
M.
POP
EL SOBREPESO DE LA REMEZCLA
FRENTE AL LIVIANO Y CASI TRANSPARENTE TRABAJO DE LOS HOT CHIPS SOBRE DOS PIEZAS DE KRAFTWERK, EL DISCO 4 DE LOS PET SHOP BOYS MUESTRA LOS EXCESOS DE UN GÉNERO PROGRESIVAMENTE LASTRADO POR EL PERSONALISMO, ARROLLADOR, DE LAS ESTRELLAS DEL POP
JESÚS LILLO
Aunque experiencias literarias tan curiosas y recientes como la registrada en los Shakespeare s Sonnets Remixed de Nigel Tomm hayan tratado de trasladar la sintaxis de un formato discotequero a campos más nobles de la creación artística, el controvertido género de la remezcla sigue representando, además de una de las manifestaciones musicales más recurrentes de nuestro tiempo, una expresión ligada de forma radical e intransferible al mundo del pop, un lenguaje propio que en las últimas décadas no ha dejado de desarrollarse para permitir jugar sobre el vacío y reflexionar en voz muy alta sobre la elasticidad del sonido y sus medidas de tiempo y espacio, variables que han permitido a los maestros de la especialidad establecer un discurso de naturaleza industrial y que, basado en obras ajenas y hechos reales, propone la virtualidad de una falsificación inmediata y realizada a la medida, amplia, del ocio del oyente. Debates, tributos, relecturas, tejemanejes y provocaciones habituales en otras artes para prolongar, actualizar, rentabilizar o desvirtuar el hechizo de los clásicos dan paso aquí a simples ajustes comerciales
con los que facilitar el consumo inmediato de una pieza que, sometida a diversos procesos de adaptación, a menudo paralelos, es dirigida a públicos diferenciados y en distintas presentaciones. La inminente edición de Disco 4, cuarto volumen de la serie de remezclas editada de forma intermitente por los Pet Shop Boys, sirve para comprobar la mecánica de estos avanzados lectores digitales.
RELECTURAS. FATBOY SLIM (ARRIBA) EN UNA MULTITUDINARIA SESIÓN EN RÍO DE JANEIRO. ABAJO, CARÁTULAS DE LAS REMEZCLAS DE KRAFTWERK Y PET SHOP BOYS
TRABAJOS DE ENCARGO. A diferencia de sus anteriores entregas, el cuarto volumen de Disco no reúne canciones de los Pet Shop Boys remezcladas por otros artistas, sino, a la inversa, una selección de trabajos de encargo firmados por el dúo británico y sobre la base de piezas prestadas y luego desguazadas. De Yoko Ono a Madonna, pasando por Bowie o los Killers, los donantes musicales que participan en esta antología ceden órganos vitales de su obra para que los Pet Shop Boys los integren en su más que reconocible anatomía. No hay rechazo: Tennant y Lowe se encargan de desnaturalizar unos materiales Rammstein pierde las guitarras por el camino que, impregnados de los ingredientes que desde hace décadas definen la producción de los
autores de Very, se transforman en meros esqueletos, descoyuntados, sobre los que componer de la remezcla al trasplante, del todo a la parte nuevas canciones. También estos días, pero mucho más prudentes, los Hot Chips recuperan en Aerodynamik La Forme dos de las piezas del último álbum de estudio de Kraftwerk, reconstruidas en una edición oficial, y oficialista, del grupo alemán, cuyas canciones no pasan de sufrir las interferencias, aquí radicalizadas en un desestabilizador quiero y no puedo, del aseado colectivo londinense, quizá forzado a ponerse a la altura de unos anfitriones decididos a no ceder terreno ni a permitir escapadas. Mientras los Hot Chips interpretan en esta ocasión el papel, más o
menos discreto y respetuoso con el original, de los viejos remezcladores de éxitos, los Pet Shop Boys ofrecen en Disco 4 un ejercicio de la variante expropiatoria del remix en la que el personalismo de los encargados de recomponer una canción se lleva por delante las claves del original, convertido así en una suerte de versión al uso en la que, lejos de sumar o restar accesorios, se modifica la forma a conveniencia de parte. BANDA SONORA. Aunque reducida a devaluado complemento discográfico, pasatiempo para aficionados anónimos o banda sonora de pistas de baile, la remezcla clásica sobrevive, ya cincuentona, y no deja de enriquecerse con los hallazgos de quienes han hecho de internet el templo de la distorsión de las imágenes y los sonidos reales, pero el intrusismo amenaza su purismo, valga la doble paradoja. Metidos desde la pasada década a remezcladores de postín, los astros del pop, convencional o alternativo, todos a una, añaden el pesado lastre de su soberbia a un género que tuvo en la volatilidad despersonalizada su primera y gran virtud. Del cielo de las remezclas caen, a plomo, versiones aplastantes.
LA REMEZCLA CLÁSICA SOBREVIVE CON LOS HALLAZGOS DE QUIENES HAN HECHO DE INTERNET EL TEMPLO DE LA DISTORSIÓN DE LAS IMÁGENES Y LOS SONIDOS REALES
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