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ANATOMÍA DE STEFAN RUZOWITZKY, ES UNO DE LOS PRIMEROS EJEMPLOS DE CINE EUROPEO CON VOLUNTAD DE PARODIA SLASHER TRANSCURRE ENTRE LOS MUROS DE UNA UNIVERSIDAD DE MEDICINA DONDE SE PRACTICAN AUTOPSIAS A GENTE VIVA concepto ya no era novedoso entonces) Sim Parker, un hosco detective (Roscoe Karns) acude con su equipo al campus universitario donde alguien se dedica a asustar a las despavoridas alumnas con la sana intención de acabar con ellas una vez asustadas. Aun así, la auténtica eclosión del género se produce medio siglo después, cuando empiezan a llegar películas de bajo presupuesto donde indefectiblemente mujeres ligeras de ropa y hormonas descontroladas y hombres con el cerebro del tamaño de un cacahuete caen en manos de un psicópata que les hacer picadillo para regocijo del público. Muchos de esos títulos, influenciados por Halloween (el clásico de John Carpenter con asesino inmortal) van directamente al entonces provechoso mercado del VHS y resucitan este sector del terror con propuestas más simples que un cactus. Con la llegada de los 90 algunos realizadores empiezan a replantearse el género y surgen algunas películas con voluntad de quiebro, de tributo y también de reflexión. Así surge la que probablemente propició el revival más brutal que ha sufrido el college mass murders (literalmente, asesinos de masas en la escuela universidad) en las dos últimas décadas: Scream. REPASO. El filme, dirigido por un director metido de lleno en el mundillo llamado Wes Craven, pretende ser un repaso a todos los tópicos del cine de terror con voluntad adolescente moldeándolos hasta construir un monstruo que se alimenta a partes iguales de lugares comunes y cachondeo de tiralíneas. Después, otra vez exploitation pura y dura, cambiando dvd en lugar de VHS. Scream 2 también tenía su punto divertido, y lo mismo se puede decir de Urban legend, donde muere hasta el apuntador. The faculty de Robert Rodríguez era un extraño híbrido donde el psicópata en cuestión era sustituido por una cuadrilla de extraterrestres que querían guerra. Michael Moore y su Bowling for Columbine fueron responsables del repunte del documental y de la cancelación de varios proyectos paralelos sobre los asesinos de gabardina negra que causaron una matanza en una universidad norteamericana en Ohio, donde el 20 de abril de 1999 murieron 11 estudiantes y un profesor en la triste constatación de que la realidad es siempre peor que la ficción. También Gus Van Sant tocó en Elephant los resortes ocultos que llevan a sucesos como este. Naturalmente, las reflexiones de Moore y Sant no tienen nada que ver con los delirios del cine de terror pero tienen efectos directos sobre el género. Las películas de college se convierten exclusivamente en comedias golfas con poco o ningún registro cerebral y los psicópatas se jubilan anticipadamente para dejar paso a tramas laberínticas donde inevitablemente todo conduce a la conspiración y al complot. La vida real ya resulta bastante dura y lo políticamente correcto se impone de nuevo. EUROPA. Los realizadores europeos, más dados a barruntar rarezas, han sido bastante tímidos en lo que se refiere a la eliminación selectiva de estudiantes y solo en los últimos años hemos visto algunas interesantes propuestas que intentaban dotar a asesinos y victimas de algo más que un cuchillo o una gran capacidad vocal que permita destrozar los tímpanos del espectador. Alfred Vohrer dirigió en los 60 (y con guión de Edgar Wallace, autor del guión original del primer King Kong, 1933) la película College girl murders, con científico loco incluido y un montón de victimas. Anatomía de Stefan Ruzowitzky es uno de los primeros ejemplos de cine europeo con voluntad de parodia slasher y transcurre entre los muros de una universidad de medicina donde se practican autopsias a gente viva. Franka Potente (El caso Bourne) es la única cara conocida de un reparto 100 por 100 alemán, que chapotea en la sangre como un niño en la bañera y que sin embargo goza de un macabro sentido del humor que la convierte en una magnífica propuesta. También Los ríos de Color púrpura busca romper la cintura del género con una trama llena de recovecos que parece más alambicada de lo que finalmente es y que el talento del francés Mathieu Kassovitz convierte en un aguerrido thriller disfrazado de topicazo. Un asesino misterioso está sembrando el pánico en una universidad de élite donde los cuerpos empiezan a aparecer por doquier y donde una muerte conduce a otra. A pesar de la resolución, la película es un ejemplo perfecto de cómo el género puede ser elegante. El realizador norteamericano Darren DeBari ha dirigido recientemente The college murder, un título explicito para una comedia donde Greg Wilson da el do de pecho en un filme rodado dentro de la más estricta terminología indie y donde la imaginación sustituye a todo lo demás. DeBari y De La Iglesia, este último con su achispada Los crímenes de Oxford y cada uno a su manera, reinventan un concepto que es tan viejo como el mundo: estudiar puede matar. LA ASIGNATURA DEL TERROR. A LA IZQUIERDA, UNA ESCENA DE SCREAM (WES CRAVEN, 1996) DEBAJO, UNA IMAGEN DE LEYENDA URBANA 2 (JOHN OTTMAN, 2000)