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DE LA TIRANÍA A LA LIBERTAD ALEGATO POR LA DEMOCRACIA NATAN SHARANSKY CON RON DERMER TRADUCCIÓN DE BENITO FERNÁNDEZ GOTA A GOTA. MADRID, 2006 316 PÁGINAS, 22 EUROS AL PASO IGNACIO RUIZ QUINTANO Vega UN CAMINO PARA AVANZAR HACIA LA PAZ Y LA SEGURIDAD INTERNACIONALES ES EL OBJETIVO PROPUESTO POR NATAN SHARANSKY (A LA IZQUIERDA) No hace falta ser marxista para aceptar que, con frecuencia, las condiciones de existencia determinan el pensamiento e ideología del sujeto. Pongamos por caso, Natan Sharansky. Veamos. ¿Quién es Natan Sharansky? Un luchador por los derechos humanos y el derecho a emigrar de los judíos soviéticos que en 1977 fue acusado de espionaje y alta traición en la URSS. En 1986, después de nueve años en las cárceles del KGB, fue el primer preso político liberado por Gorbachov gracias a la presión política ejercida por Reagan. Cuenta Sharansky que posteriormente ocupó diversas carteras ministeriales en Israel que, al pasar del Berlín oriental al occidental, transitó del mundo de la esclavitud al de la libertad Y precisamente a denunciar la esclavitud y defender la libertad ha dedicado sus esfuerzos. Dos libros, al respecto: Fear No Evil (1998) memorias en las que relata el cautiverio en las prisiones de la URSS; y Alegato por la democracia, que ahora se presenta en castellano. CLARIDAD MORAL. En Alegato por la democracia, señala el camino para avanzar hacia la paz y la seguridad mundiales. Camino que debe fundamentarse en la libertad y la democracia. En la idea de sociedad libre. ¿La idea de sociedad libre como una suerte de deus ex machina que puede realizar el viejo sueño de la reconciliación humana? Sí, responde Sharansky. Pero no incurre en el error de lesa ingenuidad pacifista que conduce a la ética del esclavo. Ni confía en las virtudes seráficas del diálogo. Para conseguir la paz y la seguridad, afirma Sharansky, hay que tener aquella claridad moral que permite distinguir las sociedades del miedo de las sociedades libres. Es decir, hay que discernir el bien del mal e impulsar el poder de la libertad con el objeto de construir un mundo mejor, más libre y más seguro. Consecuente con su idea, Sharansky critica la coexistencia pacífica, la MIQUEL PORTA PERALES détente de Nixon y Kissinger que no sirvió para establecer la libertad ni la seguridad, sino para garantizar el control soviético sobre sus súbditos y asegurar la violación de los derechos humanos. Contrario sensu, valora positivamente la postura del senador Henry Jackson y el presidente Reagan uno demócrata y otro republicano que, vinculando la ayuda económica estadounidense al respeto de los derechos humanos, plantaron cara al totalitarismo soviético y dieron un paso de gigante en el proceso que condujo a su crisis y posterior desaparición. NUEVO ORDEN MUNDIAL. Un doble mensaje: no hay que contemporizar con el mal, con las dictaduras, con los enemigos de la paz, la libertad y la seguridad; hay que favorecer el ansia de libertad de quienes viven bajo regímenes totalitarios, hay que impulsar la construcción de sociedades libres allá donde no las haya en la certeza de que así se construye un nuevo orden mundial de paz y seguridad porque, como decía Andrei Sájarov, un país que no respeta los derechos de su propio pueblo, no respetará los derechos de sus vecinos Y Sharansky no tiene problema en añadir que la política reaganiana se debería practicar hoy para llevar la libertad a los estados árabes que no respetan los derechos humanos y han devenido un peligro para la paz y la seguridad mundiales. El autor, al respecto, aplaude la intervención en Afganistán e Irak. En el ambiente buenista que impregna Occidente, Sharansky es un personaje incómodo a quien se acusa de belicista neoconservador. ¿Belicista? Después de la barbarie desencadenada sobre Nueva York, Washington, Madrid o Londres, ¿cómo negar que la coexistencia pacífica con el mal y los estados que lo puedan favorecer conlleva destrucción y muerte? ¿Cómo no darse cuenta de que conviene democratizar el mundo porque las democracias no entran en guerra las unas con las otras? ¿Un neoconservador? Si el término revolución no estuviera desprestigiado por culpa de los soi dissant progresistas que han usado y abusado del mismo, habría que concluir que Sharansky es un revolucionario en materia de política internacional que cree que todos los países todos los seres humanos tienen derecho a ser libres y vivir en democracia; y cree que la democracia es la única alternativa al terror y la tiranía. Mientras George W. Bush y Condoleezza Rice son lectores confesos de Sharansky, Rodríguez Zapatero y Moratinos retiran las tropas de Irak e inventan la Alianza de Civilizaciones. Lo dice Sharansky con claridad: hay quien prefiere una dictadura que te ame a una democracia que te odie SHARANSKY CREE QUE TODOS LOS PAÍSES TODOS LOS SERES HUMANOS TIENEN DERECHO A VIVIR EN DEMOCRACIA; Y CREE QUE LA DEMOCRACIA ES LA ÚNICA ALTERNATIVA AL TERROR os taoístas del Rastro madrileño sostienen que Vega es una estrella preciosa, pero con la señorita Vega, vicepresidenta del Gobierno, le pasa a uno como a Fernández Flórez, que nunca tenía ensayada la delicadeza con que es preciso pintar el discurso político de una señorita para colocarlo en el campo del análisis. Es verdad que no conocemos nunca a la mujer decía Pero hay algo que aproxima a esas dos mitades mujer y hombre hasta confundir sus caracteres: el mando. En los regímenes de matriarcado, las mujeres incurren en la poliandria y relegan al otro sexo a las mismas labores que ellas realizan bajo el patriarcado. La capacidad de ordenar hace iguales las almas. Simone de Beauvoir se sintió mujer, o eso dijo ella, el día en que se encontró un cigarrón en su jardín: lo apretó en su mano y se negó a decir lo que guardaba. ¡Tenía algo para ella sola! El cigarrón de la señorita Vega es el mando: esa capacidad suya para ordenar, por ejemplo, una cena sólo para tías, pero con el dinero de los tíos. No me gusta ser icono gay ha protestado Fabio Cannavaro, un central italiano del porte de Pablo Alfaro, el icono lírico de Bosé. A uno tampoco le gusta pagarle los frutos secos a la señorita Vega, pero da lo mismo. Este movimiento es de hombres explicaba el general Primo de Rivera en su glorioso manifiesto el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón sin perturbar los días buenos que para España pretendemos. La única diferencia entre el general Primo y la señorita Vega es que, donde el general veía tiorros la señorita Vega ve tiorras que para eso tiene ella un cigarrón entre manos. El cigarrón le da derecho a cerrar el palacio de El Pardo como si fuera el bar El Avión y mondar las pipas del muermo con Jara, Sosa y Prada. En El Pardo, Franco se mondaba de risa con un censor que tenía en Zaragoza que era coronel y que en cuestiones políticas dejaba pasar de todo, pero que siempre borraba los adjetivos bella esbelta y preciosa que los cronistas de sociedad prodigaban a las mañicas, y era porque el censor tenía tres hijas feísimas y solteras, y con el lápiz rojo trataba de eliminar la competencia. Usted se pasó la vida haciendo como que perdía los estribos, sencillamente porque no se atrevía a montar a caballo le dijo un día Ruano a Ramón Yo tuve en alguna ocasión veinte mujeres a la vez, porque me daba miedo quedarme con una. Es lo mismo. L ABCD 21