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L. POESÍA VENTANAS DE PAPEL UNI- VERSOS JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN ANA DELGADO CORTÉS Una modesta proposición Respuesta a una tela de Chagall ...y Ana de Murcia por lo visto exista viniendo en su vestido blanco de vidrio y yo perdure de ella Tela de Chagall, Gonzalo Rojas T odo el mundo habla mal del tiempo decía Mark Twain pero nadie hace nada por arreglarlo. Todo el mundo se queja del exceso de producción literaria, añado yo, pero nadie hace nada por solucionarlo. A mí se me ocurre que podrían tenerse en cuenta las disposiciones de la Unión Europea para la agricultura o la producción láctea: ofrecer ayudas a quienes dejen de escribir durante un tiempo o cambien de actividad. Habría que comenzar por la plaga de los poetas, que se quejan de haber sido expulsados de las librerías, pero que se cuelan por todas partes. ¿Cuántos libros publican al año? En el 2007, unos 1.215. ¿Y cuántos vendieron más de doce ejemplares? Unos 127. El resto no interesó a nadie. A partir de una cierta edad, los escritores dejan de crecer para limitarse a engordar su bibliografía. Si Cela no hubiera publicado nada en los últimos cincuenta años, su lugar en la historia de la literatura sería el mismo. Igual ocurre con Jorge Guillén, con tantos otros. A los escritores deberían concedérseles años sabáticos. Con sueldo, pero sin una línea: ni en libros ni en diarios. Y lo mismo a jóvenes que a viejos se les propondrían actividades alternativas: cocina, jardinería. A Javier Marías, que se quejaba recientemente de la falta de repuesto para su máquina de escribir eléctrica y se negaba a pasarse al ordenador porque quería corregir en papel sus escritos y no ser interrumpido cada seis minutos por un e- mail, no se le informaría de que existen impresoras ni de que conectarse a Internet no es obligatorio. Cuenta Jorge Edwars que en sus últimos años Pablo Neruda, que seguía publicando tres o cuatro libros de poemas al año y enviándoselos dedicados con tinta verde a los amigos, sospechaba que, aunque todos los elogiaban, ninguno los leía. Y era verdad, confiesa Edwars. Probablemente lo mismo le ocurre a los nombres beneméritos que copan suplementos y páginas de cultura. ¿No sería mejor que los Fuentes y Goytisolos recibieran idénticos elogios sin necesidad de publicar nada presuntamente nuevo? Si para ganar el Cervantes, o cualquier otro premio codiciado, se requiriera llevar al menos una década sin publicar una línea, ¡cuántas inanes reiteraciones nos ahorraríamos! Lo que no sé es qué podría hacerse con los grafómanos que prefieren no ganar nada escribiendo a hacerse millonarios sin escribir. Y me conviene saberlo porque yo soy uno de ellos. Mi nombre es Ana y usted no me ha inventado, pero acaso me imagina, me presiente, y su visión de mí es ya un alumbramiento. En cuanto a los detalles, he de puntualizarme de secano, mediterránea por nacer meseta adentro, aunque debo admitirle que fue en Murcia donde me aconteció el único parto que ha anotado mi memoria. Pero en lo de Chagall, ahí acertó de pleno: sólo entiendo a los gatos cuando vuelan, a los músicos si arañan el destino, a los amantes mejilla con mejilla entre las nubes. Creo incluso que algo de partitura hay en mi casa, algo de pentagrama en mi cintura y siempre aire. Aire en cada beso que me muerde, aire en el embozo al despertarme, aire en el colchón y despedida. Por ahora ese revuelo de sábanas al decir adiós es lo único de mariposa que conozco. Y tampoco se me ocurre la manera de engendrarlo a usted, cuando bíblico llevo el nombre y la vocación estéril del que aguarda. Así y todo, cómo quisiera respirarle a Borges la videncia, y abrirme al mundo, cardinal, del mismo modo que se me abre el pecho cuando me señalan. Ya ve, para pronunciarme bastaría de nuevo el aire y usted me piensa, me escoge como Chagall sobre las ciudades, con más norte que sur, por equilibrio, con más tierra que mar, pero volátil. Y no me inventa usted, mas me dibuja viniendo como vengo en este instante, llegada desde aquí, Madrid o Murcia, subida al vuelo blanco de un vestido. Y aun cuando no le engendre de mi vientre le gesto nueve meses sus palabras hasta que sea tiempo de decirlas. Yo he sido imaginada de tan cierta; existe usted porque de mí perdura. (Madrid, 1973) estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, donde impulsó junto a algunos compañeros la tertulia poética Ostras versus Versos. Con este grupo participó en una treintena de recitales y publicó las obras conjuntas Cristales en la arena (1993) y Poemas egocéntricos, personales y plurales (1994) En 1998 se une al Aula de Encuentros del Círculo de Bellas Artes de Madrid, con el que ha intervenido en recitales, en el programa literario Voces de Minerva (Radio Círculo) y en la publicación colectiva Contrapartida (1999) En 2005 recibe el II Premio Andrés Salom concedido por la Asociación Taller de Arte Gramático, por su primer libro, Zoología marina, vertebrados terrestres (Azarbe, 2006) y en 2008 el Premio Carmen Conde por Poemas del amor sumiso (Torremozas, 2008) El pasado año obtuvo el I Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid y recientemente el Premio La Voz Joven (2008) de Obra Social Caja Madrid. El poema inédito que publicamos surge como respuesta a otro de Gonzalo Rojas protagonizado por alguien que lleva su mismo nombre, Ana. SELECCIÓN Y COORDINACIÓN DE AMALIA IGLESIAS SERNA ANA DELGADO CORTÉS ABCD 18