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A. FOTOGRAFÍA PINTURA RÍO DE CAL EN LA CHANCA (A LA IZQUIERDA) DE PERCEVAL, AUTOR DE AUTORRETRATO CON CALAVERA (SOBRE ESTAS LÍNEAS) EN LA PARTE SUPERIOR, SAN CRISTÓBAL (1942) ÓLEO DE MIGUEL RUEDA VIAJE A LOS RÍOS DE CAL LOS INDALIANOS. UNA AVENTURA ALMERIENSE (1945- 1961) TEATRO- AUDITORIO Y TEMPLO PARROQUIAL DE LA VIRGEN DEL ROSARIO ROQUETAS DE MAR (ALMERÍA) COMISARIO: JUAN MANUEL BONET HASTA EL 21 DE AGOSTO JESÚS DE PERCEVAL FRAGMENTOS DE UNA VIDA QUE PASA CASTILLO DE SANTA ANA ROQUETAS DE MAR (ALMERÍA) COMISARIO: JUAN MANUEL BONET HASTA EL 21 DE AGOSTO ENRIQUE ANDRÉS RUIZ Hoy, si sale esto, alguien recordará La Chanca y los Campos de Níjar de Goytisolo, pero, como bien sabe el fotógrafo Pérez Siquier, eso fue después de esta Almería a mitad de los cuarenta, que era la de los indalianos. Jesús de Perceval, el fundador con otros y con la profesora Celia Viñas de la aventura de la vanguardia indaliana, fue hasta su muerte el personaje de Almería y su novela, que, como otras antes, nos cuenta ahora encantadoramente Juan Manuel Bonet. Porque también hubo vanguardia en los cuarenta y, sobre todo, porque Perceval, como fue falangista, siempre fue y creyó ser vanguardis- ta. Este hombre, además, fue el gran y primer fotógrafo de La Chanca (fundó la histórica AFAL) prologuista de la primera exposición de Pérez Siquier y quien, falangista y por eso vanguardista, había sido detenido en el Cuartel de la Montaña y, fugado en Valencia, se inscribió en las Juventudes Socialistas y, para pasmo, pinturas suyas hubo en el famoso Pabellón de París de 1937. EL PRIMER PINTOR ENTERRADOR. Y luego, tras la debacle, agente de la policía; y prologó la exposición del primer pintor enterrador de la era indaliana que lo era un hombre de Pechina llamado Ferrer Vicente; y pintó en aquella su Degollación de los inocentes de la I Bienal Hispanoamericana, a Picasso con una paloma y a un guardia civil con cara de Dalí, y a Lorca, y a García Nieto con camisa azul... Y voló en una avioneta con Giménez Caballero sobre la bahía; y en 1956, apareció en La Vanguardia un montaje fotográfico ilustrativo de que Picasso visitó a Jesús de Perceval en el estudio de éste por lo que se pensó que debió llegar en yate Picasso hasta allí... Perceval acabó siendo un Dalí o un De Chirico partido entre la autoctonía primitivista de la cal y la universalidad del renacentismo florentino. Era aquello bastante inconciliable, aunque allá que fueron con ello los indalianos, con su medio expresionismo por un lado y su toque justo por otro, sobre todo a Madrid, donde se habló de su conquista de la capital en 1947. La capital era el Museo de la Biblioteca Nacional que nunca debió desaparecer, el Café Gijón y los salones y conventículos de don Eugenio D Ors, que dijo en su glosa de Arriba que aquellos mozos de Almería estaban muy lejos de Solana y de Unamuno. Es claro que D Ors quería que estuvieran lejos, por eso recomendó otro día al indaliano Capuleto que se apartara de la arqueología, en los años, además, de la Escuela de Altamira. ALGO RUPESTRE. Algo había en ellos tan rupestre como su muñequito, el indalo, pero ya decimos que inconciliable con las varias Italias y sus novecentismos, porque un recuerdo de Carrà en el afrancesado Alcaraz puede encontrarse, y el Campigli de D Ors en Capuleto, también. Y en la delirante y estrambótica Degollación, de Perceval, podía el pintor salir por Carlo Crivelli como otras veces saldría por su amigo Zabaleta o por Palencia. Hoy, fuera del personajismo novelesco y disparatador de aquello, quizá veamos mejor sus fotos de La Chanca, extraordinarias, con sus ríos de cal; y unos ciertos cuadros de Cantón Checha o del último y meditativo Capuleto, o algún inocente Alcaraz. Pero, sobre todo, algún cuadrito concentrado del mínimo y dulce Miguel Rueda, que eso sí será sorpresa, porque los indalianos viajaron y conocieron las Américas, pero Rueda, que da en sus cuadros para muy poca novela, quizá hoy nos diga más, de quieto que se estuvo y de atentos que están a su sola escucha sus cuadritos, y esa su luz diaria de su cal y sus áloes. s Esto debía ocurrir, a mitad de los cuarenta, en Almería. Por torrenteras de roca estragada, baja la cal a ríos parados, el sol que ciega, niños diableses y niños angélicos, perros flacos, mujeres que, en puertas de la tierra, hacen visera con las manos. Cuando vio La Chanca don Daniel Vázquez Díaz, como la vio de lejos, creyó ver un cubismo eterno, de antes de que se inventara. Vista La Chanca desde La Chanca, se ve, sin embargo, que no hay una sola línea recta, todo parece haber sido más bien modelado a favor de un arte de magia natural. PERCEVAL, FUNDADOR CON OTROS DE LA AVENTURA DE LA VANGUARDIA INDALIANA, FUE HASTA SU MUERTE EL PERSONAJE DE ALMERÍA Y SU NOVELA, QUE, COMO OTRAS ANTES, NOS CUENTA AHORA ENCANTADORAMENTE JUAN M. BONET ABCD 31