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Cine Con mucho crédito A los catorce años, ya fascinado por la imagen, Kyle Cooper se pasó meses y meses investigando la textura de la piel de un dragón. Ahora, a los cuarenta y uno, gracias a sus trabajos en Seven, Twister, Arlington Road o Spiderman 2, se ha convertido en el gran creador de créditos del cine americano Seven (1995) de David Fincher Spiderman 2 (2004) de Sam Raimi TONI GARCÍA ORRÍA el añó 1995 cuando, al ritmo de la oscura melodía de Nine Inch Nails, un ejecutivo llamado Kyle Cooper decidió crear unos títulos de crédito que dejaran huella en el espectador incluso después del final de la película, un thriller de impecable factura llamado Seven. Lo consiguió, y de paso se convirtió en el legítimo heredero del estilo y la clase de Saul Bass y Stephen Frankfurt, los dos creadores de créditos más famosos de la historia del cine. Un año después, Cooper fundó, junto con varios socios, la empresa Imaginary Forces, dedicada por entero al mundo del diseño y la publicidad y que ha entrado como un hipopótamo en Hollywood. Sus trabajos para Hellboy, de Guillermo del Toro, y, especialmente, el espectacular (y sorprendemente inédito) proyecto para la serie The L- Word, han hecho que les lluevan los elogios, convirtiéndolos en una de las empresas punteras de un sector donde la competencia es inhumana. Pero Cooper no ha dejado su especialidad, y desde Prologue Films (su nuevo experimento) nos brinda otra muestra de maestría mal disimulada: la esplendida colaboración con Alex Ross (uno de los mejores dibujantes de cómics del mundo) para Spiderman 2, además de sus créditos para el vídeo- juego Metal Gear Solid 3. Otro de los últimos proyectos del diseñador, El amanecer de los muertos, le proporcionó, dejando de lado las palmaditas de costumbre, el mejor piropo que ha escuchado Cooper desde que empezó su carrera: Muchos directores no quieren trabajar con él, porque es el tipo que hace que los títulos C de crédito sean mejor que la película afirmabaZach Snyder, director del filme, en la revista Wired, donde se repasaba la carrera de este artesano, cuyo mérito consiste en convertir piezas breves, que nunca sobrepasan los dos minutos de duración, en auténticas joyas. Los inicios Según confesiones del mismo Cooper, su obsesión por la perfección ha sido un elemento clave en el éxito que le ha acompañado desde mediados de los 90. El interés por el cuidado y la manipulación de la imagen le viene de lejos, y ya cuando tenía 14 años se pasó varios meses investigando la textura de la piel de un dragón Después destacó como estudiante de diseño gráfico en la Universidad de Yale, donde estudió con el famoso Paul Rand. Ya en 1988, primero trabajó en Nueva York y después en Los Ángeles, en la prestigiosa firma R Greenberg Associates, y allí, junto con Chip Houghton y Peter Frankfurt, marcó las directrices de lo que en el futuro sería Imaginary Forces. En 1996, aprovechando el éxito de Seven, dio un empujón al proyecto y se embarcó en un mar de encargos: con Eraser, Twister, Misión Imposible, Donnie Brasco, Fallen, El hombre que susurraba a los caballos o (en su escalofriante reinterpretación del sueño americano) Arlington Road, demostró por qué no había en el mundo ningún otro profesional del sector que pudiera hacerle sombra. Pero Cooper no es sólo un nombre famoso en la esfera cinematográfica. Sus logros en otros campos, donde ha acumulado más de cincuenta pre- mios en los últimos diez años, no dejan lugar a dudas: creador del logo del Netscape y editor de anuncios para Lincoln Mercury IBM, Nike, HBO o Visa, su trabajo ha aparecido en una treintena de periódicos y más de cien revistas a lo largo y ancho del globo, y está considerado uno de los nombres imprescindibles del mundo de la publicidad. Actualmente, ya sea a través de Imaginary Forces o Prologue Films, este californiano está dedicado en cuerpo y alma a tres proyectos de corte muy diverso: los títulos de crédito de la nueva película del director norteamericano John Sayles, Silver City; Freemont Street Experience, un increíble proyecto destinado a ser visionado en la famosa calle Freemont de Las Vegas (que posee la pantalla de vídeo más grande del mundo, en forma de bóveda bajo la cual se pasea) y una campaña para el canal de televisión Outdoor Life Network, uno de cuyos principales items ha sido el último Tour de Francia. Además, en la 28 edición del Festival de Cine de Rótterdam pudo verse Forget the Film, watch the Title (Olvida la película, mira los créditos) una recopilación en formato documental de los mejores trabajos de Imaginary Forces (recibida con una gigantesca ovación por el público) y por si todo esto no fuera suficiente, la escritora Andrea Codrington, columnista del New York Times, editó a finales del 2003, en colaboración con la universidad de Yale, un libro de 112 páginas que recoge los mejores trabajos de este inventor, en el más amplio sentido de la palabra. El hombre que ha devuelto a los títulos de crédito su verdadero propósito: abrir el apetito del espectador. v 31 Blanco y Negro Cultural 7- 8- 2004