Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
INSTALACIÓN Arte PINTURA Ramón Isidoro Ramón Isidoro. Tolvanera y radiantes Galería Vértice. Oviedo. C Marqués de Santa Cruz, 10 Hasta el 26 de marzo AMÓN Isidoro regresa a la galería Vértice después de su última exposición individual celebrada en esta sala hace cuatro años. Artista ligado desde sus comienzos a ciertas maneras de hacer propias del expresionismo abstracto norteamericano de carácter atmosférico o ambiental, las veintiséis piezas que ahora presenta son una buena muestra de la evolución que su trabajo ha experimentado en este último tiempo. Efectivamente, en estas obras se aprecia una mayor inclinación por explorar de manera global la superficie pictórica, frente a la fragmentación que confería a las mismas la tradicional tendencia de este artista a articularlas en forma de díptico. Los cuadros alcanzan así una depurada homogeneidad que hace que cada uno de ellos pueda ser entendido como una especie de efusión unitaria de una determinada situación anímica. Ahora bien, esto no elimina la dimensión morosa y detenida con la que han sido ejecutados, visible sobre todo en el tratamiento delicado de los pigmentos y en el juego con las texturas, que imprimen a las pinturas una gran carnalidad. En segundo lugar, destaca la fascinación que el pintor manifiesta en estos trabajos por experimentar con la luz. Unas veces, ésta aflora a la superficie de manera potente, a modo de fogonazos, como sucede con sus dos lienzos titulados Tolvanera y radiante, que recuerdan ciertos registros de la obra de Luis Feito, sólo que más vaporosos, menos empastados. Otras, en cambio, lo hace de forma mucho más amortiguada, como ocurre con Trance sordo de luz, cuadro en el que respira un cierto componente de epifanía o revelación, no ajeno al resto de sus trabajos. Al lado de esto, los cinco papeles que constituyen la serie Estratexa con sus chorreaduras, goteados y ciertos guiños a la obra de Hernández Pijuán, muestran un gusto por las cadencias cromáticas, así como por lo escenográfico, que aproximan la creación de este artista a lo musical. Todo ello se complementa a su vez con la presencia de otros conjuntos como Maneras de luz, Palabra y Desvelado, en las que los niveles de despojamiento y concentración expresiva alcanzados son muy altos. En definitiva, Isidoro presenta unas obras capaces de transitar por múltiples avenidas, entre las que se erige como más interesante esta última, tan desecada, esencializada y destructora de lo residual. Con ella, el artista parece haber descubierto la bonne voie por la que seguir avanzando. R Imagen de la serie Argumento Ruptura (2004) Juan L. Carrasco Juan Luis Carrasco. Argumento Taller del Pasaje. Sevilla. Pasaje Mallol, s n Hasta finales de marzo Ángel Duque Ángel Duque. Imbuídos Galería Espalter. Madrid. C Marqués de Cubas, 23 Hasta el 6 de abril ASTA veinticuatro óleos de Ángel Duque (Madrid, 1954) se presentan en estos días en la galería Espalter de Madrid. Se trata, en esta ocasión, de un pintor que ha basado su aprendizaje tanto en las calles de distintas ciudades europeas (Italia, Turquía o Suecia) como en varios museos. Empezó su labor pictórica a los 16 años y con tan sólo 18, ya participó en una exposición colectiva. Como menciona Juan Carlos Ayuso en el prólogo del catálogo, la obra de Ángel Duque tiene cualidades sinestésicas. La muestra actual de su obra evidencia, en mi opinión, que Ángel ha encontrado algo que estaba buscando Hoy la obra de Ángel Duque trasciende del plano pictórico. Rebasa el umbral del sentido de la vista, hasta meterse dentro de uno... y volver a salir en forma de variadas sensaciones Ahora bien, lo primero que llama la atención al adentrarnos en la obra de este pintor abstracto madrileño es la fuerza cromática de sus óleos, que transmite no sólo sentimientos, sino también historias. Tal es el caso de Amigos, en el que la estrechez de la relación viene a ser representada por toda una amalgama de colores cercanos que revisten las dos figuras centrales del cuadro. En ese mismo sentido, en Ícaro adivinamos a través de unas formas sugerentes en blanco la gloria de ascenso; en amarillo percibimos la caída, mientras que las alas desprendidas se presentan con nitidez en un trazo semicircular azul. Sin embargo, en el caso de Fabricantes de guerra, cuadro principalmente bicolor en gris y negro, la tragedia generada por las tres figuras similares a buitres se refleja en el ser humano de rodillas, del cual emana una ligera, pero impactante mancha de sangre: la conversación de estos Señores de la guerra a través de la circularidad de las formas en pie. Esta circularidad a través de formas sugerentes también se presenta de magistralmente en Centrífugos. Por otra parte, cabe señalar la inquietud que transmite Ángel Duque a través de las escasas miradas de sus personajes. Si en Fabricantes de guerra se refleja una ambición desmedida, en el caso de Huída frustrada se percibe en los ojos del guardián una gran severidad, mientras que en Pánico, el ave con las alas desplegadas, el ojo mostrado denotan el desquiciamiento producido por el miedo. Por último, la mirada triste del ser mutilado de Ruptura transmite el dolor de éste ante la agresión recibida. Ángel Duque hace gala en esta exposición de un gran manejo del color a lo que se suman inquietantes y sugerentes formas que le permiten transmitir emociones, historias e ideas. A RTICULADA en tres formatos diferentes, pero correlativos, compartiendo una misma voluntad e inquietud, Argumento, la propuesta del joven Juan Luis Carrasco (Sevilla, 1979) se nos revela en esta exposición organizada por La Matriz como una verdadera sorpresa. A partir de una instalación escultórica, que encubre y disimula una intervención fingida, el artista plantea una puesta en escena que se basa en jarrones- ánfora realizados a la barbotina. La indagación en cuanto a lo seriado, el planteamiento escenográfico que planea sobre toda la muestra, la recuperación de técnicas clásicas, la importancia de la luz como factor de cimentación de la mirada plástica, la rotura epidérmica de lo material y por ende, del objeto nos hace caer en la cuenta de las motivaciones. De súbito, se nos revela. No hay voluntad narrativa. Nada hay que narrar más que la probabilidad del acontecimiento que puede suceder a un objeto. Por otro lado, este acaecer agresivo incide siempre sobre la epidermis que lo recubre y que termina definiendo su forma y esencia. La dialéctica se provoca desde el mismo título de la muestra. Argumento frente a ornamento. Argumento, como asunto o materia de que se trata en una obra, ante ornamento, adorno o atavío que hace vistosa una obra. Ambos términos, fundamento y revestimiento, la carne y la piel que la recubre, forman parte de una misma unidad indisoluble. Ahí está el dilema. La fotografía, paso siguiente, permite desarrollar la acción del pensamiento en un espacio del que físicamente no se dispone para la escultura. Esta utilización del soporte visual sin manipulación química o tecnológica más que la pura recomposición manual como adminículo extensivo de lo volumétrico es interesante y elocuente. La propuesta última, la serie pictórica Una casa no es un motel siendo coherente con la línea general, adolece aún de la inseguridad de lo incipiente. Lo curioso es que a pesar de la pretendida asepsia formal, de la voluntad anti- narrativa, el artista y es consciente de ello no pueda controlar el hecho de que el referente elegido aliente la capacidad evocadora e imaginativa del espectador. Viene todo ello a demostrar que, una vez expuesta, toda obra adquiere independencia del aliento creador, abriendo caminos impredecibles y siempre productivos. Afloran así ante nuestros ojos paisajes de arqueologías submarinas, verdaderos clusters, racimos o aglomeraciones de objetos derivados de aparentes actos despreocupados, pero que guardan en su seno una lógica desconocida para nosotros. H Alfonso Palacio Iván de la Torre Amerighi Estratexa III (2003- 4) Juan Patricio Lombera 32 Blanco y Negro Cultural 20- 3- 2004