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L. NARRATIVA CON RUMBO A PITCAIRN MOTÍN EN LA BOUNTY JOHN BOYNE TRADUCCIÓN DE PATRICIA ANTÓN DE VEZ SALAMANDRA. BARCELONA, 2008 473 PÁGINAS, 20 EUROS MIGUEL SÁNCHEZ- OSTIZ En 1787, ir con rumbo a la isla Pitcairn era tanto como decir a ninguna parte, pero ese fue el viaje que en realidad emprendió la HMS Bounty, cuando salió de Portsmouth con intención de recoger en Tahití muestras del árbol del pan para introducirlo en las Indias Occidentales. La Bounty partió con una tripulación a bordo ni más ni menos pintoresca que la que figuraba en otros barcos de la Armada azul, pero sus miembros, gracias al cine y al éxito de las películas de 1935, 1962 y 1984, han alcanzado notoriedad y rasgos de auténticos héroes literarios. De no ser por las versiones que se han hecho de aquellos acontecimientos, dudo mucho que Bligh o Fletcher Christian hubiesen salido de la sombra de los archivos de la Marina inglesa y de unas publicaciones que el tiempo ha ido arrinconando y colocando en esas joyerías que son los anticuarios de Marina. Y por lo que respecta al tema, el motín de la Bounty está, digamos, más tocado que la Marcha de Granaderos. EL MALO DE LA PELÍCULA. El viaje de la Bounty es un clásico de la bibliografía de viajes por los mares del Sur. Desde muy poco después de haberse realizado este, entre 1787 y 1790, abundaron, como era costumbre, las publicaciones cualquier información de nuevos derroteros era preciosa las crónicas de sus protagonistas o dictadas por ellos, los panfletos una verdadera cruzada en defensa del amotinado) De ese empeño Boyne sale airoso porque, además, cumple con honores con esa otra dificultad inherente a los relatos del mar: el léxico y la retórica de la vida a bordo de un barco. Información y modelos no le han faltado, pero tenía que montar su propia historia y hacerla seductora. El acierto de John Boyne en su Motín en la Bounty, una vez más, radica sobre todo en el punto de vista, al escoger el de los niños o pajes que solían embarcarse en las expediciones marítimas a los mares del Sur la de Anson, por ejemplo, llevaba ancianos y tullidos sacados de orfanatos, hospitales y prisiones. POSICIÓN DE PRIVILEGIO. Boyne saca a su niño de un hogar de críos delincuentes, muy dickensiano por cierto, que en realidad encubre un burdel de muchachitos para caballeros (poco creíble su final) y lo embarca a la fuerza en la Bounty como criado del capitán William Bligh, lo que le permite colocar al futuro narrador del motín en una posición de privilegio entre las dos partes enfrentadas y asistir a los motivos que hicieron que Bligh y sus acompañantes, al ser abandonados en el mar, realizaran una proeza náutica. Boyne consigue darle la vuelta al relato, penetrar en las complejidades y entresijos de los personajes, en el choque de las personalidades, más desde luego en la de Bligh que en la de Fletcher Christian, que queda algo desdibujado, como si ya hubiese sido bastante defendido (y vapuleado) por la Historia. El personaje de Boyne, que sustituye al grumete Robert Tinkler, es un mozo deslenguado, descarado, bravo, dotado de un lenguaje pronto y florido, auténtica carne de horca, con rasgos de pícaro; un desarraigado que hará carrera gracias a su viaje, ascético más que puramente iniciático, porque para cuando lo emprende, el muchacho está más que iniciado en la parte más dura y sombría de la existencia, de manera que su iniciación vital lo es en el mundo del orden y la autoridad, completamente seducido por los principios de la Armada Deber, Lealtad y Buen Servicio que guían a un personaje que no desertó de la Bounty teniendo motivos para hacerlo, el teniente Fryer; y seducido también por la poética de la Autoridad, poco importa que sea o no competente, acomplejada, como la del capitán Bligh. Y gracias a eso, el antiguo pillete John Jacob Turnstile, alias Tunante, se convierte en un hombre de bien que sirve a su rey, a su patria y a su familia numerosa, perdiendo, como John Silver, una pierna en el viaje al mundo del Orden y a la Respetabilidad. EN SU VEJEZ, EL CAPITÁN TURNSTILE REMEMORA SU VIDA DE MARINERO Y SU PRIMERA TRAVESÍA, A LAS ÓRDENES DE WILLIAM BLIGH COLECCIÓN ABC EL EMPEÑO LITERARIO ERA ARRIESGADO Y AMBICIOSO, PERO BOYNE SALE AIROSO. CONSIGUE DARLE LA VUELTA AL RELATO Y PENETRAR EN LOS ENTRESIJOS DE LOS PERSONAJES y los relatos de los procesos a los que el motín dio lugar. Por eso, el empeño literario de John Boyne es doblemente arriesgado y ambicioso, porque podía haber caído en lo ya muy visto (aunque poco leído) y porque se atreve a contar la historia del lado del malo de la película esto es, del capitán William Bligh, cuya actuación al mando de la HMS ya fue cuestionada al tiempo de los procesos de 1792 (por el hermano de Fletcher Christian, empeñado en VUELVE LA BOUNTY JOHN BOYNE, EL AUTOR DE EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS HA REESCRITO LA FAMOSA TRILOGÍA DE LA BOUNTY EL RESULTADO ES UNA HISTORIA QUE ATRAPA DESDE LA PRIMERA LÍNEA Hubo un tiempo en que para ser feliz me bastaba un mapa en la mesa de la cocina con el que poder seguir las rutas de mis novelas favoritas. Todavía a veces cuando vuelvo a casa, al abrir una alacena y aspirar el olor a limón y vainilla de los moldes para hacer dulces, me llega nítido el recuerdo de esas travesías. La primera idea que uno se hace del mundo proviene de esos lugares que van adquiriendo en nuestra SUSANA FORTES memoria un extraño prestigio de lejanía: pequeñas aldeas perdidas en la distancia de la nieve, apenas vislumbradas una noche en que la luna va siguiendo indecisa el rastro de un trineo y de pronto un perro lobo se para, aúlla muy despacio y en ese momento uno descubre que La llamada de la selva es esa clase de soledad extraña y desafiante. Libros que apuntaban a horizontes lejanos donde los niños de antes empezábamos a descubrir la fascinación por ABCD 14