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COMEDIA DOMÉSTICA QUE COMBINA LA ACIDEZ DE LA GUERRA DE LOS ROSE CON LA FURIA DE UN EPISODIO DE RASCA Y PICA SANGRANDO EN EL TELEVISOR DE LOS SIMPSON Así, Un trastorno... es una bestial comedia doméstica que combina la acidez de películas como La guerra de los Rose con la furia sangrienta de uno de esos episodios de Rasca y Pica sangrando en el televisor de la familia Simpson. Y están advertidos: la idea de Kalfus que provocó la ira de más de un lector, pero que también le valió ser finalista del National Book Award del 2006 es la de bailar sobre las ruinas, sin preocuparle el qué dirán, narrando hasta el más doloroso y desopilante detalle con inteligencia y pasión y talento. Sean las fantasías sexuales de Joyce con los bomberos de la Zona Cero o la indignación de Marshall por no haber salido en ninguna de las fotos tomadas aquella mañana al sur de Manhattan: Kalfus no se priva de iluminar las más luminosas miserias de las que es capaz el ser humano en tiempos oscuros. BOMBA HUMANA. Y así explicó Kalfus la génesis de Un trastorno... en una entrevista: Apenas pasados los ataques terroristas yo sentí que estábamos deshumanizando a las víctimas, a los muertos, convirtiéndolos uniformemente en héroes y mártires. Me dije que, teniendo en cuenta lo que sabemos sobre los actuales índices de divorcios y la amargura que acompaña a semejantes procesos, era un poco cínico y absurdo no pensar que, si murieron tres mil personas en las torres, por lo menos habría tres o cuatro maridos o esposas felices de que alguien no haya vuelto a casa ese día Y agregó: Los artistas tienen licencia absoluta para hallar, como sea, cierto sentido en las peores cosas que le suceden a la gente En Un trastorno... Kalfus reclama para sí esa licencia y con gran talento y sin preocuparse por todo eso de la corrección política sale a buscar los sucesos más terribles. Y los encuentra. Y su razón de ser es tan monstruosa que en una coda más alucinada que fantasiosa, en la que todo sale bien en Irak y Osama Bin Laden es atrapado y Joyce y Marshall marchan junto a las multitudes para celebrarlo en la Zona Cero Kalfus parece decirnos que nada de lo que ocurra allí afuera será la solución para esos traumas que se llevan bien adentro. Antes del supuesto final feliz y luego del trágico y gracioso comienzo, Marshall decide convertirse en un bomba humana y volarse dentro del apartamento de la discordia. Pero nada sucede porque ha seguido mal las instrucciones de un site en árabe. Joyce, quien alguna vez amó a ese hombre, se ofrece a ayudarlo. Seguramente es un problema con los cables, sugiere. Marshall dice que puede hacerlo solo. Vic y Viola los oyen y miran discutir. Bagdad, en comparación, es una fiesta. Ese país ficticio EL RETRATO DE SOPHIE HOFFMAN LUIS QUIÑONES TOROMÍTICO. CÓRDOBA, 2008 267 PÁGINAS, 19 EUROS JUEGO DE IDENTIDADES EN UNA TRAMA QUE COMBINA THRILLER E HISTORIA Esta primera novela de su autor cumple con dos de las corrientes dominantes hoy en nuestra narrativa, la del gesto culturalista aliado a una trama de thriller, que, bien llevada, no difiere de otros productos muy dignos que se han hecho fuera de nuestras fronteras, especialmente en Francia y Reino Unido. Hay que reconocer que el cuadro es cómodo: lo que sirve de paisaje se refugia en el pasado, por lo que éste es despojado de una serie de detalles que emborronan a veces al autor realista que escribe sobre el presente y, además, lo que hay en ella de actual, la trama deudora del thriller, conecta con la sensibilidad contemporánea, con lo que poseemos los ingredientes necesarios para que la obra sea bien recibida, el interés por lo histórico aliado a una historia detectivesca que tiene mucho de cinematográfica. Pero ese pulimento de años pretéritos requiere un matiz esencial y es que sortee el problema que se le viene encima, el de tender a cierta propensión hacia el cliché por la sencilla razón de que el autor no ha conocido la época y el reflejo que de ella posee puede ser un espejo deformante basado en tópicos traídos del cine o de lecturas de las que se desconoce el contexto. Esta novela sortea con habilidad ese escollo porque el autor se ha mostrado aquí modesto. Ello no quiere decir cauto, sino que no hay en el libro esa propensión al descuido que tienen muchos autores cuando describen tiempos no vividos, y esa falta de descuido dice mucho del resultado final de la obra. La trama, por ejemplo, es clásica: alguien recibe le encargo de asesinar a otro a cambio de su libertad. Pero la que en principio puede ser tomada como una común historia de suspense empieza a complicarse en una suerte de juego de identidades, entre León Cruz y René Daudet, por ejemplo, que hacen de esta narración un complejo juego donde se cruzan la evocación de ciertos ambientes en que se movía la Generación del 27 apenas hay cierto disimulo en la similitud del poeta Pedro Torrente Santos con otro poeta de su generación que también vivió en Roma en el exilio, pero recomiendo al lector que no piense en Rafael Alberti con la descripción de un Marruecos recién independizado y un París siempre peliculero. La novela sorprende por el afortunado equilibrio de las distintas partes en que se estructura y la sabia mezcla de esos componentes. También en el modo en que trata la obsesión, lo mejor del libro y que dibuja bien a las claras al escritor futuro. JUAN ÁNGEL JURISTO ABCD 15