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EN EL MERCADO EL ENIGMA DE PARÍS PABLO DE SANTIS PREMIO PLANETA- CASAMÉRICA PLANETA. BARCELONA, 2007 281 PÁGINAS, 21 EUROS Lánguida modernidad EL SUSURRO DE LA MUJER BALLENA ALONSO CUETO FINALISTA PREMIO PLANETA- CASAMÉRICA PLANETA. BARCELONA, 2007 259 PÁGINAS, 20 EUROS La editorial Planeta ha decidido premiarse a sí misma al galardonar El enigma de París, la sexta novela de Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963) con el Planeta- Casa de América de Narrativa del ámbito iberoamericano; queremos decir que ha sancionado con este premio un producto novelesco típicamente suyo, en el que concurren las características que el mercado demanda hoy para acoger de manera favorable esta clase de literatura: intriga, lectura amena, estilo sin especiales dificultades para el lector, historia con su dosis esotérica, ritmo narrativo sin desmayo. Un producto comercial de principio a fin, que no alberga otras ambiciones que la de entretener al lector, circunstancia ésta que jalean incluso novelistas canónicos, que invocan a Cervantes y su prólogo a las Novelas ejemplares para negar así todo tipo de trascendencia a la literatura en nombre de lo lúdico ese fetiche conceptual. MIGUEL GARCÍA- POSADA España. Este Planeta iberoamericano parece nacer con el propósito de conquistar los mismos entorchados que su hermano mayor peninsular. El enigma no es una novela realista, ni tenía por qué serlo, pero lo grave es que no tiene nada que ver con la estricta realidad. En lenguaje de cine cabría decir que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Se publica hoy mucha literatura de esta clase entre el regocijo de los editores, satisfechos con sus cuentas de resultados, que se han convertido en las estrellas de la función, y la satisfacción del abundante público que la consume, muy a gusto con esta literatura que no le crea ningún problema, bien lejos de aquellas angustiadas mayorías que buscaban la narrativa y la poesía social, hace ya milenios. DISTINGUIDO CÓNCLAVE. El enigma va de detectives, pero no de cualesquiera detectives sino de los mejores, El Club de los Doce Detectives, que se reúne en París, en 1889, con motivo de la Exposición Universal. Club selecto cuya finalidad es la de conocer su relación con los más célebres casos de asesinato y su visión del mundo del crimen. Pero el asesinato del Detective de París altera el distinguido cónclave y desencadena una serie de peripecias que desembocan en la apoteosis del crimen y la aparición de un sorprendente asesino en serie. Inútil buscar aquí indagación alguna en el problema del mal. Todo es mecánico, superficial, y los personajes son en consecuencia absolutamente planos. En realidad, es casi una ingenuidad plantearse tales cuestiones con obras de esta índole. Planos, los detectives (y sus ayudantes) son, para la complacencia de los lectores, de diferentes nacionalidades, lo que acrecienta el exotismo y estimula la curiosidad, y al autor le permite moverse entre estereotipos y no complicarse con otras dimensiones. Esta es una literatura de estímulos; si no, ¿de qué? Todo ello entre librerías misteriosas, libros envenados, mujeres fatales, templos egipcios, desoladoras morgues. Y además, la exposición que los grandes detectives hacen de algunos casos criminales resueltos con la brillantez y perspicacia que cabe suponerles. Estas exposiciones recuerdan las alegaciones autoexculpatorias que hacen los personajes en algunas novelas de Agatha Christie, madre y maestra popular del género, cuya evocación aquí no ha de ser considerada ninguna blasfemia. Aunque pueda resultar paradójica esta afirmación, el más inocente en todo este embrollo comercial y o literario es el autor mismo, trátese de Pablo de Santis o de cualquier otro, pues lo que importa es el producto y el proveedor sí es apenas un pretexto. LA CAPITAL FRANCESA, DURANTE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE 1889, ES EL ESCENARIO DE ESTA TRAMA REPLETA DE CRÍMENES, EL PRIMERO DE LOS CUALES SE COMETE EN UNA TORRE EIFFEL EN PLENO PROCESO DE CONSTRUCCIÓN (A LA IZQUIERDA) ARTURO GARCÍA RAMOS EL ENIGMA DE PARÍS LLEVA INSCRITA SU CONDICIÓN COMERCIAL HASTA EN EL TÍTULO, QUE ENLAZA CON LA TRADICIÓN DEL GÉNERO FOLLETINESCO, PERFILADA POR EUGÈNE DE SUE En este sentido, asiste la razón al novelista y miembro del jurado que concedió el premio a De Santis, Eduardo Mendoza, al señalar, según reza la contracubierta, que se trata de una estupenda novela de intriga, pero es también todas las novelas de intriga frase esta última que, más allá de la hipérbole, conviene leer con atención por lo que tiene de adjudicación a El enigma de la sustantiva condición de paradigma comercial. Lleva inscrita esta condición hasta en su título, que enlaza con la tradición del género folletinesco, que perfiló Eugène de Sue con Los misterios de París (1842- 1843) ¿POR ENCARGO? La promoción de la literatura de calidad no parece estar, a juzgar por la muestra, entre los objetivos de este premio. El enigma exhibe de tal manera su condición que casi se diría haber sido escrita por encargo. Seguramente no es así, pero tiene todas las apariencias. Planeta ha decidido ser, una vez más, fiel a su talante, que la ha convertido en la primera editorial comercial de EL REENCUENTRO CON UNA ANTIGUA COMPAÑERA DE ESTUDIOS DE LA PROTAGONISTA LE SIRVE A ALONSO CUETO PARA REPASAR LAS OBSESIONES DE NUESTRO PRESENTE Una reflexión debe anteceder la lectura de El susurro de la mujer ballena, una opinión contraria al más popular de los subgéneros novelísticos en la actualidad, la novela histórica. El novelista que se refugia en la Historia reniega del presente, sustituye el placer de la invención por el de la recreación y da por sentado que el principal valor estético es el reencuentro y la fascinación por un esplendoroso pasado. Por otra parte, el arte de la ficción obliga a elegir siempre entre la verdad y la verosimilitud, que no es lo mismo que la falsa veracidad que pretenden esos vislumbres de épocas lejanas. Alonso Cueto tiene el valor, por el contrario, de aplicar su ejercicio creativo a la edificación del presente. Y debe ser reconocido el riesgo, porque el creador se bate cuerpo a cuerpo con la imagen y la palabra en su empeño por forjar una versión original de la realidad, sin el beneficio del documentalismo y la tradición. La historia de El susurro de la mujer ballena nos habla de una mujer, periodista, cuya vida transcurre entre los encargos del periódico peruano para el que trabaja, la rutinaria existencia familiar de la que la salva su hijo y los encuentros esporádicos con un amante. Esa realidad precaria e insuficiente amenaza con la fractura y el derrumbamiento desde que la protagonista se encuentra con una antigua compañera de estudios, obsesionada, compulsiva e inmensamente gorda. ¿Azar o destino? La presencia de esa reencarnación de la adolescencia de la protagonista le sirve a Cueto para enfrentar dos trayectorias y repasar alguna de las obsesiones que identifican nuestro insoslayable presente, perturbador, desvalorizado y, a menudo, poco interesante. Para el narrador peruano, el mundo aparece poblado de seres a los que identifica la liviandad, la insoportable levedad o inconsistencia del éxito personal, de la imagen que proyecta el cuerpo que habitamos. Sin ambiciones que nos procuren una vida más intensa, deambulamos por el laberinto- mundo a la espera de calmar nuestra ansiedad. De entre las angustias, ninguna tan punzante e insoportable como la de la soledad; la soledad es el fracaso, y el odio, un reducto preferible a la indiferencia. Para Cueto, el presente es una realidad que deseamos atenuada y lánguida; Lima o Nueva York son escenarios globalizados, es decir, impersonales. Y trivializamos la existencia para que nos duela menos, como un sentimiento de lejana nostalgia. ABCD 13