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BAJO EL ESPLENDOROSO VERDOR DEL ABEDUL LOS ESTRAGOS DEL TIEMPO CLAES ANDERSSON SELECCIÓN, TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE FRANCISCO J. URIZ JUAN DE MAIRENA EDITOR LUCENA (CÓRDOBA) 2008 131 PÁGINAS, 13 EUROS DE BERLÍN A SCHENGEN. CAYÓ EL MURO, CONSTRUIMOS OTRO. MÁS ALTO, MÁS INVISIBLE, MÁS EFICAZ SATIRIZA ANDERSSON EN UNO DE SUS POEMAS. ARRIBA, DOS TURISTAS PASEAN JUNTO A UN FRAGMENTO DEL MURO BERLINÉS JAIME SILES En la monumental Poesía nórdica de Francisco J. Uriz (Ediciones La Torre, 1995) pudimos asomarnos por vez primera a dos poetas tan interesantes como el danés Henrik Norbrandt y el finlandés de lengua sueca Claes Andersson. De este último, Uriz nos dio una ajustada y muy completa imagen en la exigente selección Lo que se hizo palabra en mí (Pamiela, 1998) que, ahora, modificada y ampliada con poemas que llegan hasta el año 2006 y que incluyen un inédito, da a la luz Cosmopoética sólo con las versiones y desprovista del texto original, que sí ofrecía el muestrario editado por Pamiela. Los estragos del tiempo, título de un libro homónimo publicado por su autor en 2005, es una antología que permite seguir su continuidad y evolución: sobre todo, la de la última década. Claes Andersson (Helsinki, 1937) es, para algunos entre quienes me cuento, el mejor poeta social de la segunda mitad del siglo XX. Y lo es porque ha ampliado los temas y el mismo discurso haciendo, más que poesía propiamente social, una poesía sociológica, crítica con lo que toda escritura comprometida debe serlo. La suya es profundamente hu- mana, y esa construcción del sujeto moral la constituye y la define. Psiquiatra, futbolista, crítico literario y también ministro de Cultura, Andersson es un híbrido de tantas cosas que nunca prima en él una sola sino muchas, y todas ellas a la vez. De su poesía cívica o político- sociológica destacan dos poemas que han pasado a ser claves para la descripción de nuestro momento histórico y nuestra sociedad: uno acaso el más duro es Robadnos y llamadlo economía nacional de Compañeros de habitación (1974) otro, El dilema del social- demócrata en el que satiriza la connivencia con el capitalismo y su envolvente capacidad de cosificación, que nos moleculiza haciéndonos esclavos de una tecnocracia sobornada que nos hace odiarnos a nosotros mismos y a los demás. UNA FORMA DE MENTIRA. Para Andersson y así lo declara en un poema de su libro La sociedad en que morimos (1967) la poesía es una forma de mentira que soslaya las realidades y eleva lo irreal al nivel de la suprarrealidad y el poema, algo que se crea dentro de nuestras células allí donde reina una extraña penumbra Pero su compromiso militante no le impide escribir poemas de amor tan intensos como Estudio para el viento del verano o recrear el ácrono tiempo del relato medieval. En la segunda mitad de los setenta su discurso se abre a lo metapoético y, ante la tentación de idealizar el silencio, afirma que hablar es oro y que emoción y pensamiento conforman su poética. Sostiene que el otoño es su estación y que el tiempo no cura las heridas porque el futuro viene por la noche con su piolet Maestro del versículo y de un hábil manejo de una no siempre fácil interpunción, expone que escribir es leer lo no escrito todavía Su visión de la vida es que en ella todo está hipotecado y que es algo que ocurre mientras esperamos otra cosa Pero esta deriva hacia el análisis existencial, desesperanzado y a la vez vitalista, no atenúa en él la vena irónico- satírica, evidente en Schengen Cayó el muro, construimos otro. Más alto, más invisible, más eficaz Después de 2000, Andersson inicia una meditación sobre la muerte, que objetiva en correlatos cotidianos y que le lleva a redefinir así su identidad: Soy el que desaparece Y esta consciente disolución del yo le hace reflexionar sobre el dolor del mundo: se produce en él una anagnórisis en la que distingue dos eternidades una muy corta, otra algo más larga en las que comprueba que sólo lo perdido se puede encontrar y más aún: que sólo lo que se reencuentra existe Su poesía que, sin renunciar a la denuncia, se había ido haciendo metafísico- moral redefine su idea y función de la escritura, que, en esta etapa, consiste en dar nombre a lo olvidado porque, aunque hay quien sabe pero carece de palabras para contarlo también hay quien tiene todas las palabras pero no tiene nada que decir La realidad ya no coincide con sus límites y, por eso, nos convertimos en una fuga a dos voces Admite que es fácil ser irónico cuando se tiene todo y que permanecer invariable es el cambio mayor PARAÍSO TERRENAL. Su inédito Lust aquí incluido trata de eso, pero, sobre todo, de su propio paraíso terrenal, en el que un sujeto, de avanzada edad y enfermo, acomete el tramo final de su existencia, y lo asume con lucidez y serenidad. El poeta para el que el poema era un restituidor en el sentido que el término tiene en el derecho romano y que Horacio trasladó a la poesía; que había trabajado el lenguaje para que el conocimiento se hiciera conciencia y la conciencia, acción y que había descrito la muerte como un olvido que de repente se recuerda desarrolla un yo lírico, estoico y epicúreo, que no reniega de lo religioso, pero que tampoco lo encarna y que, si por algo se caracteriza, es por la aceptación. Andersson ha construido uno de los discursos poéticos que mejor reflejan las disfunciones del sistema político y social de nuestro tiempo: la suya es una poesía de compromiso humano y moral, erigida sobre un exigente lenguaje poético. CLAES ANDERSSON ES, PARA ALGUNOS ENTRE QUIENES ME CUENTO, EL MEJOR POETA SOCIAL DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. ESTA ANTOLOGÍA PERMITE SEGUIR SU EVOLUCIÓN ABCD 17