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AURELIO ARTETA FILÓSOFO Y ESCRITOR EL TERRORISMO Y EL NACIONALISMO HAN PERVERTIDO ESTA SOCIEDAD TENAZ DENUNCIANTE DE LA FLAQUEZA MORAL DE NUESTRA SOCIEDAD, DE LAS TRAMPAS DE LOS NACIONALISMOS, DE SU AFÁN POR CREAR GLORIOSAS TRADICIONES DE CINCO O DIEZ AÑOS DE ANTIGÜEDAD EL FILÓSOFO AURELIO ARTETA REFLEXIONA EN ESTA ENTREVISTA, PRIMERA DE UNA SERIE DE CONVERSACIONES CON DESTACADAS PERSONALIDADES DEL PENSAMIENTO Y LA CREACIÓN, SOBRE ALGUNOS PUNTOS CLAVE DE LA VIDA ESPAÑOLA Esta entrevista se celebró en casa de Aurelio Arteta, a un tiro de piedra de Pamplona, hace ya demasiados meses. La tregua de ETA parecía entonces que podría llegar a ser verdadera, por lo que, a raíz del mortífero atentado de Barajas, tuvo que ser revisada. El autor de La virtud en la mirada. Ensayo sobre la admiración moral, tal vez la obra más ambiciosa de este catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco, posee un coraje cívico que le ha puesto en el punto de mira de ETA: por atreverse a escribir sobre las perversiones del nacionalismo y los estragos morales del terrorismo en la sociedad vasca. No sólo por el título de su ensayo, parece de cajón que la primera de estas Conversaciones esté dedicada a Arteta, que piensa que precisamente porque Dios ha muerto hemos de estar los hombres más comprometidos en distinguir lo bueno y lo malo Al principio de La virtud en la mirada dice que vivimos en un ambiente nihilista, en medio de una época desnortada. ¿Por qué? No digo nada novedoso. Aludo a la llamada crisis de valores, a ese todo vale que en realidad significa que nada propiamente vale. Que ya no hay disposición a cuestionar el valor de nuestras conductas, ideas o creencias; que está de más tanto atacarlas como defenderlas, puesto que al parecer todas son aceptables. Y, como alguien pusiera en duda las mías, le replicaría que me está faltando al respeto y que estoy en mi perfecto derecho de decir o hacer lo que quiera. Fíjese en cómo hoy se confunde lo valioso con lo válido o que cuenta con algún permiso. Lo legal se ha tragado a lo moral: la persona de fiar ha pasado a ser un tipo legal Vivimos una época en que se evita el esfuerzo por aportar la justificación de nuestras preferencias políticas o morales. Estamos llenos de tópicos como que no hay que juzgar a nadie porque así me libro de ser juzgado e impido que sean examinadas mis opiniones. O que algo no es ni mejor ni peor, sino sólo diferente Si lo diferente es valioso nada más que por ser diferente, la tarea de establecer una jerarquía entre las acciones u opiniones conforme a su valor pierde sentido. O eso de pero no pretenderá encima tener razón, no pretenderá usted convencerme Pues claro que aspiro a tener razón, por supuesto que pretendo convencerle; si no, no estaríamos hablando... A toda esa clase de clichés coincidentes en la negación o relativización de la verdad y del valor moral lo llamamos nihilismo. ¿Vendría a ser una deriva de Nietzsche: puesto que Dios ha muerto, no hay bien ni mal, todas las opciones son legítimas? Pero es que precisamente porque Dios ALFONSO ARMADA ha muerto hemos de estar los hombres más comprometidos en distinguir lo bueno y lo malo. No es Dios, no es una religión, los que nos han dado las tablas de la ley: ésta es y debe ser cosa nuestra. Precisamente porque no hay nadie que nos vaya a premiar o a castigar después, es ahora cuando debo tener cuidado en tratar y ser tratado de la manera más humana. En su libro cita a Marx no existen valores absolutos ya que el valor en cuanto tal está en relación al dinero Stuart Mill y Tocqueville. ¿Maestros de lo valioso? Marx era muy crítico de la tendencia a convertir todo en mercancía, en valor de cambio, con el tremendo empobrecimiento del mundo y de las relaciones humanas que ello trae consigo. Pero los otros pensadores subrayan algo crucial: el triunfo del igualitarismo más pedestre. El oscurecimiento de los valores, en la medida en que valor implica jerarquía, tiene que ver con una sociedad que no admite que en lo fundamental nadie destaque, que impone como rasgo básico la igualdad. Es verdad que tenemos la misma dignidad como seres humanos, pero cada cual desarrolla ese potencial mejor o peor. Por fortuna hemos conquistado en el último siglo una cierta igualdad jurídica y política, y esto resulta una inmensa ganancia para la Humanidad. Pero una cosa es que en democracia seamos igual de valiosos como ciudadanos y otra distinta que en lo demás todos valgamos lo mismo. Confundirlo trae gravísimas derivaciones en materia moral: el que nadie considere que deba admirar a nadie, que su opinión o que su vida valga menos que la de nadie. Lo terrible es asumir como ideal al hombre normal, o sea, la mediocridad, el ser del montón. ¿Practica el arte de provocar? Seguramente va en mi temperamento. Más que enseñar deleitando, sería bueno enseñar provocando: por ejemplo, descubrir las tripas de nuestros prejuicios y frases hechas. Uno de los ejercicios más difíciles es el reconocimiento de los propios errores y pecados. Si critico ciertos tópicos progresistas es en la misma medida en que me siento más próximo a los planteamientos de la izquierda. Pero hay que aprender que la verdad no puede concentrarse por entero en un solo lado; de lo contrario, caemos en el sectarismo, una de nuestras más graves enfermedades. Desde ese sectarismo uno es del todo de los nuestros o, por una diferencia menor, pasa a ser un traidor. Entonces, ¿no hay que politizar las cosas? Al contrario, hay que politizar todo lo que sea propio de la polis, someterlo al examen y decisión de los afectados. Pero hay que politizarlo bien, no según convenga a mi partido o según le duela al partido contrario. En muchas cosas de la vida, salvo cuando uno ejerce de hincha o de fanático, distinguimos sin parar: esto me gusta hasta aquí, pero me gustaría más si tuviera en cuenta esto otro... Menos en política. Aquí es como si uno tuviera que estar al cien por cien con el PP o con Zapatero, sin percibir las ambigüedades de cualquier asunto político, sin distanciarnos de la lógica electoralista. Como votantes estamos obligados a hacer una reducción de nuestra capacidad de discernimiento. Pero antes y después de votantes somos ciudadanos que deben dar y pedir razones, no adhesiones. ¿En qué medida su biografía impregna sus reflexiones? La vida de uno hace de detonante, pero si no hubiera dispuesto de unos conceptos previos no habría sido capaz de detectar ni de entender muchos problemas. No es verdad que lo que nos enseña sea la práctica. Si voy a un museo, como carezca de categorías artísticas, veo y disfruto menos que el artista o el entendido, que saben de épocas y estilos. Por lo tanto, debo tener algunas ideas si quiero captar la realidad en su riqueza y hondura. Eso también vale para la realidad humana y social; sobre todo cuando se trata no sólo de conocerla, sino de enderezarla hacia la vida buena: entonces comprobamos la potencia práctica de las ideas prácticas, o sea, morales y políticas. De ahí la necesidad de la educación moral para orientar la acción o praxis, para saber juzgarla. Me preocupa que algunos colegas no acaben de aceptar de hecho la relación entre teoría y práctica, o sea, en qué consiste una filosofía práctica, un pensamiento sobre y para la acción. Aristóteles escribía cosas como ésta que yo repito cada año a mis alumnos: A diferencia de la filosofía teorética, la filosofía práctica no trata de saber en qué consiste ser bueno, sino de llegar a serlo El problema de este tipo de saberes es que no tienen sentido por sí mismos, sino que están destinados a hacerse realidad. Que el filólogo se desentienda, por ejemplo, de la política lingüística que legisle su gobierno es deplorable, aunque cabe disculparle. Pero que una persona entregada al estudio de LA TAREA DEL HÉROE EN NUESTROS DÍAS TAL VEZ CONSISTA, SEGÚN AURELIO ARTETA, EN CONQUISTAR O MANTENER LA CAPACIDAD DE PENSAR Y ACTUAR POR UNO MISMO, ATREVERSE A RESISTIR LA PRESIÓN DEL GRUPO FOTOS: CORINA ARRANZ COMO CIUDADANOS Y OTRA DISTINTA QUE EN LO DEMÁS TODOS VALGAMOS LO MISMO. CONFUNDIRLO TRAE GRAVÍSIMAS DERIVACIONES EN MATERIA MORAL ABCD 23 UNA COSA ES QUE EN DEMOCRACIA SEAMOS IGUAL DE VALIOSOS la justicia no entre a juzgar las injusticias de su alrededor... como si se dedicara a la teoría pura o a la técnica, eso me parece escandaloso. Deduzco que es partidario de la educación para la ciudadanía... No creo que haya materia escolar más necesaria ni más decisiva. No la exige este o aquel gobierno, sino la naturaleza de la democracia, que resulta imperfecta sin ciudadanos competentes y laicos. Y es una educación que no puede correr a cargo de la familia ni de la Iglesia, que son instituciones privadas y particulares, sino del Estado, que es la única institución pública y general. ¿Cuál sería la tarea del héroe? Si no tenemos por qué admirar a nadie, ya no hay héroe posible ni siquiera deseable. Recuerde ese dicho tan socorrido de no tengo madera de héroe Viene a decir que nadie me solicite un sacrificio en favor de la comunidad, porque además de no tener ninguna obligación de hacerlo incluso tengo el deber contrario. ¿No proclamamos que la vida es el máximo valor, que el primer derecho es el derecho a la vida y al bienestar? Pues entonces mantener esa vida, y al precio que sea (a menudo al precio de la indignidad, de la mentira, de la sumisión) se convierte en el primer deber para cada uno. Así es como, ante el daño ajeno, entre el verdugo y su víctima adoptamos con frecuencia el pasivo papel de espectadores. Nos cuesta entender que quedarse en medio puede ser complicidad y que consentir el mal hace más fácil cometerlo. Héroe es quien se atreve a afrontar grandes tareas; es un ser excelente, un virtuoso (virtus significa fuerza) Pero hoy la excelencia se restringe al mundo de la empresa: ahí están los cursillos de excelencia empresarial o comercial... Estupendo. En nuestras sociedades la tarea del héroe tal vez consista en conquistar o mantener la capacidad de pensar y actuar por uno mismo, atreverse a resistir la presión del grupo, desafiar la tiranía de la mayoría Eso conlleva un riesgo de soledad y hasta de persecución. ¿En qué medida el cultivo de la diferencia se suma a la panoplia de mistificaciones del presente? Cuanto más iguales somos desde múltiples puntos de vista, más diferentes queremos ser. Pero la falsedad principal estriba en sostener que lo diverso o diferente, nada más que por eso, ya es valioso, enriquecedor. Si así fuera, habría que renegar de la unidad y el acuerdo, habría que estar buscando puntos de discordia. Pero el caso es que hay diferencias buenas y malas, una diversidad conveniente y otra inconveniente. Ese es uno de los estereotipos más absurdos, que procede del dogma multiculturalista