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la film generation una generación de espectadores ilustrados conocen el cine de sus mayores y deciden a quién adoptan como padre artístico. Ello se debe, en parte, al trabajo pionero de revistas como las que hemos mencionado y que conforman quizá una edad dorada de la literatura cinematográfica. Lenguajes distintos Pero en la ilustración llevó dicha generación su penitencia. A partir de la entrada de un arte popular como el cine en el discurso cultural, las publicaciones se dividen irremisiblemente en dos bandos no reconciliados: las que atienden a los intereses cinéfilos y se muestran refractarias a los embates de la teoría dura también de raigambre francesa y las revistas de carácter académico, que pronto superan en número a las primeras. Aun cuando traten un mismo tema, no es que establezcan un diálogo entre sordos (como en las diatribas que mencionábamos arriba) es que hablan un lenguaje completamente distinto. Basta comparar, en el terreno nacional, otra prestigiosa veterana como es Dirigido con Archivos o Secuencias para comprobar el abismo que las separa. El mismo que existe entre las americanas Premiere o Movieline y las incontables publicaciones surgidas de los departamentos universitarios. Algo, sin embargo, se ha ganado con esta separación: se ha establecido un discurso científico, histórico, sobre el séptimo arte, arrancándolo de la crónica de colorines en la que se sigue encerrándolo, salvo que lo acoja un suplemento cultural como éste, la prensa general. Pero también se ha perdido algo: la escritura apasionada, elocuente e informada de los críticos que están en contacto directo con las metamorfosis y desgarros del cine actual. Esa escritura puede encontrarse aún esparcida en las páginas de la austriaca Blimp, la francesa Trafic o (nuestra favorita) la americana Film Comment y en las páginas- web de Otrocampo, Senses of Cinema o Midnight Eye. v El final de la aventura JUAN C OBOS E N los años ochenta lejanos ya los días de Film Ideal, Nuestro Cine y Documentos Cinematográficos el panorama de revistas de cine de calidad era de nuevo desértico, y a punto estuvo de nacer una que unía a personas implicadas a fondo en esas tres publicaciones. A las reuniones, mantenidas en un asfixiante verano madrileño, asistimos Ángel Fernández Santos sus lectores siempre le echaremos de menos Miguel Rubio, Jos Oliver, Ramón Gómez Redondo y yo. Queríamos remover unas aguas bastante estancadas y reivindicar el cine que había estado presente en las revistas mencionadas. Por eso el título elegido fue La edad de oro, no sólo como homenaje a Buñuel sino a una etapa del cine clásico ya entonces añorada, y hoy relegada a las filmotecas y a canales minoritarios de televisión. Nuestra escasa preparación financiera impidió el alumbramiento. Diez años más tarde se puso en marcha la publicación que aglutinó los esfuerzos de esas tres décadas. José Luis Garci llevaba tiempo con la idea, que había fraguado cuando estuvo en Hollywood escribiendo una película para la Fox, y con el mismo equipo que reunió para el programa de La 2 ¡Qué grande es el cine! creó el núcleo para Nickel Odeon. Estábamos Juan Miguel Lamet, Miguel Marías, Eduardo Torres- Dulce, Juan Tébar, Fernando Méndez- Leite, Antonio Giménez- Rico, Horacio Valcárcel... Todos habíamos batallado en anteriores empeños... Pero esta vez Garci puso en práctica su credo: Todo se lo debo al cine, tengo que devolverle cuanto pueda Y la financiación quedó asegurada. Cine maduro El Consejo Editorial tomó algunas decisiones de principio: no habría páginas de crítica, se publicarían cuatro números al año, habitualmente monográficos, que tendrían en común la defensa de un cine maduro, hecho por directores- creadores. Determinadas facetas del cine, que habitualmente sólo merecen una línea en algunas reseñas, aquí serían protagonistas en su momento: el vestuario, la luz, los decorados... Conscientes de lo que el cine había ganado como vehículo de expresión culta, solicitamos las colaboraciones de intelectuales y profesionales cualificados, de personas a las que sólo esporádicamente se les da la palabra en revistas gremiales. Se trataba de defender un cine en trance de desaparición por otro dominado por el márketing donde escasean los grandes creadores y la producción se impone a la dirección: un cine aplastado por la publicidad casi siempre engañosa, con estrenos simultáneos de cientos y hasta miles de copias que, cuando la película empieza a mostrar su pobreza creativa, ya han recaudado grandes cifras en taquilla. No ha sido posible contar asiduamente con todas las personas que hubiésemos querido, pero, al menos, por las páginas de Nickel Odeon ha pasado un extenso elenco de colaboradores que han aportado reflexiones muy interesantes sobre la evolución del cine y mostrado su visión penetrante sobre obras y creadores que han recuperado aquí, como en otros medios libres, su brillantez, ahogada a veces por la avalancha de publicidad masiva y de muchos textos disparatados sobre cine que se leen hoy en infinidad de publicaciones que lo incorporan de cualquier manera a sus sumarios. Al final de la aventura de Nickel Odeon quedaban muchos temas, muchos creadores, muchas tendencias que estudiar, pero no siempre se encontraban personas conocedoras de las obras con el tiempo suficiente para adentrarse en ensayos complicados que, desde la existencia del video y Portada del último número de la revista española Nickel Odeon (invierno de 2003) del DVD, exigen la revisión de películas, la formulación elaborada de criterios y juicios. A diferencia de otras aventuras anteriores donde se trataba con críticos con pasión cinematográfica pero sin una intensa vida profesional, el núcleo de colaboradores de Nickel Odeon estaba empeñado en tareas que restaban tiempo a su dedicación al cine y no siempre podían coordinar esas obligaciones con la exigencia de una revista trimestral que, por su carácter monográfico, debía reunir sus textos para un determinado momento. A esto se añade que no queríamos torcer voluntades y que siempre tratábamos de que el autor escribiese de aquello que conocía bien y le apasionaba. Y, en el caso de los colaboradores de fuera de España, los plazos que exigían superaban los que disponíamos en la redacción. Así de profesionalizada está la agenda de algunas de las firmas más acreditadas de los estudios cinematográficos. Un editor entusiasta A decir verdad, la soledad de la redacción, pasados los primeros meses de entusiasmo, ha sido grande, y desde el comienzo, Nickel Odeon ha te, nido un fuerte déficit económico sin que por ello faltase nunca el aliento de su editor y responsable financiero, José Luis Garci. El presupuesto inicial era para 150 páginas y en los 33 números aparecidos esa cifra ha sido superada con creces, llegando incluso a doblar su número, pero manteniendo el precio. Y todo con el entusiasmo que José Luis pone en sus cosas, con su fe contagiosa en un proyecto que le ha originado fuertes pérdidas pero que, durante nueve años, ha respaldado con la esperanza de que llegase alguna fórmula de financiación que equilibrase los ingresos con los gastos de una publicación muy costosa. En la hora de la despedida, la revista deja números excelentes junto a otros menos logrados, pero a quienes hemos batallado día a día por su existencia, nos acompaña el recuerdo de un editor único, generoso, valiente, con fe ciega en un proyecto que ha defendido sin desánimo. Su aliento nunca nos ha faltado. v Portada del n 28 de la revista americana Film Culture (primavera de 1963) 43 Blanco y Negro Cultural 4- 9- 2004