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L. POESÍA OBRAS COMPLETAS VENTANAS DE PAPEL UNI- VERSOS JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN JUAN ANTONIO GONZÁLEZ FUENTES Jardín y Averno La lengua ciega Pájaros del día Con leve sueño roza la tregua su hora hacia abajo en lo incierto, e ínfima hace brillar de pie el muro junto a su invierno. Pero no es ahora entre jardines donde el surco de luz enciende los pájaros del día, o donde enciende la altura quizá posible de la guirnalda que dilata su herida: de nuevo sólo un punto en la distancia que sucumbe al hastío de su azar, como la velocidad silente que se fuga. Los bosques huidos Te proclama esta luz con el frío hilo de una estancia ciega. Te proclama entre noches heridas de abril oscuro, en el alumbramiento desnudo que en suspenso calcina, tan mías, las sílabas azules de aquellos bosques que siempre, siempre están huidos. Nube alta y ciega Cada vez más alta, dicen todos, cada vez más alta la nube ciega. Y piensan sin duda que como aire casi nos hace gestos galvanizados tras la prisa del atardecer, nota a nota de energía maleable. Pero llega la nube otra vez hasta la única huella del verbo que ha sustraído el cenit, y el día queda entonces en el fuego asolado por el silencio pálido hacia el eco, hacia el pasado felino siendo corriente por fin que a flote de nuevo contempla el lento inicio del viaje, la campana desoída de la piedra que nunca cuaja alegre oyendo su metódico sentido, su ilegible final o principio del mundo. Volar en la noche La lentitud muscular de las aguas guía el febril espacio para hacerse volar en la noche más propicia. Así añora la luz su destino bilingüe de acero inútil, el espejo de sus discípulos inertes que vuelven hacia donde saben que sólo podrán hacerlo con la noche a cuestas, con esa misma noche que cae ahora sobre la espalda de un tiempo encendido de palabras que acaso no son nada, o son fuga sólo de una nada clara y en voz tan baja que apenas se escucha, perdida, húmeda y como ausente. Tras leer un poema de Aníbal Núñez Se aproxima a la forma marcado de plata en el temblor vivísimo de su paso, el aire que da lección junto al latir espiral de la insoluble rosa, frágil como tormenta sobre el silencio que aquí, recién llegado, a todos nos convoca. E stá cerrado el túnel que, entre las tumbas de Virgilio y Leopardi, lleva al Averno y a la gruta de la Sibila. El rayo de sol que, dos días al año, limpiamente lo atravesaba de parte a parte hace tiempo que no puede hacerlo: lo impide la desidia de los hombres. No es éste el mejor momento para visitar Nápoles: la basura se acumula en las calles, la indignación en las gentes, casi tan harta de intrigantes políticos como de los otros honestos e ineptos. Pero la belleza convulsa, turbia y deslumbrante de la ciudad se conserva intacta. Ni siquiera en los peores momentos y casi todos lo son pierde su capacidad de fascinación. El ruido de los trenes de la estación de Mergellina sirve solo para acrecentar la sensación de silencio y soledad. No sabemos si Virgilio está enterrado aquí, en el añoso columbario. Tampoco importa demasiado. Sabemos que por este lugar anduvo Eneas, en busca de la Sibila, camino del infierno: Iban oscuros por las sombras bajo la noche sola, como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques Es posible que tampoco Leopardi repose tras el mármol solemne. Cuando él murió, casi ciego, una epidemia de cólera otra más asolaba Nápoles: su cadáver se confundiría con el de tantos otros anónimos. Pero junto al énfasis neoclásico y mussoliniano de este monumento está la amistad sin tregua de un napolitano, Antonio Ranieri, su Antígona en los últimos y malos días. Y aquí resuenan sus versos sobre la infinita vanidad de todo En este jardín ilustrado, donde se dan cita las plantas que aparecen en los poemas de Virgilio y Leopardi acompañadas de los versos correspondientes, el tiempo conserva ecos del tiempo sin tiempo en que Eneas se acercó a Nápoles para visitar el infierno. Quizás sigue estando aquí, pero menos en el lago Averno que en el centro histórico con mugre de siglos y en tantos otros barrios sin pasado y sin futuro, con solo un precario presente, un vivir de milagro. Pero también aquí está el paraíso, no solo para el viajero ocasional que llega con los ojos cegados de erudición y magia, sino para el napolitano que charla sin prisa en las terraza del Gambrinus, llena de festivo bullicio via Toledo y via de Chiaia, caracolea orgulloso en su moto y sabe encogerse de hombros ante cada nueva frustración y gozar del instante porque del mañana no hay certeza (Santander, 1964) es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Cantabria, donde creó y dirigió el Aula de Letras. Como poeta ha publicado los libros Además del final (Endymión, 1998) La luz todavía (DVD, 2002) y Atlas de perplejidad (Icaria, 2004) Como editor literario ha publicado los libros de José Luis Hidalgo Los muertos (Universidad de Cantabria, 1998) Poesías completas (DVD, 2000) y Antología (Veramar, 2006) y como coeditor, Espacio Hierro (Fundación Botín, 2002) y María Zambrano, la visión más transparente (Trotta, 2004) Está incluido en antologías como Quinta del 63 (Celya, 2001) Campo abierto (DVD, 2005) y Poetas en blanco y negro. Contemporáneos (Abada, 2006) Ejerce la crítica literaria en la revista electrónica ojosdepapel. com y en Revista de libros. Aquí nos ofrece un avance de los poemas en prosa de su último libro todavía inédito, La lengua ciega. Para él, el poema en prosa es un ámbito de expresión en el que respira bien la naturaleza de mi concentrado discurso poético. Un discurso que plasma hechos interiorizados y que se hace palabra con clara voluntad de ser terco testimonio, de convertirse en fragmento de vida, ideas y sensaciones, en recurrente eco de la memoria. Un discurso poético que apela a la libertad del lector a través de una expresión abierta a los acercamientos de carácter múltiple. Se trata, en definitiva, de penetrar en los términos de aquello que no es decible, de hablar ante el abismo en el que estamos con el abismo que somos, en palabras de Roberto Juarroz. Vivimos en un mundo en el que se está produciendo una paulatina retirada de la palabra. Y en este punto crítico es donde el poeta debe jugar un papel esencial: ser un transmisor decisivo entre generaciones de lo que Gadamer ha llamado la íntima sabiduría del balbucir y enmudecer, o lo que es lo mismo, del uso arriesgado, meditado, trabajado, indagador, intuitivo, riguroso e imaginativo de la palabra SELECCIÓN Y COORDINACIÓN DE AMALIA IGLESIAS SERNA JUAN ANTONIO GONZÁLEZ FUENTES ABCD 18