. En la madurez, la ABCD 19