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LIBROS DE CINE La ciudad de Hollywood JOSÉ LÓPEZ RUBIO A L que vive en una ciudad La ciudad de los automóviles López Rubio en la pista de tenis de famosa no le está permimás increíbles. Charles Chaplin, con Edgar Neville tido guardar para sí sus impreLa ciudad en que hay más siones. Se ve obligado a compargente conocida. tirlas con los demás. Con el úlLa ciudad en que se trasladan timo apretón de manos, ese tan las casas de un barrio a otro. fuerte que detiene por un moLa ciudad sin bocinas. mento la salida del tren, queda La ciudad donde un avión desuno comprometido a contar trozado contra el suelo es el cómo es aquello anuncio de una película; un somNinguna ciudad del mundo es brero hongo monumental, un como Hollywood. Hasta en Los restaurante; una cafetera enorAngeles, en San Diego, en San me, un café; un molino de viento, Francisco, a muy pocas horas de una panadería; un témpano de distancia, sueñan con Hollywood hielo, un puesto de helados... las chicas enteramente rubias y La ciudad en que el tendero de los muchachos de nariz corta, comestibles le envía a uno entracomo si Hollywood no estuviera das para el teatro. ni cerca, ni lejos, ni en el mundo. La ciudad de más casas repetiComo se sueña con una estrella. das. Hollywood es la ciudad ajena y lejana de los EstuLa ciudad cuyas únicas estatuas son reclamos de dios, ante cuyas puertas suspiran por poder entrar motocicletas o de jabones. hasta los mismos vecinos de enfrente. Pero los EstuLa ciudad en que puede leerse este letrero: Comdios no son Hollywood y sólo tienen de común entre pra y venta de reptiles sí un aspecto: el de sus calles. Y no son las casas de La ciudad donde una calle es, de pronto, más anlos Estudios de cartón, de tablas, de lona las que incha que el mes pasado. tentan recordar las calles de la ciudad. Es HollyLa ciudad sin nadie en las ventanas. wood el que parece construído para una película. La ciudad donde menos se come. Así de inconsistente, de limpio, de improvisado. La ciudad con la noche llena de reflectores inApenas piedra, ni cemento, ni hierro en esta ciudad. quietos. Apenas ciudad, efectivamente. La ciudad que no tiene plazas. Hollywood es, dibujando a flechazos su silueta: La ciudad de los cines más horriblemente sunLa ciudad que no empieza ni acaba. tuosos, en que, a cada lado del escenario, hay siemLa ciudad que parece construida por niños o pre un palco monumental, esperando a un emperapara niños. dor imaginario. La ciudad en la que todo está a veinte minutos de La ciudad sin polvo ni barro. automóvil. La ciudad en que todo el mundo recela que el de La ciudad sin barrio pobre. al lado sea una estrella de la pantalla. La ciudad en que las religiones se anuncian en La ciudad en que podría vivir Robinson Crusoe. los periódicos, y los magos con rótulos luminosos a La ciudad desparramada. las puertas de sus casas. La ciudad hecha de alrededores de ciudad. La ciudad donde no hay peatones. La ciudad, como deseaba el cuento, hecha en el La ciudad sobre la que vuelan más aeroplanos. campo. La ciudad en que conduce automóvil más gente La ciudad con bosques de torres de petróleo. que no sabe conducir. La ciudad que se extiende para mañana. La ciudad de más casas disparatadas. La ciudad donde no se vive, sino donde parece La ciudad con una sola hora de nubes al día. que uno está pasando el verano. La ciudad que tiene barrios perfectamente urbaLa ciudad, en fin, que no es una ciudad. nizados y sin una sola casa. Las ciudades y el mundo de verdad empiezan a La ciudad donde se derrocha la luz. veinte millas y a veinte años de tiempo y de espaLa ciudad que tiene montes rotulados, como en cio. v los mapas. La ciudad sin humos. Publicado en ABC en marzo de 1931, durante su La ciudad en que no hay nunca vecino de abajo. estancia en la Meca del Cine Barbarie televisiva EL ZOO VISUAL Gérard Imbert Gedisa. Barcelona, 2003 252 páginas, 13,90 euros Filmografía El proceso de Mary Dugan (1931) de Marcial De Sano Mamá (1931) de Benito Perojo La ciudad de cartón (1933) de Louis King Una viuda romántica (1933) de Louis King María de la O (1936) de Francisco Elías La malquerida (1940) de José López Rubio A la lima y al limón; La petenera; Rosa de África 1941, cortometrajes de José López Rubio s Eugenia de Montijo (1944) de José López Rubio s El crimen de Pepe Conde (1946) de José López Rubio s Alhucemas (1947) de José López Rubio s Crimen en el entreacto (1950) de Cayetano Luca de Tena s Aeropuerto (1953) de Luis Lucia s Una madeja de lana azul celeste (1964) de J. L. Madrid s Mujeres insólitas (1977, serie de 13 episodios para TV) s s s s s s s Bibliografía s Armero, Álvaro: Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Compañía Literaria, Madrid, 1995 s García de Dueñas, Jesús: ¡Nos vamos a Hollywood! Nickel Odeon, Madrid, 1993 s Heinink, J. B. y Dickson, R. G. Cita en Hollywood, Mensajero, Bilbao, 1991 s Holt, Marion Peter: José López Rubio, Twayne Publishers, Boston, 1980 s Molina Foix, J. A. Armero, Á. Escritores españoles en Hollywood en revista Poesía, n 22, Madrid, 1985 s Torrijos, José M Estudio y Documentación en López- Rubio, José: La otra orilla, SGAE, Madrid, 1995 s Utrera, Rafael: Literatura cinematográfica. Cinematografía literaria, Sevilla, Alfar, 1987 Selección de I. A. M. L último libro de Gérard Imbert, uno de nuestros más rigurosos estudiosos de la comunicación audiovisual, aborda frontalmente ese malestar generalizado con el que nuestra sociedad contempla la degradación de los contenidos televisivos, que encuentra su manifestación más emocionalmente cargada en la expresión tele- basura. En este trabajo Imbert somete a examen los nuevos formatos televisivos que se encuentran en el centro mismo de la discusión Gran Hermano, Supervivientes, Operación Triunfo, las nuevas fórmulas de tratamiento de la información, los concursos y los programas de debate desde una perspectiva de índole antropológica que permite acusar el más notable desplazamiento que se ha venido produciendo en la televisión de los últimos tiempos: el progresivo vaciado de contenidos ideológicos y políticos y el protagonismo creciente de los microsucesos de la vida cotidiana en una cada vez más acentuada mostración de la intimidad convertida en el núcleo central del espectáculo televisivo. Y simultáneamente: la tendencia a la mezcla de géneros y la consiguiente eclipsación de los límites entre la realidad y la ficción. Nunca, nos dice Imbert en su conclusión, la televisión había llegado tan lejos en su capacidad de construir la realidad. Y tiene razón, en cierto modo, pues el espectáculo televisivo construye una suerte de artificial realidad televisiva que conforma intensamente la vida cotidiana de sus espectadores. Pero quizás, atendiendo a los datos que los propios análisis de Imbert ofrecen, fuera preciso cambiar los acentos y mirar las cosas desde otro punto de vista: quizás debiéramos comenzar a pensar que lo que está sucediendo en la televisión contemporánea fuera más bien el desencadenamiento de un proceso de índole opuesta: el de un, en un principio larvado, pero luego cada vez más acentuado, proceso de destrucción de realidad. Es decir: de aniquilación de su tejido cultural y simbólico. Veamos un ejemplo: Imbert percibe nítidamente como los nuevos formatos televisivos se focalizan cada vez más intensamente sobre la mostración de la intimidad en un régimen de hipervisibilidad en el que desaparece todo límite para la mirada y habla entonces, muy expresivamente, de una suerte de pornografía del sentimiento. No termina de darse cuenta, en cambio, de que ese proceso de espectacularización de la intimidad, por la contradicción misma que lo constituye, solo puede saldarse con su destrucción. Pues lo íntimo, después de todo, es lo que se veda a la mirada pública. De manera que su exhibición ante ésta equivale, de manera inmediata, a su aniquilación. E Jesús González Requena 43 Blanco y Negro Cultural 13- 12- 2003