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A. PALABRAS CRUZADAS CONVERSACIONES JÓVENES EN EL VIEJO PARÍS EL VERANO HACE MELLA EN LA PROGRAMACIÓN DE LAS GRANDES INSTITUCIONES ARTÍSTICAS DE LA CAPITAL FRANCESA, POR LO QUE RESULTA MÁS FRUCTÍFERO ACERCARSE A LOS TALLERES DE LOS ARTISTAS BECADOS EN LA CIUDAD DEL SENA. DE TODOS ELLOS, CUATRO CREADORES ESPAÑOLES LOS PINTORES IRMA ÁLVAREZ- LAVIADA Y EDUARDO MARTÍN DEL POZO Y LOS FOTÓGRAFOS JUAN PÉREZ GUARNER Y LOLA ELKIN APUNTAN MANERAS ANTONIO GARCÍA- BERRIO Este año vencí la declinante tentación de Basilea. Me apabulló de lleno la apatía ante la perspectiva de verme, en solitario, entre las correprisas inelegantes de todos aquellos feriantes de la compraventa. Me desquitó luego, dominando cualquier barrunto de mala conciencia, la ironía de Laura Revuelta, asidua visitante también de la feria suiza, que este año tampoco había desertado. En viaje hacia París, leí en el avión su crónica en ABCD. Total: que, en lo novísimo, parece que me he ahorrado no acudiendo bastante tedio; y en lo de siempre, en Basel habré economizado por esta vez alguna inversión de riesgo. Algo parecido a un impulso como de desquite equilibrador me orientaba hacia el París tardoprimaveral de primeros de junio. Mi pretexto obligado, una reunión del comité científico del Institut Européen d Histoire de la République des Lettres: deslumbrante francés en la presentación de Marc Fumaroli, junto a la cada vez más infrecuente percepción en vivo de la sabiduría encarnada en el presidente del Consejo, la nada ostentosa gloria nacional que es Jean Leclant, secretario perpetuo de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras. Mi papel en esta sociedad savant el empeño por vencer la obstinación amistosa del gran Fumaroli, incambiablemente persuadido ¡son tantos! de la ausencia secular de España en la República Europea de las Letras. EL ENÉSIMO TEDIO. París y el enésimo tedio de las galerías decadentes de Saint Germain- des- Prés; calles de Seine, Buci, Jacob y Bonaparte, no lejos de la centralidad perdida para siempre de la casa Maeght. Pocas sorpresas frente al fervor de este nuevo tiempo en el renacido Berlín. Para españoles, si acaso, la curiosidad de una muestra muy desigual de estampaciones de Miquel Barceló. Y en el Beaubourg, una exposición confusa, de escaso gusto y aún más floja tesis, pomposamente titulada Trazas de lo sagrado. Claro que siempre nos quedará el Louvre con sus renovadas Tullerías... ¡Pero son tantos los miles de turistas a compartir! Ante la coyuntura de deserción, me acojo a la salida de lo muy joven, que nunca me defrauda ni aquí ni en Roma: visita a los talleres de artistas españoles pensionados en el Colegio de España y en la Cité des Arts. En el hall y por la escalinata del Colegio cuelgan evocadoras pinturas de antiguos residentes, desde Sicilia a Ciria o Eduardo Barco. El director, mi colega Javier de Lucas, y su colaborador Ramón Solé me facilitan gustosos el encuentro con los artistas becarios de Cultura en la casa: la pintora asturiana Álvarez- Laviada y los fotógrafos Pérez Guarner, de Valencia, y la mallorquina- escocesa Lola Elkin. Viene también un segundo pintor, residente de promociones anteriores, que ahora vive y trabaja en la Ciudad de las Artes, Eduardo Martín del Pozo. IMPERTINECIA MUSICAL. Tenía desde hace tiempo las mejores referencias orales de Martín del Pozo; la visita a su taller del Marais no las defrauda. Apasionado impenitente de la música, se afana en transcribir sus ritmos a la escenografía abstracta de sus cuadros. Le descubro el verso de Guillén siento que un ritmo se me desenlaza y Eduardo se reconoce en ese género de inspiración tan declaradamente compartida por poetas desde Valéry a Claudio Rodríguez. Por el contrario, se desentiende cortésmente cuando le apunto la asociación denodada con la fuerza del Kiefer de los homenajes a las criptas sacrales de Albert Speer, a vista de la arquitectura rectangular de estancias sugeridas ABCD 32