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P. LAS LÍNEAS SECRETAS DE LA ESCRITURA Los reyes bibliófilos REGIA BIBLIOTECA. EL LIBRO EN LA CORTE ESPAÑOLA DE CARLOS V J. L. GONZALO SÁNCHEZ- MOLERO DOS VOLÚMENES EDITORA REGIONAL DE EXTREMADURA MÉRIDA, 2005 635 Y 493 PÁGINAS, 20 EUROS El centro de todo cosmos cultural lo ocupa su majestad el libro, lugar sintético donde se deposita la memoria virtual de un tiempo destinado él mismo a desaparecer, dejando como toda huella de sí los papeles donde se contiene su imago última y más cierta. En consonancia con esta importancia, la propia historia del libro es ahora, y desde hace unas décadas, la estrella indiscutible de los estudios de Humanidades en España. Los avances en este campo han sido impresionantes después de una época de desatenciones y expolios. Las obras de referencia se están produciendo a ritmo vertiginoso, pero no todas tienen el aspecto titánico que presenta este trabajo de Sánchez- Molero. No todas tampoco se trasladan para su desarrollo al centro semántico y organizativo donde los libros adquieren todos sus sentidos. En efecto, las bibliotecas regias son el centro ejemplar donde se preservan las memorias y se perfilan las legitimaciones del poder. Las librerías regias más: las librerías imperiales y entre todas la de la corte de Carlos V lo fue por excelencia, son las fábricas de pensamiento que prestan a la comunidad política y religiosa sus armas dialécticas. Contar el proceso de su constitución, el lento crecimiento y selección de los estratos de un depósito y tesoro de conceptualizaciones y de modelos para la organización del mundo parece la tarea de reconstrucción de la fibra espiritual a que se siente hoy llamada una generación de brillantes historiadores y filólogos. Regia Biblioteca cuenta un proceso cultural fascinante. La historia tiene su alfa en la cámara de Juana la Loca en Tordesillas, a fines del XV, y alcanza su omega en la librería rica del príncipe Felipe, futuro Felipe II, que culminaría luego en una obra mayor en la arquitectura cultural de un mundo: la Real Biblioteca del Escorial. Lejos de los registros lingüísticos y retóricos de los archivistas y sacerdotes del libro, el autor de esta impresionante obra organiza su relato sobre un modelo narrativo que podemos asimilar al de los libros de aventura. Desde las bibliotecas escolares de los infantes hasta la función de las mismas para las travesías melancólicas de la vejez real, un universo plural e interconectado se muestra en toda su lujosa pluralidad de significaciones, que son puntualmente recogidos en estas mil páginas soberbias que se constituyen en un desafío a la erudición moderna. F. R. DE LA FLOR EL LIBRO COMO MEMORIA Y LA LIBRERÍA REGIA COMO CENTRO PRESERVADOR DE AQUÉLLA CÁPSULAS DE TIEMPO SON LAS BIBLIOTECAS Y LOS ARCHIVOS. EN LA IMAGEN, UN ASPECTO DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE BAGDAD, SAQUEADA EN 2003 LA INAGOTABLE LECTURA DE ROGER CHARTIER NO SE PUEDE ENTENDER EL ESTUDIO DE LA CULTURA ESCRITA SIN LAS APORTACIONES DE ROGER CHARTIER, UNO DE LOS GRANDES HISTORIADORES DEL LIBRO Y LA LECTURA. FERNANDO BOUZA TRAZA EN ESTE ARTÍCULO LAS PREOCUPACIONES ARGUMENTALES QUE VERTEBRAN LA OBRA DEL ENSAYISTA FRANCÉS Una obra sólo podrá considerarse perfecta si su brevedad nos permite aprenderla de memoria o si, por el contrario, es tan dilatada que podemos disfrutar siempre de ella porque nunca la acabamos de leer. Allá por el año de 1680, Pedro de Brito Coutinho decía esto sobre los buenos libros, empeñado, con cierta nostalgia borgesiana, no sé si en leer de por vida o en dotar de alguna forma de vida a lo mejor que había leído. Cambiando lo que haya que cambiar, cabe recordar ahora este juicio a propó- FERNANDO BOUZA sito de la magna obra de Roger Chartier. Autor de una obra, por fortuna, no tan breve como para que sus muchos lectores seamos capaces de recordarla de memoria, las aportaciones de Chartier a la historia de la cultura escrita, del libro y de la lectura y, en general, a la historia cultural son de una relevancia extraordinaria. Su lectura se me antoja inagotable hasta el punto de no poder darla nunca por concluida porque, de hecho, creo que el historiador francés escribe un único y monumental libro, siempre distinto, al mismo tiempo coherente y plural. A tres, quizá, podríamos reducir las principales líneas argumentales sobre las que se articula la obra de Roger Chartier, los grandes hilos con los que, por así decirlo, teje escribe ese inmenso libro suyo. De un lado, en primer lugar, su trabajo está presidido por la voluntad de alcanzar una definición de los textos lo más completa posible. De otro, en segundo lugar, por el análisis cuidadoso de las variadas formas mediante las cuales dichos textos terminan por ser recibidos. Para definir un texto se le ha hecho ne- ABCD 6