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NARRATIVA Libros De la barbarie La pasión según las fieras FERNANDO ROYUELA Alfaguara. Madrid, 2003 213 páginas, 14,95 euros U un médico, y suena asimismo un gramófono, que transmite arias. La antroponimia es ucrónica: Pinto Gayo, Vilo Botas, Mala Machuca, el amo Gorgos (este nombre recuerda a uno de los personajes centrales de El adefesio, de Rafael Alberti) Concho Colorao, Judiana... NA espléndida cita de Shakespeare Hay cosas en los cielos y en la tierra, Horacio, que rebasan las soñadas por nuestra razón Hamlet) nos introduce a la apoteosis de la barbarie que Fernando Royuela ha concebido y ejecutado en esta su cuarta novela, que es a buen seguro la más ambiciosa de todas las suyas. En efecto, La pasión según las fieras, título que rehace otros de alcance mucho más noble, presenta un universo horrible, degradado, que gira, en lo productivo, en torno a la producción de café, y que en lo humano presenta a unas animalizadas criaturas, que andan desmadradas de pasiones violentas, que incluyen el asesinato (por ar mas de fuego, por lapidación, por estrangulamiento) como instrumento habitual de venganza o castigo. Un universo en que los hijos odian a los padres, los dueños a sus siervos, éstos a aquéllos, la lascivia se enseñorea de todo y se emplea sin rubor la castración; donde la piedad no existe, los vivos copulan con los muertos, el calor de los cafetales es insoportable, la materia hiede, la carne se cor rompe, y la misma naturaleza acaba por desatarse embravecida y tumultuosa. Extraordinario estilo Mundo muy cerrado, se ordena en secuencias breves, que dependen de un eje temporal multivalente, cifrado en torno al asesinato del Delegado y su familia, que se anuncia desde el principio, de modo que no caben aquí sorpresas y la acción narrativa despliega las consecuencias de ese crimen: una casi ininterrumpida sucesión de horrores, que abarcan desde la violencia criminal a la esclavitud apenas enmascarada. Como una suerte de ambiguo contraste aparecen en la historia varios extraños seres, caídos de los cielos a quienes los nativos tratan con su acostumbrada ferocidad. Si portan un símbolo, éste per manece oscuro. Lo mejor del libro es su extraordinario estilo. Dueño de su prosa neobarroca, Royuela se acredita como maestro de la metáfora, poseedor de un muy amplio léxico, diestro manejador de una hiriente sintaxis, señor siempre de la palabra y edificador de un universo maldito a fuer de sombrío y desapacible, que calcula con precisión los ritmos narrativos y cuenta con percutiente impasibilidad, neutral ante los movimientos internos de los personajes. En este aspecto nada hay que objetar. La novela admite, desde cierta poética, las objeciones comunes a las ficciones desencarnadas, por llamarlas así; pero éstas son un género que arranca de la narrativa doctrinal inglesa del siglo XVII. Con ella comparte Fernando Royuela su profundo pesimismo sobre la condición humana. El revés de la utopía A tales efectos el autor ha trazado un universo exento casi por completo de referencias históricas y culturales, orbe cuasi intemporal que es una suerte de infierno, una especie de Arcadia al revés espacio sin nombre, aldeano y campesino montañoso, lleno de quebradas presidido por una ferocidad extraordinaria, propia de alimañas aislado, en suma, del mundo. Los hombres no se comportan allí de manera muy distinta a los animales, están más bien a su mismo nivel; por eso los perros salvajes matan como matan los seres humanos. No es nuevo este recurso constructivo, que dibuja el revés de la utopía. Royuela sabe manejar sus materiales sin traicionarse, porque el sedimento conceptual que soporta su discurso es el de la fiereza de la criatura humana situada en cierto nivel de consciencia, del que desaparecen las superestructuras culturales e ideológicas, o que se produce incluso en virtud de esa superestructura: así el nazismo o el estalinismo, anclados en los instintos del poder y de la muerte. Cabría decir que este universo constituye una forma de alegoría, cuyo plano real es quizá el tiempo contemporáneo del hombre, aunque Títulos L os 58 capitulillos del libro capitulillos por su brevedad llevan todos un título, que deriva de una frase de su arranque. A veces son de carácter formulario, o bien suenan como mensajes: El ritmo desacompasado del deseo Este mundo nuestro va a desmoronarse El cielo está tumefacto La urdimbre de la muchacha Poseída por el demonio del deseo Los muslos en hilacha El aire es un animal tundido a palos La estructura molecular del universo Cuando te salga al paso Y qué más daba si sufrían La cara por el umbral de la estancia Días antes de que la matasen a pedradas Siguió los consejos de la orácula El polvo olía dulce M. G. -P. éste apenas sea aludido por algunos indicios imprescriptibles: las Obras públicas sus funcionarios, el Delegado imágenes todas ellas del poder político, que parece lejano aunque se muestre operativo; el otro poder es el del amo, más feudal que otra cosa y de igual crueldad. Hay Miguel García- Posada 9 Blanco y Negro Cultural 15- 11- 2003