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Libros Fernando Pessoa El otro lado del Quijote Los aniversarios suelen provocar avalanchas de celebraciones de muy diverso tipo, en las que, por lo general, se orea el surtido de viejos tópicos almacenados desde la última ocasión. En este año tan abrumadoramente cervantino, Blanco y Negro Cultural intenta apartarse de los camino trillados tantas veces y por tantos, y aproximarse a esa obra inmensa de manera distinta, entablar con ella un diálogo, dibujar su huella viva y hurgar en sus disidencias. Un viaje al otro lado del Quijote La letra de la locura FÉLIX ROMEO E N el Quijote de Avellaneda, Don Quijote consigue escapar del manicomio de Toledo y seguir vagando en solitario por los bosques. El primer lector loco después de Don Quijote fue, curiosamente, Don Quijote. Avellaneda consigue así adelantarse a Pierre Menard, que también estaba atacado por cierto tipo de trastorno. Pero antes de Don Quijote existía ya en la literatura, y en el imaginario colectivo, la idea del lector loco. El Entremés de los romances cuenta la historia de un labrador, Bartolo, que se vuelve loco leyendo el Romancero e imita las hazañas de sus personajes. Bartolo se decide a imitar las acciones de los grandes héroes, asumiendo la personalidad de un caballero morisco. Bartolo intenta defender a una pastora molestada por un pastor, pero el pastor le espanta a palos. Bartolo culpa a su caballo de la caída y de la posterior derrota. Luego recita el Romance de Valdovinos y más tarde un vecino le lleva a su aldea. Hay dudas sobre la datación del Entremés de los romances: no se sabe si es anterior o posterior al Quijote. Lo sea o no lo sea, lo cierto es que el lector loco se había instalado en el imaginario europeo tiempo atrás, en 1494, con el libro de versos de Sebastian Brant La nave de los locos, ilustrado por Durero. Lo cuenta Alberto Manguel en Una Historia de la lectura: en un grabado del libro de Brant aparece una persona que lleva puesto un gorro de dormir (para ocultar las orejas de burro) y cuelga tras él un gorro de bufón con campanillas; en la mano derecha empuña un plumero para aplastar las moscas que se posen sobre sus libros. Es el loco de los libros, cuya locura consiste en enterrarse entre libros El propio Cervantes volvió a elegir a un perso- naje loco por los libros, Tomás, para protagonizar El licenciado Vidriera, una de sus Novelas ejemplares. No hay una conexión directa entre la lectura obsesiva de Tomás, que prefiere sin duda al cortejo de una dama enamorada, y su conversión en hombre de vidrio pero lo cierto es que no parece que los libros le despertaran el seso sino que, más bien, se lo calentaran. El siglo XVIII también es fértil en lectores trastornados. O más bien, lectoras. Una lectora entusiasmada con los romances heroicos franceses es Arabella, protagonista de La Mujer Quijote, la novela de Charlotte Lennox, que confunde la realidad de las princesas de la ficción con su propia vida. En Sleepy Hollow, relato de Washington Irving descaradamente cervantino, la joven protagonista, de la que está enamorado el joven héroe, afirma que su 4 Blanco y Negro Cultural 12- 2- 2005 Gigantes y o molinos (2005) de Fernando Renes J. Boto Los círculos de noviembre, de Julio Manuel de la Rosa Animales sueltos, de Hannah Tinti