Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
cientos de arbitrios, y continúa, todos en provecho suyo del rey y sin daño del reino como exigía Felipe II; ahora tengo hecho un memorial donde le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio que tengo como era uso y costumbre; que ha de ser la total restauración de sus empeños coletilla genial en estos escritos. En fin, el sentido del humor de Cervantes aflora, porque él sabría bien qué decía, por lo que me ha sucedido con otros memoriales, entiendo que éste también ha de parar en el carnero Uno de los miedos de los arbitristas era que su genial idea, al hacerse pública, se la robaran los examinadores reales. Y dice, casualmente, el parlanchín: aunque mi arbitrio quede desde este punto público, le quiero decir, que es éste Y Cervantes pone un arbitrio propio disparatado en boca ajena (de la manera satírica como nos advirtió Jean Vilar que los trataron nuestros literatos del Siglo de Oro) Hase de pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez en el mes a pan y agua y que todo el gasto que en otros condumios de fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres que han de gastar aquel día, se reduzga a dinero, y se dé a Su Majestad y con esto, en veinte años queda libre de socaliñas y desempeñado. Porque si se hace la cuenta, como yo la tengo hecha, bien hay en España más de tres millones de personas de la dicha edad, fuera de los enfermos, más viejos o más muchachos, y ninguno déstos dejará de gastar, y esto contado al menorete, cada día real y medio; y yo quiero que sea no más de un real, que no puede ser menos, aunque coma alholvas Y esto antes sería provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno agradarían al cielo y servirían a su Rey; y tal podría ayunar que le fuese conveniente para su salud. Este es arbitrio limpio de polvo y de paja, y podríase coger por parroquias, sin costa de comisarios, que destruyen la república La escena acaba todo como era de esperar: Riyéronse todos del arbitrio y del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates pero pocas veces hemos caído en la cuenta de que la aseveración siguiente puede ser un tácito recuerdo autobiográfico más, de los que abundan por sus escritos: y yo quedé admirado de haberlos oído Quijote citado antes, pone en boca de uno de sus personajes esta afirmación: Que si yo fuera Rey me excusara de responder a tanta infinidad de memoriales impertinentes como cada día le dan Y, en fin, se hace eco de una de las cuestiones sociales latentes en el mundo social y fiscal de entonces: Si ese arbitrio se pudiera o debiera poner en práctica, y por dineros, ya se hubiera hecho (El juez de los divorcios, v, 221) Así que he de concluir estas páginas rememorando los dos arbitrios más interesantes de Cervantes. Uno, espectacular (y tan usado hoy en día) es del Juez de los divorcios, cuando dice Mariana: MARIANA. Déjeme vuesa merced llorar, que con esto descanso. En los reinos y en las repúblicas bien ordenadas, había de ser limitado el tiempo de los matrimonios, y de tres en tres años se habían de deshacer, o confirmarse de nuevo, como cosas de arrendamiento; y no que hayan de durar toda la vida, con perpetuo dolor de entrambas partes. S t (2005) de Rafel G. Bianchi Lo real y su representación JEAN CANAVAGGIO L Quijote no fue considerado, en la España de su tiempo, un prototipo de lo que iba a ser más tarde la novela moderna. Hubo que esperar al siglo XVIII y más aun, al XIX, pa, ra que se convirtiera en un texto fundador: un texto donde, en vez de contar desde fuera lo que le ocurre a la figura literaria, se le da por primera vez el don de la palabra y con él, la capacidad de usar libremente de ella, recreando así el movimiento por el que se inventa a medida que vive los acontecimientos. Este valor canónico queda establecido después del romanticismo, en tanto que se revela la aguda conciencia que tuvo Cervantes de los fines perseguidos por la narrativa aurisecular. En efecto, corre a través del Quijote un cuestionamiento de la verdad de los libros que se cifra, en primer lugar, en el propósito del ingenioso hidalgo, cuya locura resulta ser el fruto de una lectura desarreglada de los libros de caballerías, fábulas mentirosas que ya no se casan con el entendimiento de los lectores. Por las mismas fechas, la figura del pastor, consagrada por el éxito de la Diana, había venido a relevar a la del caballero. Aunque Cervantes, en sus comienzos, aprovechó a su modo el descubrimiento, iniciado por Montemayor, de la intimidad y de la introspección amorosa, el Quijote no se mantiene en la línea de La Galatea. Pero no por ello se despeña por la pendiente de la sátira que nos ofrece Berganza, en El coloquio de los perros, de aquellas cosas soñadas y bien escritas para el entretenimiento de los ociosos Los episodios bucólicos de las dos partes de la novela, desde la historia trágica del estudiante Grisóstomo hasta el sueño que abriga Don Quijote de hacerse pastor, después de su derrota, son otros tantos acercamientos al universo pastoril que cobra nuevo cariz y aliento al ponerse a sí mismo en tela de juicio. Por fin, el tercer arquetipo, el del pícaro, creado por Mateo Alemán en la bisagra de los dos siglos de oro, no llega a penetrar la narrativa cervanti- Falta de dinero El otro, dicho en broma, pero que seguro que era muy serio, porque formaría parte del aluvión de escritos de reforma del régimen municipal, sería el de la existencia de proto- alcaldes expuesto en la Elección de los alcaldes de Daganzo, cuando Pandero habla, es que podrá servir de arbitrio para Su Jamestad; que, como en Corte hay potra- médicos, haya potra- alcaldes lo cual es explicado por Algarrobo: Digo que, pues se hace examen de barberos, de herradores, de sastres, y se hace de cirujanos y otras zarandajas, también se examinasen para alcaldes; y al que se hallase suficiente y hábil para tal menester, que se le diese carta de examen, con la cual podría el tal examinado remediarse; que hay hogaño carestía de alcaldes de caletre en lugares pequeños casi siempre Y no digo más. Cervantes, entendido dentro del arbitrismo, vuelve a sorprendernos por su originalidad, por su presencia social, por lo bien que conocía su mundo y las ganas que tenía de estar y ser en él. Nada de esoterismo ni comparaciones barbáricas; nada de qué quiso decir, pero no lo dijo, nada de La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra hermosura... (Quijote, I- i) Entonces, ¿por qué nunca compró un oficio de escribir de los muchos que salieron a la venta en la España de Felipe II? Sencillamente, porque no tenía dinero y porque como era autodidacta, no tenía formación reglada Y para terminar, antes de que se me olvide, un ruego: ¡no confundamos limpieza de sangre con nobleza; ni tengamos unas testificaciones por carta ejecutoria de hidalguía! v Alfredo Alvar Ezquerra es académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, investigador del CSIC y autor de Miguel de Cervantes. Biografía del genial autor del Quijote (Temas de Hoy) E na, a pesar de ser ubicado en un hic et nunc que pretende ser el espejo de nuestro propio mundo. Basta recordar, al respecto, la manera con que Ginés de Pasamonte marca su diferencia con Guzmán de Alfarache, expresando de este modo su disconformidad frente a una supuesta autobiografía que el protagonista- narrador alemaniano remata con una conversión sospechosa, antes de sacar de antemano la lección de una vida que no está acabada. Juego de cajas chinas Al relato cerrado de la pastoral o de la picaresca el Quijote opone un relato abierto, asentado en una serie de protocolos que determinan sus rasgos diferenciadores: la transformación de un hidalgo de aldea en caballero andante, la cual le permite acceder motu proprio a la existencia literaria; la relación oblicua que mantiene con sus modelos una aventura ambientada en una realidad concreta que la fundamenta y desmiente a la vez; la entrada en escena de Sancho Panza y el contraste de pareceres que establece con su amo, al hilo de sus encuentros y desencuentros con una constelación de figuras de toda índole; las intervenciones de Cide Hamete Benengeli, cronista de las hazañas del caballero, detrás del cual Cervantes se nos desliza, acrecentando la impresión de vida de sus personajes; por último, el juego de cajas chinas que nace del desdoblamiento de perspectivas entre, por un lado, la primera y la segunda parte de la novela y por otro, entre la con, tinuación apócrifa de Avellaneda y el Quijote auténtico. Así se va construyendo el espacio en el cual ha sido aplicado, por primera vez, el principio según el cual, cuanto más el personaje se obstina en enfrentarse al mundo, más se esconde o se resiste éste, ahondando así el abismo, trágico o cómico, entre lo real y su representación. v Jean Canavaggio es hispanista. Autor de Cervantes (Espasa) De noche hurtamos De haberlos oído ¿mientras les daba forma según la técnica de presentación de arbitrios? Porque esa no es ni la única alusión a los arbitristas, ni el único arbitrio en las obras de Cervantes. Hay más. Por ejemplo, en El Quijote (II- iii) leemos que Tiene mostrado la experiencia que todos o los más arbitrios que se dan a Su Majestad, o son imposibles, o disparatados, o en daño del Rey o del Reino La pre, vención explícita e implícita hacia los arbitristas es evidente (La gitanilla; entonces se hablaba indistintamente de dar arbitrios o dar avisos) De día trabajamos y de noche hurtamos, o por mejor decir, avisamos que nadie viva descuidado de mirar donde pone su hacienda En el mismo pasaje del 7 Blanco y Negro Cultural 12- 2- 2005