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A. FOTOGRAFÍA TAL VEZ ESTAS FOTOS NOS OBLIGUEN A COBRAR CONCIENCIA DE NUESTRAS ACCIONES: EN NUESTRAS MANOS ESTÁ TANTO LA CATÁSTROFE CUANTO LA POSI- DISTOPÍAS DE VALDERREY EDUARDO VALDERREY OUTBORDERS GALERÍA RAFAEL PÉREZ HERNANDO. MADRID C ORELLANA, 18 HASTA FINALES DE JULIO 2 BILIDAD DE CREAR BELLEZA es, allá donde se mire, una escombrera y, aún así, las gentes intentan sacar algo de ese desastre. El humo delata una dramática forma de la esperanza. Estas imágenes advierte Burtynsky son metáforas de nuestra existencia actual. Buscan un diálogo entre atracción y repulsión, seducción y miedo Eso que nos perturba (lo inhóspito en sentido freudiano) es familiar; esa demolición es lo ya visto. Las paradójicas imágenes de este fotógrafo (bellas cuando sedimentan el desastre ambiental) son lúcidas llamadas de atención sobre la ideología vertiginosa del progreso Horacio Fernández señala que la paradoja de la modernidad técnica destruir al crear se expresa de una manera a la vez estética y política en su obra, al mismo tiempo, documento y representación de las relaciones actuales entre naturaleza, técnica, humanidad o progreso DESCONSIDERADOS. Acaso tratamos a la Tierra con la misma desconsideración que a nuestras madres, idealizadas pero finalmente convertidas en objeto permanente de la culpabilización. Solemos vincular desde Kant a Lyotard la experiencia de lo sublime al paisaje natural, pero acaso tendríamos que aceptar que es el parto uno de los momentos que con más justicia merece ser pensado precisamente cuando los conceptos apenas pueden aportarnos algo. Un cuerpo sale de un cuerpo, un ser desvalido activa toda la ternura del mundo. Rinko Kawauchi da a esa acontecimiento cotidiano y extraordinario del nacimiento una enorme importancia. Sus fotografías son retratos, más que paisajes, de lo que pasa en nuestras vidas, desde los rayos que surcan el cielo, al rocío en una hoja; la jarra rota en el suelo; la flor que ocupa toda nuestra visión; la boca abierta (sea por la emisión del sonido, el deseo del otro o el simple bostezo) pero también el cascarón del huevo que se abre o el recién nacido aún con el cordón umbilical. A causa dice esta creadora de las noticias siniestras que se difunden en el mundo, uno acaba por no fijarse en lo que pasa en la vida de todos los días, que sigue su curso habitual Estas imágenes son poemas de la fragilidad y la fugacidad, delicadas visiones del comienzo y el final, de la finitud que somos. Tal vez las fotografías de estos creadores nos obliguen a cobrar conciencia, como afirma Burtynsky, de las consecuencias que nuestras acciones tienen sobre el mundo: en nuestras manos están tanto la catástrofe cuanto la inusual posibilidad de crear belleza. 3 Al igual que algunos artistas de su generación Eduardo Valderrey (Barcelona, 1963) ha trabajado en un territorio artístico novedoso, procedente de la interferencia entre la escultura y la fotografía, que bien pudiéramos llamar foto- escultura. En España los representantes más eminentes de dicho género tal vez puedan ser Txomin Badiola, por el lado de la escultura, y Gonzalo Puch por el de la fotografía. Entre ambos extremos, sin duda, debería mencionarse a Isidro Blasco, quien construye fotográficamente espacios, los descompone y los rearticula arquitectónicamente en tres dimensiones por medio de la escultura, y a Eduardo Valderrey quien, más cercano a los intereses y a los problemas del urbanismo, se sirve de la escultura como soporte o como pantalla de su fotografía. ESPACIOS DE TRANSICIÓN. Con el título OutBorders (límites exteriores, extrarradios o periferias) Eduardo Valderrey gusta de referirse a aquellos espacios de transición, que no son sólo meros lugares de paso, como pasillos, carreteras, áreas de descanso o aeropuertos, sino más bien espacios en proceso de transformación, como los suburbios o como los edificios en construcción, como los pasos elevados o como los pasos subterráneos, en los que la mano del hombre ha construido algo inhóspito e inhabitable y en los que sin embargo muchas veces habitamos. Más que los no- lugares diagnosticados por Marc Augé, que son esos lugares impersonales de tránsito donde ciertamente nadie habita, pero plenamente funcionales, sin embargo. Los espacios que captan la atención de Valderrey presentan la extraña apariencia de un crecimienVENTANAS DE LUZ. A LA DERECHA, OUTBORDERS 2 DE EDUARDO VALDERREY MIGUEL CERECEDA to deforme o frustrado, a la vez que la imagen espectral de una violencia brutal sobre el entorno. Distopías por tanto, más que utopías. Especialmente estos lugares distópicos suscitan una extraña fascinación en una cultura como la nuestra, en constante transformación, debido a que en ellos reconocemos fácilmente una imagen de nuestra propia vida y de nuestro propio desarraigo. La facilidad de los viajes, la competencia de los medios de comunicación, el exceso de información sobre países y culturas diferentes, así como los avances tecnológicos y las transformaciones urbanísticas, hacen que el hombre contemporáneo haya perdido casi por completo la noción de patria o de hogar y se reconozca, sin embargo, con más facilidad en estos espacios de desarraigo. INESTABILIDAD. Esta poética de la desolación, del tránsito y de lo mudable de la propia vida la ha desarrollado más específicamente Valderrey presentando sus fotografías sobre soportes equívocos cuyo carácter ambiguo de construcciones, a medias entre la escultura, la arquitectura, la fotografía o el vídeo tienden a subrayar la propia inestabilidad del mundo así pensado. De modo que, si sus fotografías nos presentan la imagen de un mundo caótico, confuso, desordenado e inhóspito, sus esculturas por lo general estructuras complejas de madera, colgadas de la pared tienden, con su extraña forma y sus acabados deliberadamente pobres, a subrayar esta apariencia de lo que no encuentra acomodo y fundamento. Si hasta ahora Valderrey se servía por lo general de estas estructuras como de un fondo complejo sobre el que proyectaba sus imágenes de una realidad no menos desarticulada y compleja, a partir de esta exposición el artista parece haber alcanzado una mejor síntesis entre la imagen y la escultura, transformando sus estructuras en complicadas cajas de luz, con las que consigue un resultado visual, emocional e intelectual realmente soberbio. 4 do, sin embargo, de una precisión absoluta que nos atrapa. Allí, en el fondo de la cantera, junto a las máquinas, unos sujetos despliegan su tarea o, entre las ruinas de las casas de un pueblo afectado por la presa de las Tres Gargantas, vemos unas figuras que revelan que las carceri piranesianas siguen vigentes. Burtynsky ha señalado que la naturaleza transformada por la industria es el tema principal de su trabajo. Efectivamente, vemos un paisaje de California convertido en materialización de una pesadilla por el protagonismo de la maquinaria petrolífera, o un oleoducto surcando en un raro zig- zag una zona boscosa, un río de níquel, rojizo como la lava volcánica que parece absolutamente irreal, o unas aguas verdosas en canteras que hacen que evoquemos el paisaje entrópico smithsoniano. Las fotografías de las canteras, de una belleza memorable, ofrece la posibilidad de comparar lo que el trabajo humano genera sobre el mismo material en distintos lugares del mundo: el desorden de Rajasthan enfrentado a la solemne precisión de Carrara o la geometría cuasi- miniamalista de Vermont. Pero es con la serie que ha realizado en el río Yangtsé, donde se construye la central hidroeléctrica más grande del planeta, con la que Burtynsky consigue una obra absolutamente magistral; asistimos a la completa ruina; el suelo ABCD 35