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C. ASESINOS Y AULAS EL CASO DEL CAMPUS DE OXFORD EN LOS CRÍMENES DE OXFORD LA ÚLTIMA PELÍCULA DE ÁLEX DE LA IGLESIA BASADA EN UNA NOVELA DE GUILLERMO MARTÍNEZ, UN PROFESOR Y UN ALUMNO SON LOS ENCARGADOS DE RESOLVER UNA SERIE DE CRÍMENES QUE PARECEN SEGUIR, COMO LAS MATEMÁTICAS QUE LES UNEN, UN ORDEN LÓGICO HILARIO J. RODRÍGUEZ MATERIA DE EXAMEN. ARRIBA, JOHN HURT (IZQUIERDA) Y ELIJAH WOOD (DERECHA) EN LOS CRÍMENES DE OXFORD La ficción: Martin (Elijah Wood) el protagonista de Los crímenes de Oxford (2008, Álex de la Iglesia) va a Oxford para que el profesor Arthur Seldom (John Hurt) le dirija una tesis sobre lógica matemática. Las relaciones entre ambos no pueden empezar peor. Seldom no suele admitir réplicas a cuanto dice, y Martin pone en duda algunas de sus ideas. Éste último se hospeda en casa de la señora Eagleton (Anna Massey) a quien asesinan poco después de la llegada de Martin. Es el comienzo de una serie de crímenes que siguen un patrón lógico. La realidad: Cho Seung- Hui era un estudiante coreano de 23 años que estudiaba literatura inglesa en una universidad de Virginia. Durante su infancia le diagnosticaron autismo. Pronto su familia se mudó a Estados Unidos y allí, aunque nunca se mostró demasiado comunicativo, Cho se hizo un hueco entre sus compañeros de colegio e instituto, y más tarde de universidad. A nadie le importaba que dijese cosas extravagantes, como que tenía una novia en el espacio. Hasta que el 16 de abril de 2007 mató a 32 personas en la facultad donde estudiaba y luego se suicidó. Buena parte del cine español más celebrado de un tiempo a esta parte se conforma con reformular géneros clásicos. No se trata sólo de películas afortunadas por sus historias y diferentes tratamientos, sino también por la brillante prolongación que establecen entre el cine hollywoodiense y el propio cine español, aboliendo cualquier posible complejo de inferioridad anterior, como si por fin los españoles hubiésemos alcanzado el estatus de seres humanos porque ahora, en términos cinematográficos, somos comparables a los norteamericanos. De algún modo, lo que se celebra al hablar sobre películas como Los crímenes de Oxford es lo poco españolas que parecen. ARQUETIPOS. En general, nunca he podido apreciar las películas que suceden en un campus universitario porque en ellas suelo encontrar arquetipos más que personajes, iconografía más que realismo, ingenio más que inteligencia... Aun así, hay mucha gente que las aplaude. Sucede lo mismo que con los filmes sobre psychokillers: a buena parte del público le gustan aunque puedan fomentar una apatía peligrosa, que suele propiciar nuestra escasa previsión de cara al asesinato (o a la guerra o la pobreza o el paro, o cualquiera de los muchos infortunios diarios) No es fácil imaginar cómo se las ingenia para capturar las cosas del mundo alguien que sólo parece conocer los dibujos animados, y ésa es la impresión con que acabo de ver la película de Álex de la Iglesia. Las imágenes de Los crímenes de Oxford, por ejemplo, se benefician de la presencia de sus actores como un episodio del Coyote y el Correcaminos de los artefactos de la marca ACME. En este filme, los rostros de John Hurt o Elijah Wood nos recuerdan que podemos conformarnos con reír sin necesidad de pensar al mismo tiempo, que podemos seguir una intriga sin reparar en sus elementos... Directores como Álex de la Iglesia, Tim Burton o los hermanos Coen suelen darme la sensación de ser tan ingenuos como niños, en especial cuando pretenden que los tomemos en serio y al mismo tiempo se conforman con mostrar un profundo grado de crueldad infantil para filmar. Esa crueldad, no obstante, sólo la consiguen porque para ellos el mundo es un lugar donde pueden operar con la imaginación y no un lugar de donde puede emerger la imaginación. Algo así desvirtúa tanto la realidad misma que, cuando salimos del cine, perdemos contacto con películas como Los crímenes de Oxford porque, tras el posible placer inmediato que proporcionan, no nos sirven para nada. CÁBALAS. Los personajes de la película de Álex de la Iglesia no son piezas de ningún tapiz social o de clase sino fuerzas que oponen racionalismo e idealismo, reflexión y acción... como si se tratase de enemigos en un filme de Sylvester Stallone o de Bruce Willis. Con ellos, no nos preocupamos tanto de entender un segmento de la realidad (por ejemplo, un campus universitario y quienes lo pueblan) sino que hacemos cábalas de carácter global sobre la imposibilidad de entender la realidad, que nos permiten celebrarla como si de un juego se tratase (sin importarnos cuanto sucede a nuestro alrededor porque, al fin y al cabo, no hay nada que hacer al respecto, si acaso dejar que las cosas sucedan y divertirnos mientras no tengamos que enfrentarnos a un posible Cho Seung- Hui) LOS PERSONAJES DE ESTA PELÍCULA NO SON PIEZAS DE NINGÚN TAPIZ SOCIAL O DE CLASE SINO FUERZAS QUE OPONEN RACIONALISMO E IDEALISMO, REFLEXIÓN Y ACCIÓN ABCD 52