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COLECTIVA Arte PINTURA INSTALACIÓN F. Menard F. Menard Galería Rina Bouwen. Madrid. C Augusto Figueroa, 17 Hasta el 24 de mayo E Sylvie Bussières: de la serie Fotogramas Inútiles de Cristal De sombras La sombra de la sombra Arte y Naturaleza Centro de Arte. Madrid. C Velázquez, 15 Hasta el 21 de mayo ERMOSA, muy hermosa, es la última exposición organizada por Arte y Naturaleza. Centro de Arte. La sombra de la sombra es un valiente proyecto- piloto que, vista la fortuna con la que se ha resuelto, ojalá sirva de acicate a sus responsables para llevar a cabo otras propuestas parecidas, más arriesgadas y lucidas que la mera edición y adquisición de obras de arte a las que vienen dedicándose. Doce artistas pertenecientes a tres generaciones distintas y veintinueve obras serigrafías, piezas de acero, aguafuertes, aguatintas, carborundos, collages, fotos, grabados calcográficos, yesos destilan la esencia de la enigmática compañera. La sombra concebida como testimonio de presencia, como doble de lo visible, huella de lo espectral y de lo irreal, apariencia platónica y sublime... Esto son las minúsculas, frágiles y deliciosas esculturas- constelación de Blanca Muñoz (Madrid, 1963) Y a ella remiten los elegantes derrames cristalinos, blancos y negros, de Jordi Alcaraz (Calella, 1963) También las aerodinámicas máquinas voladoras del pintor y escultor Josep Maria Riera i Aragó (Barcelona, 1954) Sombras recogidas en una serigrafía sobre metacrilato, gestual y sígnica, del maestro del grabado que es Enrique Brinkmann (Málaga, 1938) De lo umbroso surgen las escenas pseudofigurativas de Vicenç Viaplana (Granollers, 1955) de límites imprecisos y significado sólo intuido, tan llenas de misterio como las bellísimas e intensas atmósferas creadas por Carlos León (Ceuta, 1948) Y los sorprendentes reflejos fotográficos que producen los cuerpos bulbosos creados por Martí Cormand (Barcelona, 1970) Sombras son también los desleídos objetos compulsivamente coleccionados y resignificados por Sylvie Bussières (Quebec, 1964) y las siluetas grabadas por Laura Lío (Buenos Aires, 1967) que no pierden un ápice del refinamiento de su trabajo escultórico. La sombra hecha textura, materia táctil en las magníficas negruras de Ángeles San José (Madrid, 1961) Sombra de la que emergen los majestuosos seres creados por José Hernández (Tánger, 1944) y que surgen tras las esquinas de los paisajes urbanos de Juan Alcalde (Madrid, 1918) Para cerrar la crónica de este proyecto, quimérico incluso en el título, pero evocador y afortunado, sirvan las palabras de Antonio Gamoneda: Veo la sombra en la sustancia roja del crepúsculo. Cierro los ojos y arden los límites H L sabio empleo que la pintora australiana F. Menard hace de sus conocimientos técnicos y la personalidad que logra con la selección de algunos de ellos es lo primero que quiero destacar en este comentario. Desde la grisalla inicial, Menard cuida amorosamente su técnica, no para desplegar superficialmente sus dotes, sino para configurar un resultado estético que haga identificable su pincel; y lo consigue, independientemente del asunto que quede representado sobre el lienzo. Menard, con un espléndido entendimiento de lo que en francés se denomina passage logra, en las zonas de luz, en las medias tintas y en las de sombra que motivos y fondos tengan valores equivalentes, se trate de la coloración de que se trate; modula perfectamente desde el punto de vista técnico y desde el punto de vista estético el diálogo visual entre objetos, planos, fondos y perfiles, y consigue finalmente con la aplicación de veladuras una atmósfera envolvente armónica y con ese toque de mágico encantamiento que, personalmente, requiero de la figuración que se lleva a cabo ahora para sentir adhesión emocional e intelectual hacia ella. En esta ocasión, la mayor parte de las obras expuestas subrayan que en la danza de la realidad lo físico, material y palpable, lleva en sí realidades que no son tangibles, pero sin las cuales no habría conformación posible. De ahí la constante sensación de profundidad e infinitud que nos provocan sus composiciones. No todo son aciertos, de todas formas, en cuanto a la pintura. Según mi parecer, Menard tiene en las obras colgadas en una de las salas un cierto exceso del empleo de Sombra y Tierra tostada, lo que provoca una cierta sensación de receta indiscriminada. Punto y aparte merecen los dibujos: espléndidos de principio a fin; con una elaboración justa y sutilísima, con una delicadeza que en ningún momento se desliza hacia la blandura, y con una seguridad que jamás se impone como dureza. Tienen además el valor de silencioso documento, de registro sustancial de desplazamientos, deslumbramientos, quietudes y permanencias, evocaciones y contemplaciones. Es una colección cuya punta parece estar tocada por una varita cumplidora de sueños, tanto en las vistas de interior como en los motivos urbanos y en los paisajes. Menard, nacida en Sydney vive y trabaja en España desde 1993, año en el que obtuvo un pensionado en la Casa de Velázquez, de Madrid. Vista de una de las instalaciones de Lamiel Evelyn Botella Laura Lamiel. Augusta per angusta Galería Aele- Evelyn Botella. Madrid. C Puigcerdá, 2 Hasta el 30 de mayo ESDE mediados de los 80, una constante en la obra de esta artista es el empleo de un sencillo y muy polivalente módulo rectangular de color blanco sobre cuya superficie esmaltada puede aparecer una foto siempre en blanco y negro de extraordinaria calidad y belleza, imagen que a su vez nos remitirá a algún recoveco de la compleja instalación en la que nos hallemos inmersos o, también, a alguno de los elementos que han ido incorporándose al repertorio iconográfico de la autora. En este módulo metálico originariamente construido sobre la base del número de oro o sobre el modulor de Le Corbusier se han querido ver referencias al arte constructivo, a la pintura monocroma de los cincuenta o al ascetismo del primer minimal, pero su significado depende, más que de la relación que se establece entre su forma y proporciones y el espacio circundante, de su convivencia con aquellos elementos que la artista coloca sobre o junto a él y que generalmente son objets trouvés en el entorno urbano, rescatados y redimidos. No obstante, como ha señalado Anne Tronche, Lamiel no rinde culto al objeto, sino a cuanto se deriva de su extrema depuración formal. Pieza hermética, camaleónica y sutil, mecanismo delicado cuyo rumor se percibe sólo a través de las emociones contradictorias que despierta, de sus connotaciones y analogías, El tránsito es la primera de las tres piezas que Lamiel tiene pensado realizar en los próximos meses en distintos lugares del mundo en colaboración con el arquitecto Benoît Dupuis y si bien no está directamente inspirada en los atentados del 11- M, sí contiene un objeto el delicado y protector abrigo de algodón hidrófilo colocado en el núcleo de la instalación en el que de algún modo se concentra el dolor de una artista sensible ante semejante tragedia. La obra se compone de tres espacios: una sala de espera en la que se superponen las metáforas del viaje, lo familiar, la ausencia, la esperanza y el vacío (se ha señalado que el lenguaje de Lamiel se edifica sobre contradicciones) una casa para el tránsito, estrecho pasillo con varios recodos que parecen a medio construir; y éste es el lugar misterioso y oscuro, estructura compleja cuya sustancia es el eco una estancia dedicada a la meditación y el recuerdo, a la construcción o la recreación de la experiencia. Obras como ésta, en las que se concitan el rigor conceptual, la subjetividad depurada y la exigencia formal, son las que permiten que un lenguaje tan zaherido como el de la instalación siga siendo universal. D Carmen Pallarés María García Yelo Uno de los lienzos de F. Menard Javier Rubio Nomblot 34 Blanco y Negro Cultural 15- 5- 2004