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LA IRÓNICA MODERNIDAD DE VALERA Libros Equilibrar la balanza OTRO DON JUAN VALERA. VIDA Y PENSAMIENTO DE JUAN VALERA Manuel Lombardero Prólogo de Carlos Pujol Planeta. Barcelona, 2004 454 páginas, 20 euros N el primer centenario de su muerte, Juan Valera va encontrando su hueco en medio de la fiesta del Quijote, aunque quizás sólo como telonero (de lujo) Prueba de ello, entre otras, es la biografía del literato y político de Cabra recién publicada por Manuel Lombardero. Se trata de una obra dedicada a la divulgación no especializada, pero que, dentro de estos límites, cumple sobradamente su objetivo. Ya el título subraya el carácter donjuanesco del apuesto don Juan Valera. En el libro se destaca la faceta mujeriega del escritor egabrense, tan aficionado a frecuentar mujeres no santas Pero el subtítulo revela que en él se cuenta también la vida en general y el pensamiento del autor de Pepita Jiménez. En efecto, siguiendo la cronología, las más importantes vicisitudes de su peripecia vital son narradas con amenidad y sentido del humor por Lombardero, que también dedica abundantes páginas a explicar su pensamiento literario, político y social. Conocemos, así, su actividad como diplomático y su gusto por las fiestas de sociedad, su oportunismo político, su obsesión por el dinero (lo que provocó su desgraciado matrimonio con Dolorcitas su aristocratismo y poco aprecio por las clases populares, su carácter bonachón y su relación con otros famosos personajes de la época. Sin entrar en mayores discusiones con la abundante bibliografía crítica sobre Valera no se trata de una biografía académica, ya lo hemos dicho Lom- E Tertulia en casa del conde de las Navas: Alarcón, Galdós, Menéndez Pelayo, el conde de las Navas, Pereda, Valera y Rubén Darío, entre otros bardero demuestra conocer bien la documentación al respecto, así como el ambiente literario y político de la época. Frente a anteriores trabajos biográficos entre los que destaca el de Bravo Villasante tendentes a la hagiografía, Lombardero pretende equilibrar la balanza mostrándonos en primer plano el lado oscuro del autor de Cabra, sus contradicciones y miserias, que se resumen en la carencia de un pensamiento político coherente y en la falta de un compromiso moral con la sociedad, lo que originó una militancia política errática y oportunista. De esta manera, con el apoyo documental de sus cartas y ensayos políticos, el biógrafo pone en duda la condición de liberal que la historiografía precedente ha atribuido a Valera, quien escribía en 1864: no hay en mí una fe viva en tal o cual doctrina filosófica, ni tengo lo que llaman ahora un símbolo o credo político completo que explicar trario a la representación literaria de lo feo, predica el embellecimiento artístico de la realidad. Crítico literario benévolo, no puede dudarse de su cosmopolitismo, su gran cultura y sus excelentes dotes literarias. Juan Valera, diplomático, diputado, senador, académico, terrateniente, periodista y literato murió el 18 de abril de 1905; en aquellos días, por encargo de la Academia y con motivo del tercer centenario de su publicación, redactaba precisamente un discurso sobre el Quijote. El arte por el arte Mayor consistencia se advierte en su pensamiento literario: firmemente contrario al naturalismo de la época, se muestra decidido partidario del arte por el arte y opuesto al uso de la literatura como tribuna política. Con- José Checa Beltrán Un español en la Ciudad Prohibida SOMBRAS CHINESCAS. RECUERDOS DE UN VIAJE AL CELESTE IMPERIO Luis Valera Nausícaä. Murcia, 2004 394 páginas, 18,50 euros trasladó a un joven funcionario en auxilio del embajador De Cólogan, decano del cuerpo diplomático en Pekín, y de quien no se tenían noticias desde que comenzara el acoso de las legaciones. Se trataba de Luis Valera, hijo de don Juan y, como su padre, escritor además de diplomático. nen un verdadero descubrimiento. Parte del encanto del libro reside en las perspectivas de la época sobre qué constituye una verdadera civilización. No es admiración lo que siente Valera por una China empobrecida y que vive la lenta agonía de su última dinastía imperial. Los olores, por ejemplo, impregnan sus sentidos de manera obsesiva. Pero huyendo de todo exotismo y de los prejuicios que muchas décadas más tarde se definirían como orientalismo el autor describe lo que ve sin insertar apenas juicios de valor incluso cuando visita los rincones más secretos de la Ciudad Prohibida y resume sus amplias lecturas sobre un país en el que apenas estuvo nueve meses. El libro se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera narra la breve estancia del autor en Shanghai una ciudad con una activa comunidad extranjera y al margen de la violencia desatada en Pekín por los boxer, en alianza con la emperatriz Cixi, contra los representantes diplomáticos así como su accidentado viaje hasta la capital del imperio. Una sucesión de aventuras y encuentros con personajes de perfil novelesco, ocupan las dos semanas que tardó en llegar a Pekín. Su discreción le impide contar detalles de su trabajo y se echan de menos sus impresiones sobre el gobierno chino y las negociaciones de la que fue testigo. La segunda parte se concentra por ello en una descripción de monumentos y palacios, con sólo ocasionales pinceladas sobre la vida de los extranjeros en el corazón del país que, sin saberlo, había dejado de ser el centro del mundo. M ÁS de setenta años antes de que el belga Simon Leys publicara su célebre Sombras chinas sobre la República Popular de Mao (1974) un español llegado a Pekín en 1900 había escrito un libro con un título similar. Si Leys dedicaba su trabajo a un país que salía de la Revolución Cultural, el español describía su viaje a una China ocupada por tropas extranjeras para defender a sus nacionales de la rebelión de los boxer. España, agotada por la pérdida del imperio en 1898, no pudo enviar soldados a Extremo Oriente. Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores Dotes de observación Pero no es éste el único dato de interés de estas Sombras chinescas. Uno tiene que preguntarse cómo es posible que leamos a Somerset Maugham o a Paul Theroux y no supiéramos que, hace un siglo, un español había escrito un libro tan divertido e interesante como éste. La ironía, las dotes de observación y la fina pluma de Luis Valera, además de la considerable información que proporciona sobre la cultura y las tradiciones chinas, supo- Fernando Delage 6 Blanco y Negro Cultural 16- 4- 2005