
AD.
ARQUITECTURA Y DISEÑO
EVA SALA (CBA)
SILENCIOS MÍTICOS
ALEJANDRO DE LA SOTA, UNO DE LOS GRANDES NOMBRES DE LA ARQUITECTURA ESPAÑOLA, ES HOMENAJEADO EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID CON UNA MUESTRA QUE RESUME TODA UNA VIDA DE INNOVADORES PROYECTOS
ALEJANDRO DE LA SOTA MAQUETAS CÍRCULO DE BELLAS ARTES. MADRID C MARQUÉS DE CASA RIERA, 2. COMISARIOS: VÍCTOR LÓPEZ COTELO Y STEPHAN ZEHL HASTA EL 9 DE JULIO DE 2006 CIMIENTOS SÓLIDOS. EN ESTA PÁGINA, CASA ARVESÚ (MADRID, 1955)
DELFÍN RODRÍGUEZ
Se tituló como arquitecto en 1941, en la Escuela de Madrid, y antes había comenzado estudios universitarios de matemáticas en Santiago de Compostela, lo que no puede ser cosa menor, conociendo la precisión de su arquitectura y su ausencia de excesos, casi tan silenciosa como los números que mágicamente bailan en las fórmulas y operaciones de aquella ciencia, en la que nada sobra ni nada
falta, como ocurre en sus dibujos y en su arquitectura, hechos de renuncias, de silencios, de exactitud. Su obra, sus edificios construidos y los proyectados, comenzaron a ser objeto de culto ya en los años sesenta. Pero objeto de un culto silencioso, propio de iniciados, sin ruidos ni publicidad mediática. Cada dibujo, cada proyecto, cada edificio construido por nuestro arquitecto era como un secreto que en voz baja comenzaba a circular entre otros arquitectos, especialmente los más jóvenes en aquellos años sesenta y setenta. Y esto es más revelador por cuanto que Alejandro de la Sota (1913- 1996) en esos años, y en el decenio anterior, el de los extraños por paradójicos años cincuenta, absolutamente claves en su obra y su quehacer de aquel tiempo extraordinario también en la arquitectura española
contemporánea iba anunciando una arquitectura que parecía no querer serlo, sin retórica, casi sin lenguajes ni formas reconocibles, hecha de técnica, luz, estructuras, materiales y espacios al servicio de un programa, de una idea de la arquitectura sustentada en renuncias, no en modas: moderna por pertenecer sólo al presente, no por estar al día que lo estaba sino por convicción aprendida en los viejos maestros de los años veinte, esos años que él denominaba como alfa y omega de la arquitectura. POR NO QUERER SER. Si lo afirmado hasta ahora como característico de su arquitectura antirretórica (silencio, vacío, técnica, precisión, exactitud, renuncia, laconismo, resolución eficaz de programas, luz) podría hacer intuir que su arquitectura era poderosamen-
te deudora de Mies van der Rohe, debo decir que sí, sin duda, especialmente a partir de mediados de los años cincuenta, y tanto que, con motivo del proyecto y construcción de una de sus obras maestras y más admiradas internacionalmente, el Gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid (1961) el propio De la Sota pudo escribir que fue un edificio que nació a su aire sin preocupación alguna por una arquitectura determinada. De ahí procede su carácter absolutamente revolucionario y ejemplar del no querer ser arquitectura Después, en 1984, el propio arquitecto llegaría a afirmar de esa magnífica obra que le parecía que nadie echa en falta la Arquitectura que no tiene Yo creo que Mies hubiera firmado esa observación. Es más, del maestro alemán y de su inalcanzable Pabellón de Barcelona de
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