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Libros
Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez
La boda de las palabras, por Jordi Doce
Huidizos: la orden del silencio
La literatura tiene un alto componente de espectáculo, más allá del valor de las obras. En ese contexto de compromisos profesionales y promocionales destaca la actitud de una rara cofradía de escritores cuyo único nexo es la escritura y su opción por el silencio en el circo mediático y social. Con frecuencia son autores de una producción literaria tan intensa como escasa. Rimbaud, Arreola, Salinger, Rulfo, Sánchez Ferlosio... son algunos de los nombres que podrían ser incluidos en el censo de esta huidiza orden del silencio
JESÚS MARCHAMALO
E
N 1944, el joven Jerome David Salinger estaba en Inglaterra. Pertenecía al servicio de contraespionaje militar del Ejercito estadounidense, y había sido asignado al Duodécimo Regimiento de la Cuarta División de Infantería con la que, unos meses más tarde y ya ascendido a sargento, desembarcaría en la playa de Utah, en Normandía. Nacido en Nueva York, en 1919, antes de ser llamado a filas había estado enrolado en un barco, había viajado por Europa y tras un curso de escri,
tura en la Universidad de Columbia, había publicado algunos relatos en periódicos y revistas. En Inglaterra, mientras su compañía aguardaba la orden de embarcar, escribió dos cuentos que envió al Saturday Evening Post. Uno de ellos, El último día del último permiso, se publicó a primeros de junio, mientras su unidad, con unas enormes pérdidas, combatía a las afueras de Cherburgo. Con ese cuento guardado en la mochila entró en agosto de 1944 en París, con las primeras tropas
norteamericanas que liberaron la ciudad. En el hotel Ritz coincidió con Ernest Hemingway, que trabajaba entonces como corresponsal de guerra. Los dos simpatizaron de inmediato, y Salinger le entregó el relato para que lo leyera. En los meses siguientes continuó escribiendo y mientras la duodécima participaba en la batalla de las Ardenas, en el invierno de 1945, con las botas empapadas en barro y literalmente congeladas, Salinger enviaba poemas al New Yorker. Nadie sabe a ciencia cierta qué le ocurrió a
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Blanco y Negro Cultural 23- 10- 2004
Rheinmetall Victoria 8 (2003) de Rodney Graham
Ted Hughes