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25 AÑOS DE LA MUERTE DE MADARIAGA Libros Libertad y verdad IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA N el prólogo de sus Ensayos liberales escribió Gregorio Marañón: Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y por lo tanto, mucho más que una política. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe sino ejercerla, de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o, como por instinto, nos resistimos a mentir Pero no es sólo eso. Además, es también una política derivada de esa conducta, la política de la libertad. Ser liberal consiste en no identificar la democracia con el liberalismo y en desconfiar de que baste instaurar el sufragio universal y decretar la igualdad entre los hombres para que la libertad quede garantizada. Así, de las dos maneras, lo fue Salvador de Madariaga. E esa reducida nómina de liberales para quien la democracia no basta. Puede ser condición necesaria, pero no suficiente, para la libertad. Macaulay temía que las instituciones democráticas puras pudieran terminar con la libertad y la civilización. No andan del todo claras las ideas acerca de lo que es la democracia liberal. La Europa de mañana Por eso, en estos tiempos decisivos para la construcción de Europa es conveniente volver la vista hacia la obra de Madariaga. Nadie duda de que la Europa de mañana ha de ser democrática. Pero no muchos estiman que ha de ser también liberal y que el comunismo, como el fascismo, es una ideología ajena a los principios fundamentales de la civilización europea. Y es que, como él afirmó, nada de lo que se haya dicho, diga o dirá contra la libertad de la persona puede ser verdadero La verdad no puede ser ajena a la libertad. Hoy no es necesario reivindicar la democracia en el ámbito de la legitimidad. No cabe decir lo mismo del respeto a los valores liberales, cuya vigencia depende de algo más que de la mera existencia de la democracia política. Madariaga nos enseñó, entre otras muchas cosas, que la libertad no es una consecuencia natural e inevitable del sufragio universal. v Madariaga visto por Gregorio Prieto (Oxford, 1944) una obviedad, pero hace unas décadas la mayoría de los intelectuales europeos sucumbieron a las mentiras totalitarias. Madariaga fue anticomunista como lo es todo amigo de la libertad. Lo mismo cabe decir de su europeísmo o de su defensa de las virtudes de la Monarquía parlamentaria. Sin embargo, quizá sea el liberalismo lo que aún no ha llegado a instalarse en la conciencia europea o, al menos, a hacerlo sin reservas y amenazas. Como advirtió Tocqueville, la pasión dominante en los tiempos democráticos no es la libertad sino la igualdad. Todos percibimos los males de la desigualdad y de los abusos de una tiranía, pero muy pocos adivinan los males que la igualdad puede acarrear para la libertad, los peligros de una tiranía paternalista y sigilosa que impide pensar por uno mismo y que puede conducir a la extinción de la libertad por falta de uso. Madariaga se encuentra en Contra la corriente Muchas de las ideas que defendió se han visto refrendadas por el tribunal de la realidad, pero en el momento en que lo hizo discurrían contra la corriente dominante. La consideración del comunismo como una amenaza contra la libertad y la paz mundial puede resultar hoy casi Un liberal berliniano JOSÉ MARÍA LASSALLE P ODRÁ resultar chocante pero Salvador de Madariaga tiene cierto parecido con Isaiah Berlin. Aunque no alcanza su altura intelectual, Madariaga pertenece a esa estirpe fascinante de liberales heterodoxos en los que concurre un pesimismo antropológico que les previene de los excesos de admirar el Progreso, pues, como dejó dicho: La conciencia no nos impide cometer pecados, pero sí disfrutar de ellos Educado en la dureza analítica de un ingeniero francés, su apetito irracional por las letras lo hizo estudiar letras en Oxford y desarrollar una carrera literaria que dio a luz una obra poética y dramatúrgica de desigual valor. De hecho, el propio Madariaga fue la plasmación más nítida de las tipologías contenidas en su ensayo Ingleses, franceses y españoles ya que corporeizó el culto por la acción caracte- rístico de los ingleses, junto a la reflexividad crónica de los franceses y el apasionamiento frenético de los españoles. Complicado equilibrio interior Emigrado voluntario y después forzado por las circunstancias, vivió la mayor parte del tiempo transterrado, entregado a un pensamiento directo y ágil en el que el análisis teórico era subvertido por el uso de la metáfora y la plasticidad literaria. Políglota que escribía en diversas lenguas, fue redactor de The Times londinense, diplomático adscrito a la Secretaría de la Sociedad de Naciones y de 1928 a 1931, profesor de literatura española en Oxford. A partir de esa fecha, Madariaga experimenta la tragedia personal de vivir un complicado equilibrio interior: conciliar la vocación intelectual con el compromiso con una II República que renunciaba a sus raíces liberales para precipitarse en la violencia totalitaria. Fue en esa época cuando desplegó su mayor lucidez ensayística. Entonces publica Anarquía y jerarquía, obra en la que esboza el lamento político de un liberal tocquevilliano que se ve desbordado por el auge del igualitarismo de la sociedad de masas; y España. Ensayo de Historia Contemporánea, donde reflexiona sobre las tensiones que han provocado el desgarro eterno de España: el sepa- Su muerte en Locarno en 1978 coincide con la superación de la fractura de la Guerra Civil ratismo disgregador y la dictadura centralizadora, propugnando frente a ellas la solución de un gobierno de centro que trazara una línea de política equidistante de la derecha católica y de la izquierda socialista Precisamente el fracaso de la República como proyecto centrista es lo que reforzó el liberalismo de Madariaga, llevándolo al exilio inglés desde París, donde era embajador. Y es que como años más tarde reconocería en sus Memorias: Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936 Su muerte en Locarno en 1978 coincide con la superación de la fractura que impuso a los españoles la Guerra Civil. A muchos nos gustaría creer que la Constitución de 1978 tuvo en sus redactores a buenos lectores de Salvador de Madariaga. v 10 Blanco y Negro Cultural 13- 12- 2003