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L. NARRATIVA LA LLAVE DE CRISTAL Lección magistral sobre el arte de mirar LA ATALAYA DEL PRIMO CANDIDEZ LA CURACIÓN E. T. A. HOFFMANN EDICIÓN DE HÉCTOR CANAL KRK. OVIEDO, 2007 125 PÁGINAS, 19,95 EUROS FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ Falsa calma E l Edén no existe ni siquiera en las deshabitadas playas de la costa sur australiana, donde parece que la maldad humana debería darse un respiro y aquietarse con el runrún interminable de las olas. Pero no hay tal, como Peter Temple (1946) evidencia en La costa maldita (Paidós Ibérica, 2007) una novela de neta negrura. Para su protagonista, Joe Cashin, la vida es un tiovivo: Arriba, abajo y un poco de aburrimiento si tienes suerte Cashin es un sargento de homicidios que se recupera de una herida en acto de servicio en una remota zona del sur de Australia donde creció de muchacho. Habita una casa aislada en el campo con la única compañía de dos perros, y en sus largas noches de reflexión piensa que la vida está asentada en arenas movedizas; sobre un cieno donde pululan ambiciosos politicastros, psicópatas de toda laya, policías corruptos y gente influyente podrida hasta el tuétano. Todo presagia calma; una vana ilusión, porque la tranquilidad se hace añicos con el asesinato de un adinerado prócer local. Heredera de la británica, la ficción criminal australiana tiene tradición relativamente larga. La primera novela data de 1853, y el primer detective, un tal Flowers, aparece en 1855. Ambos son obra del mismo autor, John Lang, abogado con antepasados presidiarios que terminó experimentando en carne propia los rigores de cárcel. Marcada por sus orígenes de colonia penitenciaria, el género criminal de la isla- continente se inspiró mucho más en casos vinculados a sucesos reales que al imaginario de Poe, y tiene referencias precursoras tan interesantes como Mary Fortune (1833- 1909) mujer de nervio aventurero que, tras un matrimonio desgraciado en Canadá, llegó a Australia con su hijo pequeño a trabajar en las minas de oro; fue esposa bígama de un policía y utilizó su agitada experiencia para convertirse en una de las primeras autoras de ficción detectivesca. Con un estilo muy escueto, casi telegráfico, y tono narrativo pausado, Temple elabora un relato construido a modo de pequeños nudos que van tejiendo una tupida trama. El resultado es un devastador panorama de la moderna sociedad australiana, sin excluir el desprecio hacia los escasos aborígenes que todavía permanece en buena parte de la población blanca. Y eso que Australia fue colonizada desde la metrópoli por presos y delincuentes desterrados, lo cual debería borrar las pretensiones de grandeza originarias. Aunque quizá todo se reduzca a una cuestión de mala conciencia para justificar el expolio. UN DÍA DE MERCADO EN EL BERLÍN DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX PABLO D ORS La idea que la mayoría de los lectores se ha hecho de E. T. A. Hoffmann (Königsberg, 1776- Berlín, 1822) es la de un autor de carácter fantástico, cuyos relatos mezclan el misterio con el horror, lo grotesco con lo sobrenatural. Pocos saben, en cambio, que tras este gran nombre del romanticismo alemán que influyó en Victor Hugo y Allan Poe, entre otros se esconde una de las personalidades más polifacéticas y fascinantes de finales del XVIII. En efecto, tras una intensa carrera administrativa que le comportó no pocos cambios de residencia, Hoffmann se vuelca en su producción literaria y musical, sin por ello descuidar sus cargos públicos. Como Kafka, y tantos otros escritores, llevó una vida doble: el día lo dedicaba al trabajo en sociedad y la noche a la pasión solitaria de escribir. Por medio de un día de mercado del Berlín de principio del XIX, que es lo que se ve desde la atalaya en que se encuentra recluido el primo protagonista, escritor y enfermo, Hoffmann nos da una lección magistral sobre el arte de mirar, es decir, una maravillosa clase de poética literaria: teoría y práctica en el mismo lote. En este sentido, este librito, que todo aprendiz de escritor debería adquirir y estudiar, contiene su propio manual de instrucciones para la lectura. Así como el primo enfermo conduce cual artista la mirada de su visitante (arriba están el maestro y su aprendiz; abajo, en la plaza, el pueblo; el filósofo y el populacho están distantes) así nos conduce Hoffmann a nosotros por estas páginas, en las que se resalta el milagro de lo cotidiano (y no es otra la misión de la literatura) Por si su pretensión didáctica no hubiera quedado clara, Hoffmann estructura su relato el último que publicó en vida como un diálogo que recuerda y evoca a los de El banquete, de Platón. La preciosa edición de KrK se completa con otros dos fragmentos narrativos (Candidez y La curación) y con una imprescindible introducción a cargo de Héctor Canal. El purgatorio de la armonía YO, FARINELLI, EL CAPÓN JESÚS RUIZ MANTILLA AGUILAR. MADRID, 2007 238 PÁGINAS, 16 EUROS LA VIDA DEL FAMOSO CASTRADO QUE DELEITÓ A LA CORTE EUROPEA DEL XVIII JUAN ÁNGEL JURISTO No es baladí que en la obra dantiana la música, incluso el impulso del canto, quedara localizada principalmente en el Purgatorio, junto a las demás artes. Jesús Ruiz Mantilla, autor de Preludio, una obra en la que se daba cuenta de alguien fascinado por los veinticuatro estudios pianísticos de Chopin, vuelve otra vez a este peculiar mundo de la música llama la atención la escasa resonancia que ésta tiene en la narrativa en lengua española actual si exceptuamos la obra de éste que nos ocupa, de An- drés Ibañez, de César Aira y algún otro con una novela de corte histórico sobre Farinelli, el castrado que deleitó a la corte europea del XVIII, en especial la veneciana y la española de Felipe V, hasta que, expulsado por Carlos III, vivió una existencia de progresivo deterioro que coincide, casi punto por punto, con el declive de este modo de canto. Puede decirse que lo que ha movido a Ruiz Mantilla a escribir este libro ha sido una justa reivindicación pues el famoso castrado fue un importante publicista de la ópera en España, hasta el punto de ser el responsable de un cierto impulso definitivo que sin él quizá no se hubiera producido y, desde luego, la fascinación por un personaje que hace realidad la localización dantiana del purgatorio musical al que me referí al principio, es decir, vive en una prisión impuesta por la carencia de realización del deseo pero que, gracias a la transfiguración del arte, consigue transformar en emoción dirigida a los demás. Farinelli vive, así, gracias a ese don que es en cierto modo preludio del gesto romántico hacia el sentimiento que vendrá más tarde, y es mérito de Jesús Ruiz Mantilla el haber incidido en una suerte de autobiografía en este punto tan esencial. Nos movemos en una novela que posee varias maneras de encarar su lectura. Desde luego, como una biografía de Farinelli, pero también como una lección de música en un período crucial para la evolución de la misma y, sobre todo, del ejemplo de cómo alguien puede trascender su propia condición, a pesar de las circunstancias. Un detective bibliotecario EL NECRONOMICÓN NAZI VICENTE ÁLVAREZ ROCA. BARCELONA, 2007 352 PÁGINAS, 17 EUROS LAS AVENTURAS DE UN PECULIAR INVESTIGADOR PARA EVITAR LA INSTAURACIÓN DEL IV REICH LUIS ALBERTO DE CUENCA Jugosa lectura estival la que acabo de perpetrar en las páginas de esta novela escrita por el vallisoletano Vicente Álvarez de la Viuda (1963) de quien ya conocía otra anterior, igualmente divertida y asimismo presente en el catálogo, siempre atractivo, de Roca Editorial: El secreto del pirata (2005) El plot consiste en que un extraño investigador, Ariel Conceiro, bibliotecario de una trasoñada Universidad Valle- Inclán en la hipotética ciudad de Berlai, descubrirá, a través de su amigo librero Matías Palermo, la existencia de una versión adaptada por los nazis de aquel Necronomicón mágico, esotérico y delirante que H. P. Lovecraft atribuyera en su mitología fantástica al misterioso Abdul Alhazred. Fue éste, en la feliz inventio de H. P. un poeta yemení loco de la época de los Omeyas (siglo VIII de nuestra era) que habría redactado un libro susceptible de abrir las puertas de un universo paralelo en el que habitarían seres malignos dispuestos a acabar con nuestro universo; lo tituló en árabe Al Azif, corriendo a cargo de Teodoro Filetas, a mediados del siglo X, su traducción al griego bizantino con el rótulo de Necronomicón. Los nazis, ya se sabe, pretenden utilizar ese libro diabólico para instaurar el IV Reich, y ahí está el peculiar detective Conceiro para evitarlo, ayudado en su benéfica empresa por la guapísima Vega Rocafort, profeso- ra titular de Historia Contemporánea y familiarizada con el nazismo, y por el pintoresco Alex Montenegro, un experto en informática aquejado de una enfermedad degenerativa que no tiene nombre No les digo si el trío consigue frenar o no el regreso triunfal de los de la cruz gamada, para que se lean la novela, que es muy interesante y está acribillada de esa erudición ficticia que se sacó de la manga Borges y que tanto nos gusta a los coleccionistas de libros. Por lo demás, el bueno de Conceiro tiene sus manías, como todo buen detective de novela negra que se precie, y no pierde ocasión de escuchar a Miles Davis y de trasegar Vega Sicilia. Además, es un bibliófilo consumado y se considera a sí mismo el último templario por su afición al ocultismo. Con semejante protagonista, el disfrute lector está asegurado. ABCD 12