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Comunicados de la tortuga celeste DIARIOS Esclavos felices ANDRÉS IBÁÑEZ NA de las cosas que le pueden tedes se imaginan a un galerista pasar a uno cuando es escritor que se quedara con el 90 por ciento es vivir en la realidad una escena o el 92 por ciento de la venta de un que ha escrito en un libro. Lo norcuadro? Hay escritores que son ya mal es que las cosas sucedan al reclásicos reconocidos, que han gavés, es decir, que uno escriba en un nado todos los premios, que están libro algo que le ha sucedido en la en la Real Academia o casi, y todarealidad, aunque yo creo que ambas vía no pueden vivir de lo que escriposibilidades son más o menos ben. Si eso les parece normal, enhoequivalentes. Esta es una escena rabuena. que escribí hace unos años en un liPensamiento lelo bro que luego no llegó a ser, y que Otra idea pintoresca es que ser ahora intento encajar en un libro novelista no es una profesión. Aquí que de cualquier modo tampoco se cruzan distintas líneas del pensaserá, y trata de un mesa redonda en miento lelo: creer que por hacer lo la que participan escritores, editoque te gusta no te deben pagar res, etc. y cuyo tema es Los escrito (como si los pilotos comerciales o res y el mercado y donde mi persolos cirujanos o los diputados euronaje, un joven escritor de unos peos no hicieran lo que les gusta) cuarenta años, afirma que la literaidentificar el concepto de profesión tura española es por lo general con la de ser funcionario o tener mala porque es obra de autores plaza fija (ser actor, guitarrista amateur, y que son amateur porque pop o decorador de interiores tamno cobran por su trabajo ni pueden poco serían profesiones, en este vivir de lo que escriben. Como era caso) o considerar que un novelista de esperar, los otros contertulios se no tiene una profesión en el ponen nerviosísimos y cabreadísimismo sentido que la tiene un fonmos y empiezan a ponerle verde. Le tanero, un agricultor, acusan de ser un un dentista o un asemercenario de la lisor financiero. O un teratura, le recuerSólo los tontos pintor, o un escenódan que el escritor es grafo, o un actor, ya un Artista, le dicen se enorgullecen que el Sagrado Arte de hacer las cosas saben. afirmaba que Kafka de la Literatura no se si alguien es escritor puede mezclar con el gratis, de no ser entonces es que es dinero y otras cuanvalorados, de que una mala persona. Yo tas chorradas en esa no me atrevería a afirlínea. Pero miren. El otros lleven una mar tanto porque otro día, rodando en vida muelle también hay gentes de la televisión, tamotras profesiones que bién en una mesa re- a costa de son malas personas, donda, se me ocurrió su trabajo pero lo que es indudaa mí decir lo mismo ble es que si alguien que a mi personaje, y es escritor, al menos la reacción fue idénen España, entonces tica: todos los que eses que es tonto. Sólo los tontos se taban en la mesa, o casi todos, se me enorgullecen de hacer las cosas graecharon encima gritando que lo metis, de no ser valorados, de que les jor que le puede pasar a un escritor tomen el pelo, de que otros lleven es no ganar ni un duro con lo que una vida muelle a costa de su traescribe, que un escritor es un arbajo mientras ellos tienen que dar tista y qué sé yo qué. clase en un Instituto de enseñanza ¡Qué espectáculo tan bochornoso media o trabajar en Iberia. Imagíse da siempre cuando sale el tema nense a unos chinos esclavizados, del dinero en la literatura! Yo sude esos a los que la policía encuenpongo que las gentes de otras profetra hacinados en un sótano trabasiones llorarán de risa viendo al jando veinte horas al día, e imagíhonrado colectivo de los escritores nense que esos chinos gritan que gritar con voz emocionada que ellos ellos quieren ser esclavos, no ver la no deben de ningún modo vivir de luz del día, dormir en un camastro su trabajo y escandalizarse cuando y cobrar una miseria, y que no sólo uno sugiere que su trabajo debería quieren todo eso ¡sino que se enorestar bien remunerado. Una de las gullecen de ello! Con las tradicionaideas más pintorescas es ésa de que les y notabilísimas excepciones no se puede mezclar el arte con el que siempre se aducen en estos cadinero. ¿Acaso no son artistas los sos, los escritores españoles son pintores, los escenógrafos, los bailaigual que estos hipotéticos chinos rines, los arquitectos o los direcesclavos. Lo dice Howard Roark, el tores de orquesta? De todos estos, personaje de Ayn Rand: el que tralos escritores son los únicos artisbaja sin que le paguen es un estas que tienen que hacer oposicioclavo Pues eso: esclavos. Esclavos nes al ayuntamiento. Los pintores felices. v se quejan de los galeristas, pero ¿us- U Noticias de las islas LOS QUE CRUZAN EL MAR José Carlos Cataño Pre- Textos. Valencia, 2004 454 páginas, 21 euros IN la menor preparación por mi parte admito que me dispuse a leer los diarios que el escritor canario José Carlos Cataño (La Laguna, 1954) ha publicado con el título Los que cruzan el mar. En un primer momento supuse que se trataría de un dietario corriente ya saben pero estaba en un error. Se trata de algo que en efecto tiene mucho que ver con un verdadero diario aunque las convenciones editoriales no suelan interesarse por esta forma de escritura hasta después de la muerte de su autor. Según se indica en el prólogo, Cataño ha procedido a la destrucción de los originales, un total de catorce cuadernos en los que había dibujos, garabatos, páginas con las líneas recortadas a tijera, sobrepintadas de blanco o con gruesos trazos de rotulador negro reduciéndolo todo a un texto homogéneo y sometido con mano férrea a la reescritura. Lástima porque en un diario, pequeña obra de arte, todo significa: el papel, los materiales que lo acompañan, la escritura como testimonio vivo de un momento del pasado, las ilustraciones que ayudan a dibujar un estado de ánimo... Todavía hay quien ve en ellos el borrador de una obra futura cuando un diario es una obra única plenamente realizada en su hechura concreta, independientemente de su azarosa, difícil e improbable publicación. El caso es que en ese contexto, entre la verdad, la dificultad y la poesía, se sitúa Los que cruzan el mar, obligada síntesis de lo que pudo ser el diario real del poeta, escrito entre marzo de 1974 y marzo de 2004. Un recorrido de treinta años, el grueso de la experiencia vital de un hombre: desde un joven de buena familia y con problemas, dispuesto a cruzar el mar para estudiar Filología en Barcelona, hasta el escritor que bordeando la cincuentena sigue en la misma ciudad la misma pero diferente refugiado en un frágil equili- S brio emocional. Un equilibrio modesto, hecho de simples gestos cotidianos, y al mismo tiempo inaccesible para la mayoría de los mortales, ignorante de que la vida pueda alcanzar en algunos casos, en algunas personas, una intensidad cegadora. En ese sentido José Carlos Cataño es un superviviente que ha logrado alcanzar la otra orilla: No hay nada ya de dramático en mi vida, en mi sobrevivir anota en las últimas páginas, una vez sostenidas con mano firme las riendas de la angustia que solía acompañarlo. Los nervios de Cataño se dirían tan finos que la menor aspereza sufrida lo condena, o condenaba, a refugiarse en el alcohol o la literatura, o ambas cosas, aunque sin perder la conciencia de su situación: Yo no quiero acabar como Scotty ni como Malcom se lee en al, guna ocasión, ante el temor que siente el poeta de verse engullido por las crisis nerviosas. Elegancia del trazo A mí, sin embargo, me hace pensar en Modigliani por la elegancia de su trazo y por la inquietud que siempre alejó al artista también a Cataño de las situaciones más ventajosas. Pero, frente a Modigliani, que no pudo vencerse a sí mismo, en Los que cruzan el mar la historia, en lo posible, acaba bien: los diarios reflejan esa evolución interior, no exenta de violentas crisis que dejan a su autor en el hueso. Aunque se alce de las propias ruinas una y otra vez, no sin una mirada crítica a su entorno: a la Universidad que no estuvo a la altura de sus expectativas; al mundo burgués del que proviene y que Cataño describe sumido en el autoritarismo y la arrogancia; tampoco la cultura hispánica se libra de algunas puyas a causa de su raquitismo congénito. No importa, uno tiene que contener el mundo que le ha tocado en suerte y eso es exactamente lo que reflejan esos diarios: el sufrimiento de un escritor por hacerse al mundo y vivir en él a pesar de todo. Un libro que transpira un valor y autenticidad inusuales. Anna Caballé 21 Blanco y Negro Cultural 19- 3- 2005 J. Boto