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COMENZARON SU LABOR EN INGLATERRA, DONDE LOS PRIMEROS LIBERALES FUERON LOS WHIGS A ELLOS SE DEBEN LAS BASES TEÓRICAS DEL LIBERALISMO de que el bulldozer de la mercadotecnia partidista y la simpleza de los populismos arrasen sus complejos linderos y desvirtúen un pensamiento que se ha caracterizado históricamente por la moderación vital, la centralidad política y la heterodoxia intelectual. Esta labor la afrontan con éxito Duncan Brack y Ed Randall, editores de Dictionary of Liberal Thought (2007) obra que analiza con eficacia académica las ideas clave y los pensadores que desde hace más de trescientos años confeccionan la vestimenta del liberalismo con los patrones del progreso cosmopolita, la autocrítica y la tolerancia. En esta línea hay que añadir otros dos excelentes libros abordados desde sensibilidades distintas pero complementarias: el que publica Gota a Gota, la editorial de la Fundación FAES, con el título Liberalismo (2007) del norteamericano David Boaz y The Challenge of Liberty. Classical Liberalism Today (2006) obra colectiva que coordinan Carl P. Close y Robert Higgs, y que publica The Independent Institute. En ambos se traza la evolución teórica de los liberales desde sus orígenes hasta la actualidad, apoyándose para ello en una reflexión que, como apunta Pedro en el prólogo que inicia la primera de las obras mencionadas, marca diferencias con respecto a los conservadores y socialdemócratas; algo, por cierto, que Boaz apuntala con un apéndice provocador que titula: ¿Es usted liberal? HETERODOXIA INTELECTUAL. Pragmáticos, empíricos y tolerantes, los liberales han sido los principales artífices de que la Humanidad se rebelase contra los fundamentos religiosos y políticos del patriarcalismo y de la opresión, socavando con su arrojo heterodoxo las milenarias estructuras de poder del Antiguo Régimen. Comenzaron su labor en Inglaterra, donde los primeros liberales fueron los whigs. A ellos se deben las bases teóricas del liberalismo y la primera de sus victorias constitucionales, ya que derrotaron en 1688 al autoritarismo de los Estuardo utilizando los argumentos que proporcionó Locke en el Tratado sobre el entendimiento humano, la Epístola sobre la tolerancia y los Dos Tratados sobre el gobierno civil. En este sentido, resulta esclarecedor el ensayo del inglés Roger Woolhouse publicado con el título Locke. A Biography (2007) texto que pone al día al lector sobre la fecunda bibliografía anglosajona que, a un lado y otro del Atlántico, localiza en el padre del empirismo al fundador del pensamiento liberal. Y aunque los liberales experimentaron con la amenaza igualitaria del jacobinismo francés un parón en su apetito rebelde, lo cierto es que su heterodoxia intelectual y su lucha contra la arbitrariedad política y económica siguió haciendo de las suyas durante todo el siglo XIX, tal y como demuestra Paul Starr en su magnífico Freedom s Power: The True Force of Liberalism (2007) Aquí, hay que hacer una mención aparte a la obra de Burke. Sobre todo porque distorsionó las fronteras entre el liberalismo y el conservadurismo. No hay que olvidar que refundó éste último al trasvasarle el legado whig y, sobre todo, al iniciar una fecunda corriente de pensamiento que, luego, se implantó en los Estados Unidos y fue nutrida en el siglo XX por exiliados europeos como Hayek y Mises, aunque en los últimos años se ha visto seriamente dañada por la deriva neo- con que inspiró el pensamiento antiliberal, antimoderno y comunitarista de Leo Strauss. Deben citarse al respecto los siguientes libros: Burke. Circunstancia política y pensamiento (2006) de Demetrio Castro; el ya clásico pero por primera traducido al castellano Edmund Burke. Redescubriendo a un genio (2007) de Russell Kirck y, sobre todo, The Truth about Leo Strauss. Political Philosophy American Democracy, de Catherine y Michel Zuckert (2006) ALIADOS DEL PROGRESO. La nitidez del liberalismo más genuino la supo mantener a principios del siglo XIX la fascinante figura de Tocqueville. En este sentido, resulta fundamental la extraordinaria biografía que Hugh Brogan ha publicado recientemente: Alexis de Tocqueville. Prophet of Democracy in the Age of Revolution (2007) De sus páginas se desprende cómo los liberales han combatido por naturaleza y disposición el fanatismo, también el democrático, viniese de donde viniese tanto en sus planteamientos programáticos como teóricos. Frecuentadores de lo fronterizo y aliados del progreso en su lucha contra la arbitrariedad, generación tras generación los liberales han tratado de hacer siempre lo mismo: profundizar en la defensa de las raíces morales y epistemológicas de la libertad al proyectarlas sin recato ni medida sobre los diversos ámbitos en torno a los que se articula la vida individual y colectiva de las sociedades occidentales. Quizá por ello el libro que Crowder y Hardy coordinan con ocasión del décimo aniversario del fallecimiento de Isaiah Berlin tiene el significativo título de The One and the Many. Reading Berlin (2007) Toda una declaración de principios acerca de lo que los liberales han sido y deben seguir siendo, también en el siglo XXI: los autocríticos y tolerantes defensores de un complejo precipitado de fórmulas institucionales y hábitos de vida que cuidan la libertad de cada individuo sin excepción ni exclusión para que la libertad de todos pueda cuidarse por sí sola. TRAS EL DERRIBO DEL MURO DE BERLÍN (JUNTO A ESTAS LÍNEAS) LAS INSTITUCIONES LIBERALES SE HAN IMPUESTO DENTRO DE LAS SOCIEDADES ABIERTAS. ABAJO, DOS NOMBRES CLAVE EN EL LIBERALISMO: A LA IZQUIERDA, ISAIAH BERLIN; A LA DERECHA, ALEXIS DE TOCQUEVILLE, VISTO POR HONORÉ DAUMIER ABCD 11