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Corrientemente, del decir, del hablar ESTIMULANTE EJERCICIO ENSAYÍSTICO ARTICULADO A PARTIR DE INTERROGACIONES Y TAMBIÉN DE CITAS, VERSOS, ANÉCDOTAS... YA NO HABLAMOS DE LO MISMO. DIVAGACIONES SOBRE EL VUELO DE LOS BÚHOS Y EL ARTE DE TOCAR LA FLAUTA MANUEL ARRANZ PRE- TEXTOS. VALENCIA, 2005 268 PÁGINAS, 17 EUROS con voluntad desideologizadora. La primera evidencia del libro es que no es una biografía propiamente dicha. Hay pocas menciones a la vida familiar de don Niceto. No se ha preocupado tampoco por desentrañar el pensamiento del personaje los diversos perfiles de su enciclopédica cultura más allá del análisis de las diversas coyunturas políticas en las que Alcalá Zamora se movió, desde su nacimiento en 1877, en Priego de Córdoba, hasta su muerte en 1949, en el exilio en Buenos Aires, triste y políticamente solo. Como por otra parte lo había estado en casi toda su vida. El libro es, en cambio, una excelente disección de la trayectoria de don Niceto, tercero de los hermanos de una familia de propietarios agrícolas, menos ricos de lo que siempre se ha dicho; una trayectoria, pese a todos sus meandros, coherente con los principios de la familia liberal de la que procedía. Una capacidad intelectual portentosa, una brillante tesis doctoral dirigida por Rafael Ureña, que, junto con Gumersindo de Azcárate, fue su mejor maestro; letrado del Consejo de Estado por oposición, con el número 1, a los 22 años, se dedicó a la abogacía, y coincidió, por cierto, en el bufete de Díaz Cobeña, con Azaña; se casó con su gran amor Pura Castillo; a los 23 años, montó bufete propio en el que defendería los intereses en España de la banca Crédit Lyonnais y se lanzó muy pronto a las aguas de la política. Su punto de apoyo inicial fue Romanones y el primer éxito lo tuvo en 1906 al ser elegido diputado por La Carolina (Jaén) Orador parlamentario excepcional, subsecretario de la Gobernación en 1910, fiscal del Tri- bunal Supremo, ministro de Fomento y de Guerra con García Prieto, se opuso frontalmente a la Dictadura de Primo de Rivera, cruzó el rubicón del monarquismo al republicanismo a lo largo de 1930, fue encarcelado tras el golpe fallido de Galán y acabó siendo presidente de la Segunda República en la que vivió no pocos calvarios desde la quema de conventos de mayo de 1931 a desencantos constantes y frecuentes enfrentamientos con políticos como Lerroux o Azaña. HONESTO E INTELIGENTE. El libro de Gil Pecharromán coincide con el anterior de Alcalá sobre el mismo personaje en subrayar su significado político de liberal regeneracionista, honesto, inteligente, con plena conciencia de sus virtudes intelectuales lo que le llevó a ser acusado de vanidoso ubicado siempre en los diversos partidos en que militó en el espacio del centro- derecha y desde luego representante de la tercera España término que él acuñó ya en un artículo de 1937, frente a la trágica bipolarización histórica de nuestro país. EXCELENTE DISECCIÓN DE LA TRAYECTORIA DE NICETO ALCALÁ- ZAMORA, POLÍTICO AVANZADO A SU TIEMPO, QUE, PESE A TODOS SUS MEANDROS, FUE COHERENTE CON LOS PRINCIPIOS DE LA FAMILIA LIBERAL DE LA QUE PROCEDÍA Alcalá- Zamora fue un político avanzado a su tiempo. En 1931 tenía 54 años. Mucho más joven que los Romanones, Lerroux, Melquíades Alvarez, Largo Caballero, Portela Valladares o Alba. Los nuevos políticos republicanos, Fernando de los Ríos, Azaña o Besteiro, eran sólo dos o tres años más jóvenes. Alcalá- Zamora les llevaba 25 años de experiencia política. Al concepto de tercera España llegó no sólo desde la óptica del afán de superación del drama de las dos Españas, de izquierdas y de derechas, sino también desde las inquietudes ante el problema de la construcción nacional. Son de obligada lectura al respecto los textos de Alcalá- Zamora sobre el problema catalán en 1912 (págs. 70- 71 del libro de Gil) de 1918 contra Cambó (págs. 113 y 121) y, ya en la República, sobre su famoso abrazo a Macià (pág 220) Toda una lección a tener en cuenta en la España en que vivimos. Julio Gil comparte con Ángel Alcalá la imagen positiva de la figura de don Niceto, cuyo fracaso, a juicio de Gil, fue el de la sociedad española de la época. Al final, el autor, insinúa que para superar los turbulentos años políticos que le tocó gestionar posiblemente no estaba suficientemente preparado Creo que la preparación de Alcalá- Zamora para los procelosos tiempos que le tocó vivir era buena. Me temo que su fracaso no es sólo el fracaso de la sociedad en la que vivió, es el drama de la España liberal que, en este país, históricamente no ha podido ser ahogada siempre entre la doble presión de la reacción y de la revolución, entre los miedos de los unos y las impaciencias de los otros. Pero esa es otra historia. ALCALÁZAMORA (EN EL CENTRO DE LA IMAGEN) REUNIDO CON LA MINORÍA PROGRESISTA PARA DAR CUENTA A ÉSTA DE SU CANDIDATURA A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA, EN 1931 Debemos a Ortega y Gasset, entre otras tantas enseñanzas luminosas, una importante distinción entre el hablar y el decir. La expone con gran claridad en El hombre y la gente, ensayo materialmente inacabado ¿qué ensayo verdadero no queda irremediablemente inconcluso? pero pletórico de buenas ideas. Hablar, lo que se dice hablar, es actividad corriente y moliente, una operación que actúa de fuera a dentro de la persona, y basta con aprenderla, como una destreza o habilidad más, para poder andar por la vida entre semejantes sin perderse del todo. El hablar, entonces, no significa gran cosa. Algo, todo lo más, que hay que procurar dominar, para así poder decir frases y conllevarse con los otros. Decir, para entendernos, representa un ejercicio distinto y superior: es una operación que arranca desde el individuo y se proyecta hacia los demás. El hablar es cosa nuestra, pero el decir, inicialmente, es sólo mío, de cada uno. Hablamos, corrientemente, para salir del paso. Nos oímos y, si acaso, nos escuchamos. Pero de comprensión andamos a menudo muy escasos. Comúnmente, porque vamos por el mundo demasiado deprisa, sin pararnos a pensar qué es lo que pasa. Se ha dicho con razón que la reflexión filosófica consiste básicamente en pensarse las cosas, por lo menos, dos veces. Y en hacerse preguntas. Manuel Arranz articula los variados ensayos que componen la presente compilación, justamente, a partir de interrogaciones, pero también de citas, versos, anécdotas, noticias, relatos, cogidos al vuelo, encontrados al azar, sobrevenidos o intencionalmente buscados (la filosofía: el saber que se busca) Toda ocasión o motivo, sea el vuelo de los búhos o el arte de tocar la flauta, se tornan provechosa oportunidad de meditación razonada si en el acto de escribir aspira uno a decir cosas con sentido y personalidad, no sólo a repetir lo que han dicho otros. ¿Qué objeto tiene un ensayo sino éste? Hablando, pues, no se entiende la gente, necesariamente. Paragonando el célebre aserto orteguiano, diríase que en el hablar estamos, pero en el decir somos propiamente humanos, principalmente, si pensamos lo que decimos. Si los hombres nos encontramos para hablar porque tenemos que hablar entonces la situación resulta un tanto forzada. Y así es difícil, y, literalmente insignificante, entenderse. Estos matices esenciales de la comunicación y el entendimiento humanos no se le escapan al autor de este estimulante ejercicio ensayístico: Y es que todo el mundo sabe de qué hablar cuando ya no sabe qué decir. Entonces ocurre que no hablamos de lo mismo. FERNANDO RODRÍGUEZ GENOVÉS ABCD 23