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Un Godoy reivindicado GODOY. LA LEALTAD DE UN GOBERNANTE ILUSTRADO Enrique Rúspoli Prólogo de Gonzalo Anes Temas de Hoy. Madrid, 2004 471 páginas, 20 euros tener que vivir en esa dilatada existencia destierro, soledades, reveses, penalidades y toda una larga lista de deslealtades y abandonos personales, familiares, que le llevaron a expresar la queja que se lee en una carta suya fechada en 1819: Nadie me busca si no necesita mis auxilios La historia de Godoy que nos cuenta Rúspoli es, tanto en el terreno político como personal, una terrible y apasionante crónica de lealtades y deslealtades, de amores y odios, propios de una tragedia griega. Desde dentro En este libro se dan, en mi opinión, un conjunto de cualidades y de atractivos que lo adornan. En primer lugar, se trata de un estudio de un Godoy desde dentro utilizando el término orteguiano que el filósofo usaba cuando pedía el estudio de un Goethe auténtico tratando de alcanzar la visión más profunda de la biografía individual y utilizando para ello, como fuentes, los escritos de Godoy, especialmente sus Memorias, así como escritos o correspondencia de otros personajes de su época relacionados con el político. En segundo lugar, el método de exposición utilizado que posiblemente constituya lo más original del estilo de esta biografía consistente en que, aparte de las reflexiones narrativas del propio autor, muestra al lector en forma dialogada el profuso y denso material recopilado, documentos políticos y notariales, cartas personales y memorias, construyendo con el rigor de esas fuentes una especie de diálogos virtuales, lo que da una carga de emotividad a la lectura. Es de tal modo, que se podría calificar a esta biografía como de figura académico- literaria, en la que se conjuga rigor, tensión argumental y amenidad. Este método lleva al autor a un engarce entre la macrohistoria la de las tendencias y acontecimientos generales de la época, y la microhistoria la de los detalles más locales y personales, en este caso no sólo la del personaje Godoy, sino también aparte de la de sus controvertidas relaciones con los Reyes Carlos IV y María Luisa la de toda una pléyade de personajes que rodean la vida y peripecias del Príncipe de la Paz, como su primera mujer, la condesa de Chinchón, su amante y luego segunda mujer, Pepita Tudó, sus hijos y demás parentela, amigos, y protegidos o enemigos políticos, delineando con todo ello un retrato vívido de aquella época liminal entre el fin del Antiguo Régimen y las sociedades de clase liberales; aquel tiempo que le tocó vivir a Godoy en el que se derrumbaron las perpetuidades como señala Gonzalo Anes en el excelente prólogo que escribe impregnado de un fino oído histórico Difícil engarce, el del tiempo público y el tiempo privado que cuando se consigue y en mi opinión, lo hace con habilidad el autor da como resultado biografías ya canónicas como la del emperador chino K ang- Hsi por Jonathan Spence o, más novelada, la del emperador Adriano por Marguerite Yourcenar. La biografía se inicia con la autojustificación del propio Godoy para la escritura de sus Memorias, que a la vez y sobre todo son un descargo de la acción política del reinado de Carlos IV para conseguir la victoria de la ver, dad de su vida sobre las calumnias: La Historia no se escribe imparcialmente hasta pasados muchos años, cuando ya han muerto las pasiones que anublaban la verdad de los sucesos... Y así fue, pues comenzó a escribir sus Memorias en 1835, sólo tras la muerte de Fernando VII, su enemigo feroz, cumpliendo la promesa que había hecho a Carlos IV de no escribir ningún libro de defensa mientras vivieran el propio Rey y su hijo Fernando, lo que llevó al Príncipe de la Paz al sacrificio de guardar silencio durante treinta años, prueba de una lealtad a sus protectores los Reyes, que en opinión de Rúspoli sería el eje fundamental de su vida, lo que queda condensado en el subtítulo de este libro: La lealtad de un gobernante ilustrado. A modo de flashback La exposición cronológica de la biografía es también especial, en la medida en que la secuencia se inicia con el momento del clímax de máximo poder de Godoy y su posterior caída, para luego, a modo de flashback cinematográfico, volver al origen de su carrera política como jovencísimo guardia de Corps y el proceso de su exaltación a los más altos cargos y títulos del país, entre otros el de Generalísimo y Almirante General de España e Indias, para acabar, en una tercera parte, con el relato del difícil destierro en el que vivió durante más de cuarenta años. La naturaleza le concedió a Godoy una larga vida hasta los ochenta y cuatro años, sobreviviendo a Fernando VII, que era diecisiete años más joven que él, y así llegar a escribir su verdad frente a calumnias y falsedades, pero también la maldición de Clavado (1994) de Anne Gardiner ÍD, oíd lo que los hombres han hecho pedía Eugenio d Ors. Máxima que, con piedad histórica, sigue Enrique Rúspoli en este libro, intentando oír la verdad de ese complejo personaje histórico que fue Manuel Godoy una de las figu, ras más polémicas de la historia de España. Tarea hermenéutica no sencilla, que el autor resuelve a través del quevediano escuchar con los ojos a los muertos con la lectura e interpretación de las Memorias y otros escritos y cartas de Godoy, así como de otros personajes de la época. Si se da por cierto lo que Ortega señalaba de que en España se han escrito pocas biografías debido a la falta de interés por el prójimo, un personaje destacado que habría sufrido esa especie de maldición sería sin duda Godoy Déficit que se ha reparado en parte en los últimos tiempos, con estudios como, entre otros, el reciente de La Parra, y que, ahora, queda cumplidamente redimido con esta magnífica biografía escrita por Rúspoli. O Baile trágico y grotesco En el tracto de esa prolongada vida que va de 1767 a 1851, se van engarzando los principales avatares y hechos que vivió Manuel Godoy enmar, cándolos en los decisivos y terribles acontecimientos que por entonces vivía España y Europa entera. Así, la conjura de El Escorial, el motín de Aranjuez o los vergonzosos hechos de Bayona, y en esa amalgama, la figura y el poder de Napoleón, con su baile trágico y grotesco de reinos y principados en Europa. La apuesta que hace Rúspoli en relación con la postura de Godoy ante los designios napoleónicos hacia España, uno de los asuntos más controvertidos de su vida política, se escora más hacia la idea de que él tuvo una clarividente visión acerca de lo artero de los mismos, frente a las críticas en sentido contrario de los enemigos del Príncipe de la Paz. Una de las conclusiones que se sacan de este libro, desde el punto de vista historiográfico, es la de una valoración más objetiva del reinado de Carlos IV siempre que no se desenfo, que el análisis al no tener en cuenta el que aquel reinado, y dentro de él la responsabilidad política de Godoy durante gran parte del mismo, comienza justo en 1789, con el inicio de la Revolución francesa, que iba a conmocionar a toda Europa y a condicionar su vida política. Valoración más objetiva, porque lo que hace Rúspoli es exponer el resultado de una serie de medidas adoptadas en diferentes ámbitos, teniendo en cuenta que gran parte de ellas con resultado positivo para el progreso del país, fueron iniciativas del Príncipe de la Paz. La rehabilitación completa de Godoy se formalizó en 1847, ya en el reinado de Isabel II, cuando él tenía ochenta años de edad y cumplía casi cuarenta de destierro. Pero, pese a esa rehabilitación formal, como escribe Enrique Rúspoli, su mala imagen se había hecho costra en los tópicos de la historia Con este libro, apasionante por los personajes y por los acontecimientos que narra, es evidente que se ha ayudado a desencapar uno de los tantos tópicos que todavía están encostrados en la historiografía española y también en el imaginario de muchos españoles. Alejandro Diz 9 Blanco y Negro Cultural 8- 1- 2005