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PINTURA Arte El Cubismo al cubo El cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica Fundación Telefónica. Madrid. C Valverde, 2. Comisario: Eugenio Carmona. Hasta el 27 de marzo V AYA por delante que estas cuatro decenas de pinturas cubistas, magníficas muchas de ellas, me impresionan y evocan en mí viejas emociones, casi como propias de un atardecer antiguo iba a escribir: ¡Qué horror! casi estoy dando pistas de mi situación, que no sólo es actitud, anacrónica pero es que valoro, como no imaginan, este esfuerzo de Telefónica por adquirir y coleccionar para todos un momento o un espacio de las vanguardias que nos habíamos perdido ¿podremos seguir llamándolas así? ¡si ya son clásicas! como confirman los textos del catálogo que acompaña a esta exposición a pesar de Picasso, Gris y tantos otros, y que nuestros museos especializados en eso que no sé como denominarlo, y si es que queda alguno, han renunciado, dicen que por ética, a conseguir, a pesar de algunos gestos recientes, casi propios de una mala conciencia inconsciente o espontánea el Reina Sofía, ya saben, y es lógico o, al menos, propio de la cronología, está destinado, en sus nuevas y no escritas directrices políticas, a enriquecer las colecciones del Museo del Prado, en una suerte de ampliación inesperada y añadida, una especie de IVA de las artes característico del interés de los anticuarios que, en este caso, son, o tal vez siempre ha sido así, insólitamente solidarios con lo más emergente, que no me atrevo a llamarlo moderno, ya que es palabra antigua Se trata de algo que cabía esperar y la secuencia es razonable y visible, al menos desde la inauguración del Museo Picasso de Málaga, que sirvió para desatender el patrimonio histórico andaluz, como en Andalucía saben. Pero, una vez en Madrid y resulta lógico hasta Picasso y el Reina Sofía son ya viejos: el Ifema, ARCO y el mesiánico Instituto de las Artes han indicado el camino ético que ahora debe ser algo así como un reparto pendular y asimétrico de los cargos y del dinero público ¡Ya está bien se dice, y con razón de cosas antiguas y designaciones a dedo, con presupuestos de todos! Y se trata de algo que y no acabo de entenderlo bien, aunque ya saben que me gustan los atardeceres antiguos apoyan tanto los directores de museos (sic) como el Ministerio de Cultura (sic) Menos mal que Telefónica no depende del Estado y puede ser arbitraria adquiriendo obras cubistas, además de que con sus colecciones de arte pretende hacernos pensar y gozar, aunque sea desde posiciones intelectuales algo incómodas para los hábitos más tópicos, tanto antiguos como modernos. De izquierda a derecha, Composition (1922) de Albert Gleizes, y Composición cubista (1918) de Maria Blanchard porque haya podido ser contemporáneo del cubismo o los cubismos, que creo que tampoco, aunque esto me plantea más dudas. Tal vez se trate simplemente de que, como decía Valéry en 1891, quien entra y mira, deslumbrado por la obra sacada de un sueño, recupera inevitablemente heroicos recuerdos Y aquí, aunque tardíamente en la economía de este breve texto, regreso a la exposición de la colección cubista de Telefónica, comisariada por Eugenio Carmona. Son muchas las cuestiones planteadas, y más en el contexto antes dibujado. Por un lado, lo excelente y oportuno, en mi opinión de cubista por la que pido disculpas de consolidar una colección que se inició con obras de Juan Gris y que se ha continuado con la adquisición de pinturas de y se me perdonará el elenco, pero me parece, al menos para aficionados o nostálgicos de la heroica modernidad perdida, tanto política como estéticamente, del arte de vanguardia del siglo XX, interesante y sorprendentemente nueva en el panorama de las colecciones y museos de España R. Barradas, A. Gleizes, A. Herbin, A. Lothe, G. Valmier, M. Blanchard, A. Exter, N. Gontcharova, J. Torres- García, L. Marcoussis, J. Metzinger, e incluso los inesperados, pero razonables cubistas, M. Ángeles Ortiz, C. Lagar, D. Vázquez Díaz, X. Solar, Vicente Do Rego o J. Peinado, entre otros. Es decir, a los que De Chirico llamaría hijitos de Cézanne No sólo soy por lo escrito en esta ocasión, cubista, sino que vivo en un extraño cubo, cuyas aristas, volumen y forma no sé muy bien si son regulares o irregulares, tampoco sé lo que tiene este cubo que habito, no sólo metafóricamente, que no me deja saber si obedece a razones de orden, incluso al número de oro o a proporciones vagamente clásicas, incluso a cristalinas disposiciones diagonales, dramatizadas con colores y líneas oblicuos, entre expresionistas pero no puede ser y constructivistas casi tampoco pero también sé que tiene algo de purista, en el sentido de Le Corbusier y Ozenfant. Demasiadas cosas. Hasta ahora, la tradición de los tópicos y el orden impuesto por los museos norteamericanos y los manuales, del MoMA a tantos libros, me decían aunque siempre pensé que era un orden violento impuesto por los historiadores, el mercado y yo qué sé quienes decían que el cubismo verdadero, el cierto, como ahora el arte emergente, era cosa de dos, a lo más de tres (Picasso, Braque, Gris... y lo demás era cuestión de artistas periféricos, epígonos, usurpadores, gente menor que no entendía bien las cosas, desde el tardío y masón Gris a los futuristas, de Gleizes a la arquitectura cubista checa, de un inadecuado Duchamp, casi primitivo como para olvidar al purismo de Le Corbusier pintor y de Ozenfant, y tantos otros, incluso hasta casi coincidir con los clásicos del retorno al orden, entre los que se encontraban el mismo Picasso y Gris y este último rayando en la obsesión por los números armónicos. Epígono rescatable Pues no. No era así, como pensaba tímidamente y confirma esta exposición de la colección cubista de Telefónica. El cubismo no sólo fue cosa de dos y circunscrita a unos años precisos, origen y fin de su experiencia, con algún epígono rescatable: ¿Juan Gris? Es decir, que no fue un ismo más de las vanguardias, un lugar estanco, sino que fue, como últimamente se ha revisado, de C. Green a E. Carmona, una especie de arte clásico con sus clasicismos variantes y verdaderamente de vanguardia. Algo que, por otra parte, ya fue así percibido, aunque olvidado, por artistas, críticos, arquitectos e incluso historiadores ¡perdón por la intromisión, pero uno de ellos fue S. Giedion contemporáneos del cubismo, de Apollinaire a Gropius, de Gómez de la Serna a De Chirico, M. Raynal o, aunque no me crean, del mismo J. Sabartés, que sabía que el cubismo era cuestión de cosas guardadas en el bolsillo de Picasso o en los naipes de Braque. Pero es que, entre unos y otros, hicieron la historia, las castas de los museos, los políticos y el mercado. Por eso es tan importante esta exposición y la colección cubista de Telefónica, al menos para cubistas circunstanciales como yo mismo y alguno de ustedes. Propio de anticuarios Tanto temor tienen algunos a mirar hacia el pasado, hacia un arte por ejemplo, este del cubismo y sus entornos de casi cien años de antigüedad propio de anticuarios, se ha dicho y así debe ser que las renuncias son insólitas, y tanto miedo tienen a no ser verdaderamente contemporáneos o feriantes de lo nuevo (como en ARCO) es decir, a no cumplir éticamente con lo que ahora debe ser y se trata de asuntos tan sustanciales como la atención a lo emergente y a la otredad, no vayamos a perder de nuevo el paso de ser actuales y repetir viejos errores que lo que haya ocurrido ya pasó, porque el cubismo es, sin duda, propio de cubistas, como el arte egipcio o griego es propio de egipcios y griegos, como también deben ser y según parece, son, los que absurda, mente se interesan por ellos. Así que, en esta ocasión, debo parecer cubista ¡vaya, que lo soy! Y no porque haya vivido atardeceres antiguos, que no, ni Menos mal que Telefónica puede ser arbitraria adquiriendo obra cubista, además de que con sus colecciones pretende hacernos pensar y gozar Delfìn Rodríguez 33 Blanco y Negro Cultural 19- 2- 2005