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EL OTRO LADO DEL QUIJOTE Libros De Cervantes sabemos mucho, pero son también muchas las preguntas referentes a él que siguen sin respuesta. Alfredo Alvar las contesta, mientras que Jean Canavaggio destaca la modernidad del Quijote Hubo otra vida en Cervantes N ALFREDO ALVAR Embargos y préstamos Sevilla, Andalucía, embargos y préstamos. No es de extrañar que tanto dinero pasara por sus manos que acabara aficionándose haciéndose a él, a su trato y contrato, a las infinitas formas de moverlo en efectivo o fiduciariamente en aquella opulenta, dinámica, tradicional y contradictoria España. Y lo hizo a pesar de ser español, católico y ex soldado del Rey... y que me perdonen Weber y sus calvinistas. Hace tiempo que nos lo avisó Jean Canavaggio en un importante artículo en Torre de los Lujanes (1997) a su entender, y tras estudiar con detenimiento el proceso del caso Ezpeleta, comoquiera que Cervantes hubiera trabado amistad con un Simón Méndez, recaudador de los diezmos de la mar entre Castilla y Galicia, hombre del trapicheo contable, de orígenes portugueses, le dio que pensar en que Cervantes vuelve a sorprendernos por lo bien que conocía su mundo y las ganas que tenía de estar y ser en él Cervantes se dedicó a ese mundo del dinero. Estoy de acuerdo con él, porque ¿de qué hablarían ambos Méndez y Cervantes en aquel Valladolid cortesano? ¿de Belianís de Grecia, o de las fuentes literarias del Amadís? No. En verdad de lo que hablarían sería de letras de cambio y de cartas de obligación y de que si con este prestamista se estaba a mejor resguardo que con otro; y hablarían de quiebras y alzas, porque Cervantes vio a lo largo de su cientos de papeles de esos. No hay duda: debió manejar dinero ajeno y supo cómo moverlo. Su vinculación con el mundo de los dineros no acaba ahí. También es posible que sobreviviera en la Corte como escribiente, que él diera forma a las ideas ajenas, según las normas de palacio, porque sus entendederas eran mayores que las de otros. En efecto, cuando el arbitrista habla, Cervantes pone en su boca toda la técnica que empleaban para elevar escritos al rey: Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios... (Coloquio de los perros, 683. Uso la ed. de F Sevilla) dice el personaje, como dicen 6 Blanco y Negro Cultural 12- 2- 2005 S t (2 005) de Ra fel G. Bianc hi O, no voy a hablar de nada escabroso de Cervantes buscando algún titular o el reconocimiento de algún foro social. Sencillamente quiero, desocupado lector, exponerte algunas ideas que me han surgido de la lectura de textos recientes sobre Cervantes, de los suyos propios, de cientos de manuscritos conservados en el Archivo General de Simancas (en Valladolid, ¿y por qué sigue sin ser desmembrado si es el archivo de un Imperio? Voy a hablarte de en qué creo que ocupó su vida Cervantes en Madrid y en Valladolid, en los tiempos que, escasos los dineros, tenía que sobrevivir con algo. De Cervantes sabemos mucho, mucho más que de otras personas, pero lo que sepamos será siempre insuficiente porque él nos despierta una infinita curiosidad. A mí me ha ocurrido: ¿con qué llenó sus interminables tiempos muertos? ¿cómo armó la mente para sobrevivir a las soledades de aquellos trece años en Andalucía entre tanto campesino y oligarca de pobre formación? porque en los baños de Argel, que no eran relajantes baños turcos precisamente, sabemos que entabló amistad con decenas de escritores, criados reales, soldados y demás, con los que habló de todo, de creación literaria también, y de cómo fugarse. ¿Qué hacía a diario en Sicilia o en Nápoles cuando no estaba en combate? Porque Cervantes estuvo cinco años sirviendo a Don Juan de Austria en las galeras de Italia, y otros cinco cautivo, y más de un lustro embargando vituallas para las armadas regias por el sur de España y... casi he citado en un renglón ¡25 años de vida de una persona!