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UN RESCATE NECESARIO UN AMOR EN EL GOLDEN SPUR DAWN POWELL TRADUCCIÓN DE CECILIA FILIPETTO LUMEN. BARCELONA, 2005 364 PÁGINAS, 18,50 EUROS JUAN MANUEL DE PRADA Insiste Lumen en el rescate de Dawn Powell (1896- 1965) autora de la magnífica Café Julien, novela que ya saludábamos en estas páginas con un merecido ditirambo. En su muy loable propósito de completar una Biblioteca Dawn Powell publica ahora Un amor en el Golden Spur, la última entrega de la autora, aparecida originariamente en 1962, tres años antes de su fallecimiento. Perseveran en este libro las virtudes que ya señalábamos en Café Julien; también las coordenadas de su universo creativo, que tiene como epicentro el Greenwich Village neoyorkino y como inquilinos más frecuentes a esa turbamulta de artistas bohemios, escritores ratés y galeristas esnobs que la autora retrata con una suerte de cínica simpatía, hasta completar un fresco de época palpitante y vivaz. Si Café Julien retrataba ese mundo abigarrado en su época de mayor esplendor, Un amor en el Golden Spur lo hace en su fase de decadencia (en cier- to modo coincidente con el declinar físico de la autora) cuando los beatniks barbudos y los pintores abstractos ya han iniciado el desplazamiento hacia el uptown; de ahí, quizá el tono asumidamente elegíaco que adopta la novela, detrás de su fachada risueña, y también la elección de sus personajes, que comparten en general un pasado mucho más esplendoroso que su lánguido presente. DISPUTADA PATERNIDAD. El protagonista, Jonathan Jaimison como suele ocurrir en la mayoría de las novelas de Dawn Powell, se trata de un trasunto de la propia autora, oriunda de Ohio es un joven del Medio Oeste que se traslada a Nueva York con el propósito más o menos confeso de quedarse. A diferencia de otros personajes de Powell, que merodean el Village en pos de una quimera de índole literaria o artística, Jonathan indaga el rastro de su verdadero padre, a quien nunca llegó a conocer; en el desempeño de esta quest tendrá ocasión de conocer a diversos candidatos supervivientes más o menos magullados de una gloria pretérita quienes, para su estupor, en lugar de rehuir su paternidad, se la disputan. Pronto Jonathan comprenderá que, en sus esfuerzos por arrogarse una responsa- bilidad que no les compete, esos hombres están tratando de justificar sus vidas, expoliadas por el tedio, el fingimiento y la nostalgia. El provinciano Jonathan se confronta así con una soberbia galería de criaturas enternecedoramente desahuciadas, restos patéticos de un naufragio que hallan en el joven huérfano una repentina tabla de salvación, escombros (no en vano la novela se inicia con la alegórica demolición de los grandes almacenes Wanamaker) de otro tiempo acaso más feliz, acaso menos declinante. Así, por ejemplo, Claire van Orphen, una escritora otrora exitosa para quien trabajó como mecanógrafa la madre de Jonathan, que logrará recuperar el aprecio del público refritando sus viejos relatos con leves pero significativas variantes. Así, por ejemplo, el abogado George Torrence, homosexual en el armario, rehén de un matrimonio opresivo y chantajeado por un amante de su juventud, que hallará en Jonathan en la posibilidad de reconocerlo como su hijo un atisbo de redención... que Jonathan rechaza, pues se ha enamorado de su hija y no soporta la idea de incurrir en el incesto. Así, por ejemplo, Alvine Harshawe ¿un trasunto de Hemingway? un escritor cuatro veces divorciado a quien abandona- LA GALERISTA CASSIE, PERSONAJE SECUNDARIO DE UN AMOR EN EL GOLDEN SPUR ES UN TRASUNTO DE PEGGY GUGGENHEIM. ARRIBA, LA MECENAS EN SU RESIDENCIA VENECIANA ron las musas tiempo atrás y sufraga su decrepitud con las opíparas cifras que le reportan las adaptaciones cinematográficas de sus novelas; también él atisbará en Jonathan la promesa de una resurrección. A estos personajes se suman otros de menor protagonismo, pero igualmente vigorosos y memorables, como el sablista Earl Turner o la galerista Cassie ¿un trasunto de Peggy Guggenheim? de 43 años o 48, si contamos los fines de semana que disfraza su ninfomanía de mecenazgo. TABLADO DE FARSA. Dawn Powell mueve a sus personajes por el tablado de la farsa, evitando siempre las prosopopeyas de la tragedia. El desenlace discretamente feliz de la novela disimula un fondo de subterránea melancolía; la comicidad irresistible de algunos pasajes se entrevera con un sentimiento de lastimada amargura. Un amor en el Golden Spur nos confirma a una escritora superdotada para la sátira amable, testigo de una época ya extinta, que no necesita empañar su talento de chirriantes feminismos en boga ni de torpes alegatos de intención política para resaltar su esquiva, solitaria grandeza. Un rescate necesario que seguirá deparándonos sabrosísimas sorpresas. s ABCD 13