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ENSAYO Libros Josef K. héroe trágico KAFKA Y LA TRAGEDIA JUDÍA Sultana Wahnón Ríopiedras. Barcelona, 2003 381 páginas, 31 euros ¿H AY algo nuevo que decir sobre El proceso? George Steiner se muestra escéptico al respecto: en los casi ochenta años que han transcurrido desde su publicación, la famosa novela de Kafka ha sido objeto de infinidad de estudios y comentarios. Más que un texto, El proceso habría devenido un pretexto: el gran Pretexto de la crítica literaria del siglo de los totalitarismos y la deshumanización burocrática. Como observa Steiner, sobre El proceso se han permitido sentar cátedra los que no han lle gado siquiera a leerlo (incluso los que no han visto la versión cinematográfica de Orson Welles) porque, como sucede con el Quijote, Freud o el marxismo, todo el mundo sabe de qué trata la obra de Kafka, en general, y El proceso, en particular. El último ensayo de Sultana Wahnón desmiente tal dictamen. El diagnóstico de Steiner resulta, por prematuro, inexacto (no necesariamente erróneo: uno se pregunta si realmente queda algo que decir tras lo que Kafka y la tragedia judía añade al corpus de la crítica kafkiana) Nos hallamos, me atrevería a afirmar, ante uno de los libros más importantes y reveladores que se han escrito, no ya sobre El proceso, sino sobre el significado de la literatura de Kafka, sobre lo kafkiano como categoría. Su autora demuestra que todavía se puede producir algo distinto que las tautologías ampulosas y los delirios hermenéuticos que constituyen esa mezcla ingente de erudición académica, sociologismos, semioleches y psicoanálisis silvestre a la que Steiner llama literatura secundaria, y que impide el acceso al texto literario. Kafka y la tragedia judía (en adelante, KTJ) no es otra interpretación de la historia de Josef K. En rigor, no es una interpretación. Sultana Wahnón rebasan, sin embargo, el mero estudio de una novela. Los capítulos cuarto y quinto de la primera parte de KTJ desarrollan un nuevo concepto de la tragedia como género, al que ya hace referencia el título del ensayo: tragedia judía frente a tragedia clásica. Aliento moral La presencia de un ingrediente trágico en el judaísmo presencia real, en el sentido que da Steiner a esta expresión se ha convertido en una de las preocupaciones centrales del pensamiento judío contemporáneo, enfrentado a la devastadora experiencia del ocultamiento de Dios (culminación histórica, tras el Holocausto, de lo que la Cábala luriana conocía como tsimtsum o movimiento de repliegue divino) KTJ supone la contribución personal de su autora, desde la teoría literaria, a una convergencia de discursos que, desde diferentes disciplinas y en perspectivas asimismo diversas (pietistas, postmesiánicas, etc. se esfuerzan en redefinir la identidad del judaísmo ante la amenaza, también muy real (como insisten, por ejemplo, Kristol y Dershovitz) de su evanescencia sociológica. No puede hablarse, en realidad, de un debate, dada la heterogeneidad de los lenguajes, pero sí de un cruce de discursos que van haciendo aparecer ya una serie de focos conceptuales entre los que destaca el problema de lo trágico, punto ciego del judaísmo tradicional, que lo consideraba privativo y característico de la cosmovisión gentil (o, más exactamente, griega) No es extraño, en tal sentido, que el pensamiento de Wahnón presente deslumbrantes paralelismos con el de autores tan distintos como Robert Alter, Emil Ludwig Fackenheim, Edmond Jabès, Hans Jonas, Hyam Maccoby, Santiago Kovadloff o el propio George Steiner, y no sólo en la problemática, sino en el aliento moral, que pasa, en su caso, por el designio de recuperar a Franz Kafka como un escritor radicalmente judío, comprometido en la resistencia contra el antisemitismo, que supo mirar de frente el horror del mundo y, convirtiendo su novela en una nueva forma artística la tragedia política anticipar la oscura noticia de la aniquilación. Un libro, el de Sultana Wahnón, bello, conmovedor e imprescindible. Franz Kafka mente, en la inanidad del conjunto. Todas las interpretaciones, las factuales y las posibles, serían erróneas (o parcialmente erróneas, en el mejor de los casos) Contra este relativismo, cuyo corolario lógico no sería otro que la devaluación o incluso el desvanecimiento del texto que desencadena la metástasis interpretativa, Sultana Wahnón propone la aproximación a El proceso como obra cerrada. Acogiéndose al planteamiento antialegórico de Susan Sontag (Contra la interpretación) y a la tentativa, por Marthe Robert, de rescatar la intención del autor a partir de la pertinencia de la condición judía del mismo, KTJ se despliega, en primer lugar, como una lectura literal de El proceso, prescindiendo de improbables dimensiones simbólicas, y, en segundo, como un cotejo del texto y la Historia (en concreto, la década comprendida entre 1914, fecha en que Kafka comienza a escribir la novela, y 1924, año de la muerte del escritor) Las pretensiones teóricas de Obra cerrada Wahnón toma distancia de las dos modalidades dominantes en la crítica de El proceso: la alegórica, avalada por la definición de dicha novela como paradigma de la obra abierta (Umberto Eco y Roland Barthes) y la deconstructiva, preconizada por Jacques Derrida y Pierre Zima, que establece como principio la insuperable ambivalencia de un texto íntimamente contradictorio. Aunque diferentes entre sí, ambas posiciones auspician el incesante deslizamiento del sentido y la proliferación her menéutica consiguiente: cualquier interpretación de El proceso es válida, porque ninguna lo es. La legitimidad de cada una de ellas se fundamenta, paradójica- Jon Juaristi 21 Blanco y Negro Cultural 20- 3- 2004