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Cita internacional El Museo de Orsay de París tiene el privilegio de organizar la primera gran retrospectiva europea dedicada a Alfred Stieglitz y su círculo artístico, un autor al que también rendirá homenaje en febrero el Museo Reina Sofía de Madrid Nueva York y el arte que vendrá L Museo de Orsay presenta la primera gran exposición consagrada en Europa a la obra inmensa de Alfred Stieglitz (1864- 1946) y su círculo de amigos, artistas, que jugaron un puesto capital entre 1905 y 1930 como puente e intermediarios entre los creadores de ambas orillas del Atlántico. Esa faceta ya sería capital, puesto que Stieglitz jugó un papel eminente en la presentación en la Costa Este de Cézanne, Picasso, Matisse y Duchamp como animador de una diminuta galería de veinticinco metros cuadrados, en la Quinta Avenida neoyorquina. La obra misma de Stieglitz ocupa un puesto central entre las de los patriarcas fundadores de la fotografía contemporánea. Sus trabajos como marchante y agitador de revistas de arte (fotografía) son una encrucijada en la que insisten todos los especialistas de las relaciones artísticas trasatlánticas. Su doble condición de actor e historiador de arte fotográfico ocupa una posición crucial: él introdujo en Nueva York las tendencias vanguardistas europeas, y gracias a él, el MoMA neoyorquino creó la primera colección de fotografía de una gran museo universal. Por último, su relación con la pintora Georgia O Keeffe (1887- 1938) amante, musa, esposa y legataria es un capítulo significativo de la Historia del arte americano. Más allá de tales facetas complementarias, esta exposición nos ayuda a repensar el puesto mismo de Nueva York en la Historia del arte. Nadie duda que el París de Picasso fue la capital del arte moderno hasta las vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Viena y Berlín pueden disputarse el puesto de majestuosos balcones desde donde se contempló de manera muy privilegiada el hundimiento fáustico de todos los fundamentos del antiguo arte de nuestra civilización. A partir de los años cincuenta del siglo pasado, los grandes críticos norteamericanos comenzaron a reivindicar para Nueva York el puesto de nueva metrópoli artística mundial. Clement Greenberg, Robert Coates y Harold Rosenberg acuñaron expresiones como nueva pintura americana abstracción pictórica action painting o expresionismo abstracto E Vista de la bahía de Nueva York tomada por Stieglitz. Al a izquierda, el Flat Iron Una nueva patria Sin embargo, hoy sabemos que tan grandes vanguardias difuntas solo fueron una prolongación agonal de las antiguas vanguardias europeas, devoradas con pasión por los maestros americanos, por Gorky o Rothko. El suntuoso legado fotográfico de Alfred Stieglitz pone de manifiesto que Nueva York había comenzado a convertirse en patria de muchas de las artes que vendrían varias décadas atrás. Que el MoMA neoyorquino, la meca definitiva del arte resueltamente contemporáneo, crease su legendaria sección fotográfica en 1940 subraya la evidencia. Hollywood ya era la gran Babilonia de una de las artes mayores nacidas con el siglo XX. Nueva York, sus primeros rascacielos, su vitalidad, energía y condición de crisol de culturas, artes y tecnologías, acogieron en su seno saturnal las semillas de un arte fotográfico que las guerras civiles entre los pueblos europeos precipita con frecuencia (Capa, Hobst, Newton, Nestor Almendros) en el destierro trasatlántico. Hubo grandísimos fotógrafos alemanes (donde Berlín y la Bauhaus ocupan un puesto central) ingleses, italianos, españoles y franceses. Y París fue durante unos años la capital de un cierto exi- Su doble condición de actor e historiador fotográfico ocupa una posición crucial: él introdujo en la Gran Manzana las tendencias vanguardistas europeas, y, gracias a él, el MoMA creó la primera colección fotográfica de un gran museo lio que impuso nuevos rumbos al arte fotográfico. Baste recordar el París nocturno de Brassaï, las señoras de Lartigue o los trabajos de CartierBresson. Pero es en Nueva York, tras su experiencia berlinesa, donde Alfred Stieglitz, hacia 1902 (The Flat Iron, la foto del primer rascacielos, cumbre de la escuela pictorialista en abierta competencia con los últimos flecos impresionistas) convierte la gran metrópoli contemporánea en paisaje y humus cultural de un arte nuevo. Mientras, las antiguas artesanías del pincel siguieron la ruta agónica que les correspondía, y la muerte misma del antiguo canon vanguardista abrió un abismo desconocido. Las revoluciones técnicas permitieron al cine y a la fotografía desbrozar inmensos campos inexplorados. A través del vídeo y de las disciplinas numéricas, el arte nuevo aventado por Stieglitz y su círculo en el Nueva York de principios del siglo XX continúa cabalgando hacia el futuro, hablándonos, quizá, del arte que vendrá, amenazado por los demonios que ya perdieron a otras disciplinas artísticas. Juan Pedro Quiñonero Alfred Stieglitz. Nueva York y el arte moderno Museo de Orsay. París. 62, rue de Lille. Hasta mediados de enero 33 Blanco y Negro Cultural 8- 1- 2005