
A.
PINTURA
EN EL HIJO PRÓDIGO PRIETO COINCIDIÓ CON GAYA. ¿Y QUÉ IDEA TENDRÍAN DEL OTRO? QUIZÁ NO HAYA DOS ACTITUDES MÁS INCONCILIABLES ANTE EL ARTE Y LOS ARTISTAS
levantados los años treinta, vivió en ese aire de acción y sacrificio con mucho ahínco y como el que más. En enero del 32 expuso en el Ateneo por primera vez, y ya entonces los ecos ganaban a las voces en aquellas cuarenta pinturas. Hay cuadros de Prieto, pintados en Madrid, en Valencia o luego en México, que por aquí o por allá reviven otros de Climent, cuando no algunos semibucólicos de Souto o los campos de Rodríguez Luna. Salta aquí un retrato muy alemán y allá un interior que lo podríamos haber encontrado en Zabaleta o en De Pisis.
TIPOS POPULARES. EN LA IMAGEN, ALFA HENESTROSA (1948) DE MIGUEL PRIETO
UNA HISTORIA URGENTE
MIGUEL PRIETO LA ARMONÍA Y LA FURIA (1907- 1956) RESIDENCIA DE ESTUDIANTES. MADRID C PINAR, 21 COMISARIOS: JAIME BRIHUEGA, JUANA MARÍA PERUJO Y JUAN MANUEL BONET HASTA FINALES DE JULIO
ENRIQUE ANDRÉS RUIZ
De Miguel Prieto se podría pensar ahora, cuando la SECC revive su recuerdo en esta gran exposición, que ha quedado en figura apartada allí, no sólo en la memoria específica del
exilio, sino en su especie de difuso rincón, a la penumbra. Y que, además, también es figura que terminó desvaída o desdibujada, precisamente por esa versatilidad que deja para imposible el perfil concreto de su retrato. Más rotundamente: ¿Quién sabía, hasta ayer de Miguel Prieto? Y, de los que sabían, ¿quién se podía acordar? Pero, en fin, para eso está la Sociedad que conmemora. Miguel Prieto nació en Ciudad Real y, como muchos, antes de lanzarse al torbellino del arte- herramienta de la revolución, viajó a Madrid, hacia 1924, a aprender, sin academias, del
Museo del Prado. Pintó unas cuantas pinturas en la cuerda pura, sobre todo retratos, que quizá hubieran gustado a Juan Ramón y que a mí me levantan el recuerdo de Cristóbal Ruiz. Pero no duró mucho este viaje, embarrancado pronto ante piélagos de sirenas y altavoces en lucha por la causa y el servicio. Lo dice el subtítulo de esta exposición. La furia, pues, contra toda armonía; y la urgencia de la persuasión y la propaganda contra todo deleite, contra toda contemplación para la que no debían estar, si realmente lo eran de verdad, los camaradas. Así que Miguel Prieto, ya
CON LA MISMA MANO. Por no decir de los dibujos de combate y duermevela, magníficos como los de la Cruzada de José Caballero. O, más lejos, allí, del eco de Carrà, de Sironi, a lo mejor de unas figuras de Guttuso. Sí, aquí se hace verdad que el tiempo también pinta y que todos los artistas parecen hacerlo con una misma mano. ¿Y cómo pintó concretamente Miguel Prieto? Prieto no pintó concretamente, sino que estuvo presente en la I Exposición de Arte Revolucionario del Ateneo; en la revista Octubre y su guiñol, su primera auténtica experiencia teatral; en el teatro luego de Misiones y en el de La Barraca; en el Pabellón de París; en el viaje a Moscú, con Miguel Hernández; en la Valencia de la Ponencia Colectiva; en Nueva Cultura; en El buque rojo... Y en México, en el exilio, al fin. Y fue allá donde su perfil de pintor, cada vez más horribilista quedó desdibujado ya del todo por la propia urgencia del servicio a la avanzada de la Historia, que le invitó al trabajo en la letra y el dibujo sobre el papel impreso. Pero la cosa es que aquello acabó en una armonía tan poco furiosa como la de sus esbeltas tipografías, que combinó con suma pericia y con un sentido arquitectónico indiscutible. Romance fue su potro de aprendizaje tipográfico; pasó por Ultramar; trabajó ediciones de la editorial Leyenda, como la de una estupenda y neorromántica Celestina... Las letras gustosas a Prieto fueron estrechadas, picudas, muy elegantes una vez puestas sobre la página. Y pienso que en El hijo pródigo coincidió con Ramón Gaya. ¿Y qué idea tendrían del otro enfrente y sin embargo al lado? Quizá no haya dos actitudes más inconciliables ante el arte y los artistas. A un lado, la colaboración con la creación y la santidad de lo que vive en su silencio y reclama que le dejen vivir; y al otro, el de Miguel Prieto, el ruido y la misión que quisieron transformar todo lo vivo...
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