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EL OTRO LADO DEL QUIJOTE Libros ¿Una obra grande, genial y deslumbrante? Sí, pero también cruel. Don Quijote es, en palabras de Andrés Ibáñez, una larga retahíla de burlas y bromas soeces dentro de una larga tradición literaria de sátira Un rincón para la disidencia H ANDRÉS IBÁÑEZ famosamente contra la brutalidad de un libro al que califica de viejo y bárbaro También Erich Auerbach tiene cosas muy poco amables que decir sobre la obra maestra de Cervantes: para él, Don Quijote es sobre todo una obra cómica, y sería un error entender a sus personajes principales desde una perspectiva simbólica o trágica. Cervantes no pretende representar las complejidades y contradicciones y partes oscuras de la realidad, dice Auerbach, porque el equivocado y el loco es Don Quijote, mientras que la realidad es como es y está bien como es. Podemos no estar de acuerdo con la interpretación de Auerbach y tacharla de grosera y excesivamente literal: lo cierto es que Don Quijote es una obra mucho más tosca de lo que se desprende de las emocionadas y levitantes exégesis que nos rodean por doquier, y no resiste la comparación con su odioso y ubicuo contemporáneo, Shakespeare. ACE algunos meses publiqué un artículo titulado El libro más bárbaro y cruel donde decía (donde me atrevía a decir) que Don Quijote es un libro que me desagrada profundamente. Este desagrado, por supuesto, nada tiene que ver con el juicio o la valoración. Creo que soy capaz de ver la grandeza de la obra de Cervantes, su genialidad, su originalidad deslumbrante y también su importancia histórica dentro del contexto no sólo de las letras europeas, sino de la formación de la psique moderna, pero a pesar de eso Don Quijote no me gusta, no me resulta un libro simpático ni atractivo y su lectura se me hace áspera y desagradable. Igual que a Nabokov y a Henri de Montherlant, me desagrada profundamente la crueldad de Cervantes. Decir, en respuesta a esto, que la vida es cruel, o que Shakespeare también es cruel, o que la vida en el siglo XVII era cruel, no es decir mucho. La vida no es de ninguna manera: es cruel a veces y es generosa en otras ocasiones. Existe Lear, pero también existe Cordelia. Existe Segismundo, pero también Rosaura. En cuanto a la crueldad de Shakespeare, hay que decir que es de signo muy distinto a la de Cervantes, porque Shakespeare hace sufrir horriblemente a Otelo, por ejemplo, pero le da una dignidad y una grandeza y un pasado, y unas aventuras, y un poder, y un amor, que Cervantes le niega sistemáticamente a su apaleado, humillado, vomitado y meado caballero. Hamlet es muy cruel con Ofelia, pero Shakespeare no es tan cruel con Hamlet: nos muestra la mezquindad, la obscenidad, la arrogancia, la manía obsesiva, la inmadurez emocional de su príncipe, pero también su inteligencia, su poesía, su tristeza, su amor, su confusión, su nostalgia. Francamente ilegible El último disidente quijotesco es Martin Amis, que en una recensión del libro de Cervantes recogida en La guerra contra el cliché afirma que Don Quijote es una gran obra de arte pero adolece de un pequeño defecto: que resulta francamente ilegible y tremendamente aburrido. También se queja Amis, como Nabokov y Montherlant, de las infinitas palizas de los coscorrones, porrazos y costillas rotas, de las humillaciones crueles y gratuitas, de la monotonía de gatos que arañan, toros que pisotean y cerdos que aplastan. Leer el Quijote dice Martin Amis, podría compararse con una visita por tiempo indefinido de tu pariente más anciano y más pesado He podido comprobar que en este mundo nuestro donde todo se cuestiona y a todo se da la vuelta, donde nada es sagrado y todo se desmitifica, donde todo está sujeto a la continua reevaluación y a la crítica, no está permitido de ningún modo criticar el Quijote, y que decir algo malo de la obra maestra de Cervantes es recibido con un halo de escándalo y casi un aroma de azufre demoníaco. Decir públicamente que no me gusta Don Quijote me ha hecho perder amistades, recibir serias reprimendas y ser el destinatario de cartas furibundas. Probablemente esta pasión tan unánime tiene ya poco que ver con la literatura. v Andrés Ibáñez es escritor Su últi. ma novela, La sombra del pájaro lira, ha sido publicada por Seix Barral. Derrota (2005) de Jaime de la Jara Nostalgia, amor y poesía Cervantes le niega todo esto a su pobre personaje, que no es más que un loco ridículo, y cuya nostalgia, amor y poesía no son más que la ocasión para otra de sus bromas soeces, la invención de Dulcinea, que no es en la realidad más que una labradora fea y marimacho, y también la grotesca historia de su encantamiento y desencantamiento, donde Cervantes se las arregla para transformar el idealizado rostro de luna de Dulcinea en las pálidas nalgas peludas de Sancho. Para que Shakespeare entrara en el curioso mundo de crueldad de Cervantes, Julieta debería ser una mozuela sucia y picada de viruelas, Desdémona una putilla que se acuesta con cualquiera y Ofe- Don Quijote es una obra mucho más tosca de lo que se desprende de las emocionadas y levitantes exégesis que nos rodean por doquier lia una labradora ordinaria que colecciona nabos y berzas en vez de flores. No, lo cierto es que la crueldad de Shakespeare nada tiene que ver con la de Cervantes. Don Quijote es en realidad una larga retahíla de burlas y bromas soeces, dentro de una larga tradición literaria de abuso de lo grande, de sátira contra lo elevado y de rechazo de la parte luminosa del mundo en nombre de un realismo de lo sucio y lo ridículo; la cúspide una cultura literaria donde la belleza, lo sublime y lo espiritual (pero también, como era de esperar, la belleza del cuerpo y la sensualidad) están siempre en entredicho, o bien se relegan a la influencia extranjera (italianismo, afrancesamiento) a lo que queda fuera de la literatura (mística) se condenan a la irrealidad total (esteticismo) o se califican, simplemente, de cursilería Para tonterías basta con la Biblia escribe Nicanor Parra en unos poemas recién publicados en los que arremete, un tanto a ciegas, contra Cervantes. La comparación es curiosa, y nos recuerda a la de Unamuno, para quien Don Quijote era, o debería ser, la verdadera Biblia de los españoles. Un rechazo más articulado de la poética cervantina lo hallamos en la obra de un hispanófilo tan destacado como Henry de Montherlant, a quien repelía profundamente la implacable crueldad de Cervantes, y también en las Conferencias sobre Don Quijote de Nabokov, donde el autor de Lolita y Risa en la oscuridad, dos de los libros más crueles jamás escritos, arremete 10 Blanco y Negro Cultural 12- 2- 2005