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CUENTISTAS EJEMPLARES NO ME GUSTAN LAS MUJERES QUE LLORAN Y OTROS RELATOS ROSA ROMOJARO FUNDACIÓN MUNICIPAL DE CULTURA JOSÉ LUIS CANO ALGECIRAS, 2008 80 PÁGINAS, 10 EUROS CRÍMENEZ TRIVIALES RAFAEL GONZÁLEZ BALANZÁ EDICIONES J. J. NICOLÁS. MURCIA, 2008 137 PÁGINAS, 10 EUROS a que nos tiene acostumbrados. El relato que da título al libro, No me gustan las mujeres que lloran es particularmente brillante desde el punto de vista narrativo: el abuso de poder del impresentable agente de tráfico podía haber desembocado en una tragedia aún mayor, pero a Elena la salvan sus propias lágrimas; desde un punto de vista psicológico, creo que no pueden estar mejor descritas las reacciones de los protagonistas. BORGES, CORTÁZAR. En cuanto a Crímenes triviales, se trata de un opus primum (lo que llaman por ahí, impropiamente, ópera prima, que es un plural latino desnaturalizado que me saca de quicio) lo que añade aún más mérito al conjunto de cuentos de los que consta el libro. A Balanzá sólo lo conocíamos en calidad de director y fundador de la revista cultural El LA CORTA DISTANCIA NARRATIVA TIENE EN ROSA ROMOJARO Y RAFAEL G. BALANZÁ A DOS EXCELENTES CULTIVADORES LUIS ALBERTO DE CUENCA la iconoclasta película documental de Albertina Carri sobre los desaparecidos; es más, no me quedaría en el Cono Sur, vendría a España y añadiría El vano ayer (2004) de Isaac Rosa, y el teatro radical de Rodrigo García y de Roger Bernat. TRAUMA COLECTIVO. Es decir, para entender cómo Pron aborda el trauma colectivo de la guerra absurda hay que acercarse al arte textual, y no sólo a lo que se ha petrificado como literario; el arte textual, sobre todo, de los nacidos en la década de los setenta. Porque ya hay indicios para pensar que la mirada de estos sobre nuestras escenas políticas no sólo es más irónica o más exigente: tiene menos complejos. La exposición sobre la Transición del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, por ejemplo, hubiera sido diferente con alguien de esa generación entre los comisarios; porque nosotros no entendemos que cuarenta años después todavía se oculten los nombres de los verdugos, de los victimarios, mientras que los juzgados españoles tramitan órdenes de busca y captura contra los militares argentinos responsables de tanta muerte y de tanta desaparición. La bomba quizá ya no pende sobre aquellas cabezas; pero tal vez sí sobre las nuestras; o en fin sobre las de todos. No es la literatura española cicatera a la hora de aportar buenos cuentistas al acervo narrativo universal. En el XIX hubo gente que cultivó el relato breve con una dignidad fuera de lo común, como Pedro Antonio de Alarcón o doña Emilia Pardo Bazán. En el XX y en lo que va de XXI, el madrileño Medardo Fraile me parece uno de los maestros de la corta distancia en narrativa, aunque podría citar muchos más nombres, entre los que no quiero olvidarme de Ángel Zapata, otro emblema de calidad cuentística en las generaciones últimas. Hoy traigo a la palestra a dos autores que también se sitúan en el pequeño grupo de los grandes narradores breves de hoy, una mujer nacida en Algeciras y residente en Málaga, Rosa Romojaro, y un hombre nacido en Alicante y residente en Murcia, Rafael Balanzá. SENSIBILIDAD. El currículum literario de Rosa Romojaro es intenso y extenso. Al margen de su bibliografía universitaria (centrada, sobre todo, en los Siglos de Oro: es una consumada especialista en Lope) ha publicado una estupenda novela, Páginas amarillas (Anthropos) y una serie de excelentes libros de poesía que se inicia con La ciudad fronteriza, continúa con Zona de varada y llega hasta Poemas de Teresa Hassler) Que yo sepa, no había publicado hasta ahora una colección de relatos breves, género de escritura que maneja con un garbo y una habilidad excepcionales. Dice Rosa Romojaro en el prólogo que cuando le preguntaban al personaje- escritor de Daniele del Giudice en Atlas occidental qué era la atmósfera de un relato, él respondía que justamente eso: la masa de aire que rodea una historia Pues bien, creo difícil superar la precisión y maestría con que la narradora algecireña dibuja las atmósferas de sus cuentos, en los que se percibe hasta la respiración de sus personajes, trazados con mano experta y pincelada suelta y sabia. Algunos de los cuentos de Romojaro han de incluirse por su brevedad en la categoría del microrrelato, como El merodista o Huidas Pero, más allá de tipologías, los once cuentos de Rosa Romojaro han sido trasladados al papel con enorme pericia y con la extraordinaria sensibilidad ROSA ROMOJARO DIBUJA CON MAESTRÍA LAS ATMÓSFERAS DE SUS RELATOS, EN LOS QUE SE PERCIBE HASTA LA RESPIRACIÓN DE SUS PERSONAJES, TRAZADOS CON MANO EXPERTA Kraken, una publicación periódica con un aire muy fresco y muy espontáneo. Por Crímenes triviales, Balanzá pasa a formar parte de la élite de prosistas españoles de su generación (nació en 1969) pues la originalidad y la agudeza que despliega tanto en la invención de los argumentos como en el desarrollo literario de los mismos son apabullantes. En las Instrucciones de uso que introducen la obra, Manuel Moyano cita a Kafka como uno de los principales modelos de Balanzá. Lo es. Como lo son Borges y Cortázar, los dos gigantes modernos del cuento en castellano. Como lo es Paul Auster, aunque esta última influencia no sea, ni de lejos, tan importante como las anteriores. El primer cuento, titulado de la misma manera que el libro, es el más kafkiano de todos. Con la utilización del estilo directo e indirecto y de un léxico rico ha escrito Ramón Jiménez Madrid Balanzá logra en ese primer cuento efectos de extrañamiento y sumerge al personaje en una verdadera pesadilla. El resto de relatos, incluidos los dos más breves, Sin razón un impecable delirio borgiano, y Dulces normandos una evocación de la charla que podrían haber mantenido Jean- Paul Marat y Charlotte Corday momentos antes de las puñaladas de rigor, nos habla de la exactitud y habilidad con que G. Balanzá ha urdido sus historias. Un gran cuentista acaba de nacer. Nada menos trivial lo apunta ya Moyano que la lectura de estos Crímenes triviales de Rafael Balanzá. ABCD 17