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POESÍA Contemporáneos La levedad del canto GRILLOS Juan Manuel Rodríguez Tobal Premio San Juan de la Cruz 2003 Rialp. Madrid, 2004 66 páginas, 7 euros Tampoco es eso JOSÉ- MIGUEL ULLÁN Muge el cordero porque la res... ¡A ver! La res, la res... bala. ¡Así es! Pero ahora tienes que decirme dónde. (Enhiesta pausa. En... en el ingenio azucarero, señor. Luis García Jambrina 14 Blanco y Negro Cultural 20- 3- 2004 Selección y coordinación de Amalia Iglesias Serna STE es el tercer poemario de Juan Manuel Rodríguez Tobal (1962) Antes había publicado Dentro del aire (1999) Premio Ciudad de Badajoz, y un hermoso libro de poemas para niños, Ni sí ni no (2002) en la colección Ajonjolí editada por Hiperión. A ello habría que añadir también sus excelentes y conocidas traducciones de los Poemas y fragmentos de Safo (1990) la Poesía completa de Catulo (1991) y el Arte de amar de Ovidio (1999) así como una edición no venal de los Poemas y fragmentos de Anacreonte (2000) Esto hace que nos encontremos ante un autor con una sólida formación clásica y un gran conocimiento del oficio poético. Por otra parte, en su último libro, se nos muestra como un claro heredero de la tradición mística española, la que va desde San Juan de la Cruz y Santa Teresa, a la que cita al comienzo del texto, hasta José Ángel Valente y Claudio Rodríguez. Grillos, con el que su autor ha obtenido el Premio San Juan de la Cruz 2003, es un libro orgánico y unitario en el que el yo lírico se interroga sobre la función y el alcance de la palabra poética y la propia esencia de la poesía. Los grillos son, en este sentido, una especie de trasunto o símbolo del poeta. Dividido en cuatro partes o secciones, en la primera vemos cómo la tarea principal del poeta es cantar la vida y tratar de vencer así a la muerte, tal y como señala Miguel Torga en la otra cita que encabeza el libro. Su canto, eso sí, es efímero y perecedero, al igual que la nieve la lluvia o la hoja que son algunos de los elementos que aparecen nombrados en la segunda parte y, en general, la belleza de las cosas. No obstante, en la tercera parte, comprobamos que la palabra es lo único que queda, lo único que consuela del dolor de la pérdida y la desposesión: Encuentra tú el sonido. No dejes que se pierda, como su cuerpo leve, su adiós en la corriente. Cuando nada nos tiene, sólo quien canta puede sostener en la nada lo poco que tenemos: Sólo apenas un nombre La cuarta sección, por último, está formada por un único poema dividido en seis fragmentos o notas en torno a la levedad cualidad que simboliza aquí el carácter siempre volátil de la palabra y de la vida que ésta nombra de forma precaria. Estamos, pues, ante una lúcida reflexión metapoética en torno al viejo tema de la cortedad del decir y la insuficiencia del lenguaje para expresar y apresar la realidad, ante un poema emocionado en el que lo indecible busca el decir más allá de todo conocimiento, como dejó escrito José Ángel Valente en Las palabras de la tribu. Del arco frágil del canto con el que se inicia el primer poema del libro pasamos al arco imposible con el que éste concluye. Y todo ello a través de un léxico elemental y natural, de carácter simbólico y resonancias místicas, una amplia red de reiteraciones y paralelismos, simetrías y contrastes, y un ritmo tenso y cambiante. La madurez, en fin, de Rodríguez Tobal y la feliz continuación de una de nuestras mejores tradiciones poéticas, esa misma que nos habla de la levedad del canto y la inconsciencia de la vida. É (Por las ventanas de la escuela entraba la realidad del más abajo posible: No estamos locos, sabemos lo que queremos... Con lo que ya el Maestro se relame por dentro de su astuta elección hoy consabida al dedillo y he aquí que deposita un caramelo amarillo pollito en la lengua, ay, salida del Niño ¡Otro niño! ¡Este niño, por Dios! ¡Cuánto niño! que, lejos de dejar que se deshaga en pringue o, todavía peor, que se le caiga, va y se lo escupe a la cara. (Así no iríamos a ninguna parte. ació en 1944 en Villarino de los Aires (Salamanca) Paralelamente a su creación literaria, ha desarrollado una abundante actividad periodística en distintos medios (France Culture, ORTF, TVE, RNE, Diario 16) Fundador del suplemento Culturas y de la colección Poesía Cátedra actualmente es director literario de la editorial Ave del Paraíso y miembro del patronato del Centro Gallego de Arte Contemporáneo. A lo largo de treinta años de escritura, ha publicado más de cuarenta libros, entre los que destacan títulos como El jornal (1965) Mortaja (1970) Maniluvios (1972) De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado (1976) Soldadesca (1979) Manchas nombradas (1984) Visto y no visto (1993) Razón de nadie (1994) la antología Ardicia, donde reúne su obra de 1964 a 1994, o los más recientes, Con todas las letras (2003) Amo de llaves (2004) Muchas de sus obras han sido objeto de ediciones de bibliofilia en colaboración con pintores como Sempere, Chillida, Saura, Tàpies o Miró. También se han realizado composiciones musicales a partir de sus textos. Ullán es, asimismo, autor de numerosos ensayos sobre artes plásticas, publicados en libros, catálogos, periódicos y revistas especializadas. También ha realizado traducciones de Edmón Jabès y Jacques Dupin. Resulta imposible resumir una actividad cultural tan intensa y diversa en un creador heterodoxo que mantiene siempre abierto el diálogo entre las artes, que atraviesa todos los territorios, de lo verbal a lo visual, de lo transcendente a lo cotidiano, con una mirada personalísima y una rigurosa devoción poética. La suya es, sin duda, una de las voces más originales de la poesía española de las últimas décadas. Como ha escrito Miguel Casado, su obra es difícil de etiquetar porque está continuamente cuestionándose, guiada por el riesgo y por una asombrosa sabiduría lingüística Nada en ella es previsible, porque transita en una expresividad que bebe de lo enigmático y lo sencillo, que levanta sus cimientos sobre una constante quebradura de la palabra, que no rehúye lo complejo ni reniega de ninguna realidad tangible o intangible. El poso de la tradición se alía en sus versos con la más original vanguardia para crear un discurso independiente e inconfundible, una arquitectura que siempre propone paisajes no contemplados antes. Como escribirá Ullán en Manchas nombradas, asumiendo el legado de Góngora: Sagrado don, lascivo despilfarro. La poesía ilumina lo estéril (el suspiro) De esa quietud voluptuosa nace la gran sospecha gongorina: sin exageración no hay paisaje; sin laberinto no hay rigor; sin lujo no hay escritura... v N