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Comunicados de la tortuga celeste ENSAYO Más allá del umbral ANDRÉS IBÁÑEZ A mayoría de las personas, creindependiente de la mente con resyentes o no creyentes, son duapecto de la materia y de forma indelistas. Es decir, creen que existe pendiente al tiempo y al espacio es algo, llamado alma por los crealgo que todos experimentamos yentes o mente por los no creyencasi a diario. Son los diversos casos tes, que es independiente del de premonición (pensar en el viejo cuerpo. Sin embargo, pocas persoamigo con quien te encontrarás dos nas se plantean de verdad cuáles días después) y de telepatía (senson las implicaciones del dualismo. tir que alguien me está mirando) o Porque si la mente existe, no hay actuación de la mente sobre la manada que nos obligue a pensar que teria (la medicina sabe, por ejemtenga que desaparecer con la plo, que los hijos deseados son más muerte del cuerpo. ¿Por qué hemos sanos) que tenemos continuamente, de suponer que con el último latido por no hablar de experiencias más del corazón físico, la mente, que no raras, pero igualmente reales, como es física, se detiene también y los llamados viajes astrales o salimuere y se desintegra? das lúcidas del cuerpo. Si es posible Si mi yo está compuesto por salir del cuerpo, entonces, ¿qué me pensamientos y por nociones y reimpide pensar que tras la muerte de cuerdos que están relacionados con mi cuerpo ese otro cuerpo mental una entidad física (cuerpo, sistema seguirá viviendo? Y, por otra parte, nervioso, cerebro) pero no son físi ¿qué me obliga a pensar que, puesto cos en sí, entonces es concebible que ese otro cuerpo mental existe, que tras la muerte de han de existir tammi cuerpo, ese yo bién el paraíso, Dios mío siga existiendo, y los ángeles, la eteral menos durante un nidad, la reencarnatiempo. Puesto que ¿Por qué hemos de ción o el juicio final? ese yo ya no tendría suponer que con el La muerte lúcida cuer po ni órganos Escribo esto al hilo para percibir el último latido del de la lectura de un limundo, he de supo- corazón físico, bro fascinante: La ner que mi existencia muerte lúcida, de Paen esos momentos se- la mente, que no es loma Cabadas. La ría puramente men- física, se detiene idea de que tras la tal, y estaría commuerte no cambian puesta de imágenes, también y muere mucho las cosas, y recuerdos y pensa- y se desintegra? que la mayoría de mientos. los muertos no se Reparemos en que dan cuenta de que considerar esta hipóhan muerto y siguen tesis no implica neceviviendo sus vidas, sariamente entrar en aunque en versiones grises y tedioel terreno de la religión, ni creer en sas, resulta extrañamente familiar. el alma ni en la salvación, ni en Parece que el tema nos preocupa en la reencarnación, ni en el paraíso, estos inicios de milenio, y reani en Dios, ni en la vida eterna parece una y otra vez en películas ¿Por qué habría de ser eter na? (El sexto sentido, Los otros) y en Gurdjieff supone que después de la obras de ficción (Cómo viven los muerte, lo que llamamos alma simuertos, de Will Self, Elizabeth Cosgue viviendo durante un cierto tello, de J. M. Coetzee) tiempo, movida por sus hábitos, y La discusión sobre la existencia luego se diluye y se dispersa. de la conciencia o el alma Postular una hipótesis como algo independiente es estéril. Hago estas reflexiones para mosSupong amos una máquina que trar que la separación que solemos hace cosas enormemente complicahacer entre creyentes y no credas, y en cuyo interior se postula yentes o entre lo religioso y lo un ser inteligente que toma las de científico es apresurada, tosca y cisiones. Hay dos posturas: unos, simplista. No ser hipermaterialista los científicos, afirman que el ser al estilo de Churchland, que afirma inteligente no existe; otros, los relique sólo existe el cerebro, o al estilo giosos, afir man que existe y ha de Dennet, que afirma que la mente sido puesto allí por Dios. Hay una funciona como un ordenador, no tercera postura: la de los que no quiere decir ser religioso. Creer en creen ni sostienen nada, pero inla vida después de la muerte, o en la tentan meterse dentro de la máexistencia independiente de la quina para buscar a ese ser intelimente respecto del cuerpo, no es gente, averiguar si existe y conocer muestra de oscurantismo, supersticuál es su naturaleza. Es la vía de ción ni pensamiento mítico. Es posla investigación en el yo la vía tular una hipótesis. de la meditación. Es la vía que deClaro está que no es simpleberían tomar los que se interesan mente una hipótesis. La existencia verdaderamente en estos temas. v L Perucho contra Goliat ¿EUREKA? EL TRASFONDO DE UN DESCUBRIMIENTO SOBRE EL CÁNCER Y LA GENÉTICA MOLECULAR David Casacuberta y Anna Estany Tusquets. Barcelona, 2003 265 páginas, 20 euros médicos publicados contienen errores estadísticos y que, al menos en la mitad los casos, se trata de fallos serios. No es raro entonces que la inquietud por el fraude en ciencia alcance mucha notoriedad mediática y política. Recordemos el caso de J. H. Schön, un brillante y joven físico de los Bell Laboratories que publicó 80 artículos en dos años (1999- 2002) Sus descubrimientos eran tan deslumbrantes como para merecer el Nobel. Pronto, sin embargo, se comprobó que había inventado a conveniencia unos resultados que habían aparecido con todos los honores en Nature, Science y Physical Review, un elenco de revistas difícil de mejorar. A NTES, los científicos jóvenes soñaban con el Nobel. Ninguno lo admitirá en público, pero todos guardan en lo más íntimo la memoria de este candoroso secreto. No es fácil ganarlo y cada día parece más antipático soñarlo. En 1996 había en el mundo unas 165.000 revistas, de forma que cada 8 segundos aparecía un nuevo artículo. No todos valen lo mismo, pues unos cuantos tienen un impacto extraordinario. La mayoría, sin embargo, pasan desapercibidos. Un estudio reciente de las revistas más prestigiosas probó que hasta un 55 por ciento de los artículos publicados nunca son citados por nadie. Decir que no sirven para nada sería exagerar, pues la política de personal y de financiación en las instituciones científicas se decide, en el mejor de los casos, premiando a los investigadores más influyentes y a los laboratorios más productivos. Y sí, la consecuencia es que la carrera por publicar es extenuante. Tanto que ya es un tópico bramar o bromear sobre el destino del científico: publicar o morir. Lo dicho tiene poco que ver con el arquetipo del sabio despistado, excéntrico, poco hábil con los sentimientos, gafas y pelo ensortijado. Aquellos sabios del celuloide son hoy anónimos empleados de una estructura gigantesca que moviliza montañas de recursos, papeles y máquinas, cuando no promotores de empresas de alto riesgo que buscan titulares de prensa como si fueran estrellas de la moda, el espectáculo o el deporte. Y es que las ciencias, las biomédicas en particular, están con frecuencia demasiado cerca de la receta del médico. Sabemos que en el 34 por ciento de las publicaciones alguno de los investigadores también es empleado de laboratorio que luego comercializa los resultados. Cuando la presión para publicar se combina con la exigencia de la utilidad empresarial, la mezcla puede ser explosiva. Sabemos que alrededor del 50 por ciento de los artículos bio- Veracidad y honradez El caso de Manuel Perucho, un oncólogo catalán establecido en California es diferente. Perucho difundió un hallazgo extraordinario en Science en un artículo excepcionalmente reconocido (citado) por la comunidad científica. El asunto es que Nature se lo había previamente rechazado, pues uno de los árbitros (referee) que, como es norma, controlan la calidad de cuanto se publica, alargó deliberadamente su dictamen para, mientras tanto, apropiarse de los contenidos, intentar publicarlos y atribuirse la prioridad del descubrimiento. El escándalo ha sido la excusa para que Casacuberta y Estany redacten una estupendo, además de raro, ensayo sobre la ciencia y sus disfunciones. Quienes se pregunten qué se hace en un laboratorio, cómo se organiza el trabajo o se decide lo que va a publicarse, deberían leerlo. Al fin y al cabo estamos hablando de la salud pública o de la veracidad, la honradez o el comunitarismo, valores que es imprescindible que sigan siendo sostenidos por la comunidad científica. El libro no es un ataque a la ciencia, sino justo lo contrario. Pues demuestra la importancia política y cultural que tienen este tipo de estudios. Al terminar su lectura hemos aprendido mucho sobre cómo funciona nuestro mundo y también nos alegramos de que David venciera al gigante. Pírrico Perucho. Venció a Goliat, pero, entre tanto, perdió el candor. Antonio Lafuente 20 Blanco y Negro Cultural 3- 4- 2004 J. Pagola