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gran pasión mientras que los molinos no son fuente de inspiración. En el positivismo el fundamen 12. colocadoconocimientonosotros, el to del es lo que está delante de positum; en el platonismo al contrario, el conocimiento tiene que medirse con lo suprasensible, con la Idea. Para el platonismo lo suprasensible es lo verdadero, en contraste con lo sensible que es un no ser o algo en camino a no ser o sombra del ser. Don los 13. ubica Quijote armadoyhastaemdientes de símbolos arquetipos, la realidad en la idea, pecinándose en imponerla sobre lo que se mueve y cambia, que para la naciente Modernidad constituirá la esencia de lo real. lla, dispuesto como nunca a porfiar hasta morir y a encontrar en su intimidad el amparo de la desesperación. de que en 19. Convencidoencontrado la aventura del barco encantado se deben de haber dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta se repliega al sagrario de su fondo insobornable y exclama desesperado: Dios lo remedie, que todo el mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más mundo invertido, en el 20. Ese lo asumido por el sentido que común salta fuera de quicio recuerda el concepto hegeliano de la filosofía como un mundo al revés, un verkehrte Welt o mundo trastocado. Historia de una palabra FRANCISCO A. MARCOS- MARÍN L de él un vigoroso discípulo de Platón, pero sin olvidar su contrario y a la vez complementario, un compañero de andanzas que ejemplifica no sin atenuaciones el sentido común y la sabiduría popular, contraste que impulsa el sorprendente y simbiótico desarrollo de ambos personajes. Cervantes 15. Sin proponérselo, misteriosa puso de relieve la estructura del ente percibido, en tanto éste pertenece, en cierto modo, a lo representado sin ser únicamente algo objetivo y confundiéndose, a la vez, con la intencionalidad del que percibe no siendo nada subjetivo Esta ambigua relación sirve al autor para dibujar el indeciso contorno de lo verosímil. El heroico hidalgo no cesa de acumular fracasos, terreno donde sutilmente fructifica la melancolía y el desengaño, estado de ánimo que se insinúa en la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, publicada en 1605, y que llegará a constituir la disposición fundamental del héroe en la segunda parte, impresa en 1615. libro de burlas, correspondiéndose burla, aventura y episodio. Así se va constituyendo la llamada primera novela moderna, como una inversión cómico- grotesca de los libros de caballerías y en su sentido más primordial de la materia épica. grotesco desenlace de las 22. Elque surge de la disparidad aventuras desencadena la carcajada entre el concepto y la realidad contingente. Estas situaciones tienden a encubrir la angustiosa brecha entre la idea y la realidad que caracteriza lo grotesco y en la que incuba nuestra condición metafísica. Y es que las mismas escenas que nos hacen reír o sonreír, nos producen dolor. Cuando descubre que los fan 23. carreta, que recuerdaviajando tásticos personajes en la la barca de Carón, resultan ser unos recitantes en camino a un pueblo cercano a representar el auto de Las Cortes de la Muerte, reconoce una verdad que ya no le dejará: y ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño escribir 24. Cervantesy, se propusonada fueuna novela en la que se inverosímil a la vez, crear extrañas y absurdas situaciones que rozasen, sin traspasarlo, los confines de lo verosímil. Don Quijote se mueve entre lo ordinario y usual y lo inusual y extraordinario, entre la existencia y la esencia. El protagonista en su locura no pierde la capacidad de instalarse en el asombro. El lector podrá deslizarse por la vertiente cómica o por la metafísica, o por ambas. El autor quizás entendiese esta cuestión a su manera cuando escribió que los sucesos de don Quijote se han de celebrar con admiración o con risa v Antonio Regalado es autor de Calderón. Los orígenes de la modernidad en la España del Siglo de Oro (Destino) Un rasgo más del humor de Cervantes, llamar a su héroe con el nombre de una anticuada pieza del atuendo del caballero andante 16. Consideración burlesca Pese a esa antigüedad, la palabra ha sido parca en derivados, hasta época reciente. Se forman a partir de la figura caballeresca y siempre con consideración burlesca, negativa. En 1614, afirma Quintana en su Cervantes, Villegas llamó quijotista a don Miguel, iniciando la serie. El propio Cervantes la continúa, al utilizar quijotada, en la Segunda Parte, en tono de burla, para referirse a las locuras de su héroe. Para quijotesco es preciso esperar mucho más, y no se puede poner en duda su sentido totalmente peyorativo, si se considera la obra en que aparece, el Arte de putear, de don Nicolás Fernández de Moratín: galantear al modo quijotesco es lo que contrapone el caballero dieciochesco a la facilidad con la que se accede a una mozuela a cambio de unos dineros, entre 1771 y 1777. Diez años después será Tomás de Iriarte (El señorito mimado) quien hable de lances quijotescos, devolviendo el adjetivo a la esfera de la caballería andante. Moratín hijo, Leandro, parece ser el introductor de la palabra quijotismo, también peyorativa, en carta de 1792, en la que critica las comedias representadas entonces, por su relaxación de costumbres, ideas falsas de honor, quixotismo, osadía, desemvoltura, inobediencia a los magistrados, desprecio de las leyes y de la suprema autoridad el conjunto indica claramente lo que su autor interpretaba de Don Quijote. Blanco White, en los Diálogos argelinos de 1813, la lleva a otra esfera al hablar del quijotismo eclesiástico, en su crítica del celibato. Notable pervivencia de la relación de quijotes y sexto mandamiento. La historia de las palabras y las cosas tiene sus ironías. Nada hay más parecido, en época moderna, a esa evolucionada pieza del vestido a partir de la protección del muslo que la prenda deportiva que padecieron muchas jóvenes de la posguerra española en sus manifestaciones gimnásticas y deportivas, los llamados pololos, los cuales, precisamente, se inventaron como un poderoso antídoto contra la lujuria. Menos mal que las damas de la Sección Femenina no fueron conscientes de que podían haberlos llamado quijotes. v Francisco A. Marcos- Marín es catedrático de Lingüística. 17. Don Quijote no logra encontrar una adecuación entre su representar y lo representado, evaporándosele, como por ensalmo, la certidumbre de la que ha partido contundente en busca de la aventura: los gigantes se le trasforman en molinos, los castillos en ventas, los ejércitos en rebaños, unos supuestos secuestradores en procesión rogativa de penitentes, el yelmo de Mambrino en bacía de barbero, el caído Caballero de los Espejos en su vecino Sansón Carrasco y, en fin, su adorada Dulcinea en una zafia aldeana. 1615, donde 18. En ellaQuijote de se iráprolifereina contingencia y ra la entropía, el héroe replegando al sagrado de su conciencia. A prueba de desengaños, el de la Triste Figura abrazará la condición humana como una absurda pesadi- 9 Blanco y Negro Cultural 12- 2- 2005 Don Quijote 2 (2005) de Roberto Coromina autor, difícil 14. aElsu criatura dede fichar como 21. El Quijote de los libros típicas invierte las idealista o como realista aventuras de cadota una poderosa ballerías, adoptando la forma de un capacidad de idealización, haciendo A palabra quijote es una forma antigua en español (el primer registro conocido la sitúa en el siglo XIV en el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita) La primera mención documentada de los quijotes aparece en sus versos contra los pecados capitales: Ligeramente podremos la Loxuria refrenar: con Castidat e con Çiençia podremos nos escusar: Spíritu de Fortaleza que nos quiera ayudar: con estas brafuneras la podremos bien matar; quixotes e cañilleras de santo sacramento, que Dios fizo en Paraíso, Matrimonio e Casamiento Un quixote era una pieza de protección de los muslos, que en latín se dice coxa. Se trataba de piezas de malla o metálicas, como bandas, que cubrían esa zona. Su sustitución por caras cintas de seda sobre calzas abombadas da lugar a esa típica prenda de vestido que se aprecia en numerosos retratos del siglo XVI. (La onza de seda, 31,103 g, costaba cien maravedíes a finales del siglo XV lo mismo que una vara, 0,866 m, de holanda) En época de Cervantes era ya una prenda arcaica, un rasgo más del humor cervantino, que llama a su héroe con el nombre de una anticuada pieza del atuendo del caballero andante. El último ejemplo precervantino, de 1590, con ese sentido armamentístico, es de El perfecto capitán, de Diego Álava de Viamont.