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P. CIEN AÑOS DEL NOBEL A RAMÓN Y CAJAL Bajo un árbol de luz ALFREDO QUIROGA Los estereotipos son verdades cansadas. Así ha sucedido con la mitificada figura de Cajal, fomentada por el ensayismo en torno a la supuesta peculiaridad de la cultura española y acentuada por su reconocimiento internacional como figura científica de primer rango en circunstancias históricas muy especiales: la España vencida y humillada que siguió al desastre de 1898. Se configuró así la imagen tópica de Cajal, aún hoy vigente, que le presenta como un investigador sin raíces en la trayectoria de la actividad científica nacional y distorsiona la imagen de la llamada Escuela Histológica Española surgida en torno a su persona. El Premio Nobel de Fisiología y Medicina contribuyó a forjar este tópico. Sea como fuere, resulta inevitable atribuir a Cajal un papel protagonista en la política científica española de los primeros años del XX, y el Nobel provocó el efecto Cajal Este hecho, de resonancia sin igual en nuestro país, estimuló el comienzo de un resurgimiento autóctono de la ciencia. DISCÍPULOS. Este excepcional prestigio científico permitió que cristalizaran en torno a Cajal varias instituciones primordiales en este sentido, como el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, fundado en 1901, donde se gestó la escuela histológica cajaliana, cuyo desarrollo se truncó con la Guerra Civil. Al final del conflicto, el legado de Cajal se vio empañado por la obligada renovación de su escuela, que perdió gran parte de su peso científico y sólo conservó un deje tenue. Las contribuciones de sus miembros fueron minimizadas, así como su repercusión internacional. Se desdibujaron los dos grupos diferenciados que la integraron: el de los discípulos directos de Cajal y el encabezado sucesivamente por Nicolás Achúcarro y Pío del Río Hortera, en el que influyó asimismo de modo decisivo. Discípulos directos de Cajal fueron su propio hermano Pedro y el naturalista Domingo Sánchez. El más destacado fue Jorge Francisco Tello, su más fiel colaborador y su persona de mayor confianza desde principios de siglo hasta su lecho de muerte. Sus dos últimos discípulos fueron Fernando de Castro y Rafael Lorente de Nó, quienes iniciaron la orientación fisiológica de la Escuela Cajaliana, dominada hasta entonces por la ingente obra neurohistológica del maestro. Ambos casos constituyen un claro ejemplo de cómo, ya en los años previos al inicio de la guerra, los investigadores comenzaron a encontrar notables dificultades para conseguir acomodo institucional estable. No obstante, el curso de su carrera científica les llevó también al umbral del Nobel. Ello no era más que el pálido reflejo de una España que alboreaba pero que, al mismo tiempo, tendría un mañana demasiado efímero. LA CAJALIZACIÓN DE ESPAÑA EL MÁS IMPORTANTE INVESTIGADOR DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA TUVO TAMBIÉN UNA DECIDIDA VOCACIÓN PEDAGÓGICA Y TRANSITÓ PERMANENTEMENTE DEL LABORATORIO AL ESPACIO PÚBLICO LEONCIO LÓPEZ- OCÓN A lo largo de 1906 Cajal vivió dos experiencias que dieron un viraje decisivo a su trayectoria biográfica. Es bien conocido que el 25 de octubre de ese año se le concedió el premio Nobel de Medicina y Fisiología en atención a sus meritorios trabajos sobre la estructura del sistema nervioso distinción que, paradójicamente, tuvo que compartir con el principal impugnador de su teoría neuronal, el italiano Camilo Golgi. Pero no se ha reparado tanto en el hecho de que en marzo de 1906 Segismundo Moret intentó convencer a Cajal para que aceptase la cartera de Instrucción Pública con el objetivo de realizar un ambicioso plan de reformas educativas. DESPEREZAR LA UNIVERSIDAD. El futuro Premio Nobel desestimó la oferta pero transmitió al prócer liberal un detallado plan para desperezar la Universidad española de su secular letargo de modo que el más importante investigador de la España contemporánea estuvo permanentemente transitando desde sus laboratorios al espacio público, y viceversa, para convencer a sus conciudadanos de que el cultivo de la ciencia experimental era el remedio principal para sanar los males de la patria Ya desde sus primeros éxitos científicos manifestó una preocupación pedagógica, como se demuestra en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales el 5 de diciembre de 1897, cuyo texto se convertiría en el libro titulado Reglas y consejos sobre investigación biológica más conocido como Los tónicos de la voluntad. Cajal concibió esta obra como un programa regeneracionista destinado a ofrecer una guía para que los jóvenes investigadores ayudasen a solucionar los ABCD 8