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La llave de cristal Un Imperio literario HISTORIA DE ROMA Theodor Mommsen La muerte de Hipólito (1860) de L. Alma- Tadema Ley y circo FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ E considera al holandés Robert Van Gulik, el verdadero fundador del género histórico policial, con su serie dedicada al juez chino Ti, magistrado que vivió en el Celeste Imperio a mediados del siglo VII. Eso fue poco después de la II Guerra Mundial, y desde entonces este subgénero de la novela criminal no ha dejado de crecer, aunque los lectores no empezarían apasionarse por él hasta mucho más tarde, en las últimas décadas del siglo XX, cuando empiezan a ser divulgadas las historias medievales de Ellis Peter, con las aventuras del monje benedictino Cadfael. Toda novela histórica con o sin misterio es añoranza disimulada de un pretérito con intenciones presentes, más o menos camufladas. Al final, vistamos como vistamos a los personajes, siempre se escribe sobre el hoy La intriga histórica tiene el atractivo de la moderna afición por los temas criminales con el añadido del viaje a las sombras del pasado y la evasión momentánea hacia otro mundo. Cada época posee su propia magia inventada, y ese sentido es muy difícil superar la influencia que la antigua Roma sigue ejerciendo en la mente occidental. Para bien o para mal, nuestra cultura incluso desde el punto de visa religioso está tatuada por el acontecer de Roma: un imperio construido con la espada y destruido por la espada, de cuyas ruinas todavía nos alimentamos. La Roma clásica permite imaginar una sociedad cuyo lado oscuro contiene todas las posibilidades criminales presentes, y supone una mina de ambientación para cualquier trama negra. Nombres de autores hay bastantes, y en España el más conocido es de la inglesa Lindsey Davis, que cambió el oficio de funcionaria por el de escritora, y ha triunfado en ventas con las novelas de Marco Didio Falco, un detective privado en la Roma de Vespasiano, cuya mejor cualidad, aparte del talento natural y una saludable actitud escéptica ante la ley, es el sentido del humor (humor británico, por cierto) que la autora le transmite y que anima a proseguir hasta el final la enmarañada y con frecuencia prolija peripecia de sus aventuras. En la última novela editada de Falco, Los fiscales, Davis se atreve a poner en entredicho, con estilo llano y bien armado documentalmente, el símbolo más sagrado de la tradición romana: el Derecho, y nos presenta una Roma cotidiana muy alejada de cualquier fanfarria. La Roma de Davis es una urbe llena de chanchullos, atestada de gentes que se pelean en los tribunales por dotes, herencias y otros asuntos siempre relacionados con el dinero, para alegría de abogados vampiros y jueces corruptos. Un lugar de sobornos, chantajes y tráfico de influencias, en el que pulula una turba de canallas tramposos, embusteros y avaros como vuestros propios parientes en palabras del deslenguado Falco. Una ciudad, en suma, donde cualquier parecido con la realidad actual no es mera coincidencia. v Traducción de A. García Moreno Turner. Madrid, 2003 2 vols. 587 y 568 págs, 22 c u UANDO en 1902 el jurista e historiador prusiano Mommsen (1817- 1903) recibió el Premio Nobel de Literatura por su exitoso estudio sobre la creación del Imperio Romano, hubiera sido temerario aventurar si un siglo después sus más de mil páginas seguirían cautivando al lector por su cualidad historiográfica o por su valor literario. Hoy, sin duda, pesa más lo segundo que lo primero, sin que ello suponga demérito alguno para uno de los mayores impulsores de la Historia Antigua como componente irrenunciable de la identidad europea. Sin embargo, y más allá de la necesidad que perimentó una Europa imperialista y confiada como la del siglo XIX en recrearse en modelos de dominación previos al suyo, las claves más audaces para descodificar la Roma de Mommsen remiten a los avatares de la Alemania que él vio unificar hasta desembocar en el Segundo Reich de 1870. Ésta ha sido la crítica más inmisericorde que los historiógrafos han dedicado al profesor prusiano. El nacionalismo y el romanticismo propios del tiempo, es cierto, atraviesan C S la obra, como tenía que suceder si atendemos a aquellos puntos de la biografía mommsiana que explicitan su contínuo compromiso político y su admiración, por ejemplo, hacia el canciller Otto von Bismarck. En la defensa poco mesurada de Julio César anida una innegable proyección de la figura del estadista alemán. Sin olvidar la creencia en un esencialismo de los pueblos que, a la postre, desagua en el racismo. Reposo narrativo Pero pese a ello el texto de Mommsen ofrece espacio también para el reposo narrativo y el estudio de las instituciones, alimentado por un admirable conocimiento de la epigrafía, del derecho y de las fuentes latinas maceradas bajo el positivismo del otro gran historiador prusiano, Leopold von Ranke. Las razones por las que la obra de Mommsen pareciera anticuada y cómodamente sustituible son, no obstante, casi las mismas por las que merece seguir ocupando un lugar entre las lecturas de un público culto. Gracias a él, los europeos aprendieron a emancipar el legado latino del griego, a dignificar la Historia Antigua y a compartir una herencia que los lectores de su tiempo y del nuestro podían reconocer en sus tradiciones. Por si no bastara, la propia lectura del texto conduce a un viaje historiográfico fascinante: el que atravesó Alemania entre 1856, año en que un joven liberal de treinta años dio a la imprenta aquella obra y cómo evitar pensar en ello lo que vino después. Rafael Valladares Hombre ecuánime TRAJANO José María Blázquez Ariel. Barcelona, 2003 309 págs, 20 euros F ELICIOR Augusto, melior Traiano! ¡Así seas más afortunado que Augusto, mejor que Trajano! Esta frase, que llegó a ser ritual en el Senado Romano como salutación y expresión de deseos en la presentación de nuevos emperadores, muestra bien a las claras cuál fue el recuerdo que Trajano dejó tras de sí. En vida fue un hombre ecuánime, honesto y bien dotado para establecer relaciones de amistad; de gran sentido político y hábil administrador, generoso con el pueblo, respetuoso con el senado y los senadores; buen militar apreciado por su ejército, gobernador atento de los territorios conquistados, tolerante con el cristianismo único pagano admitido en el Paraíso de Dante. Él fue quien sentó las bases de la prosperidad que el Imperio disfrutó durante decenios. Demasiado en- tregado a la tarea de gobierno para llevar una vida compuesta de anécdotas. Tal vez por eso ésta no podía ser una biografía literaria género ameno que parece volver a la moda sino un trabajo historiográfico a la manera clásica. No hay que contar, pues, con recreación de ambientes, personajes o situaciones, sino que el libro recoge y estudia las fuentes literarias, numismáticas y, de modo especial, las arqueológicas, para presentarnos la actividad política, los hechos bélicos y las condiciones económicas y sociales del reinado. Origen familiar Sobre la cuestión aún en debate del origen familiar de Trajano, Blázquez apoya la hipótesis propuesta por Alicia M. Canto, que ha defendido la procedencia hispana del emperador y la existencia en el siglo II de una dinastía hispana Ulpio- Aelia apoyada por un poderoso clan (factio) de compatriotas y presente en Roma desde época Flavia. Las abundantes referencias artísticas y arqueológicas se habrían visto resaltadas si vinieran acompañadas de alguna ilustración más ni un retrato del emperador salvo el de la sobrecubierta, ni un ejemplo visual de la abundante y excelente actividad edilicia y musiva o de los monumentos conmemorativos. La modélica ordenación de la materia, que excusa la presencia de un índice temático, se habría visto enriquecida con un índice de antropónimos... Pero mucho más importantes que estas cuestiones menores son el profundo conocimiento de las fuentes y la bibliografía, la perspicacia para la lectura crítica y la habilidad para relacionar los datos de las fuentes y ponerlos ante nosotros de manera ordenada. La obra cumple los requisitos de enseñar (como corresponde al profesor) y de exponer lo conocido y examinar lo dudoso (como corresponde al investigador) Porque eso ha sido y sigue siendo el profesor José María Blázquez. Los fiscales. Linsey Davis. Trad. de Montse Batista. Edhasa. Barcelona, 2004. 432 páginas, 25,50 euros. Paloma Ortiz García 9 Blanco y Negro Cultural 15- 5- 2004