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OBRAS COMPLETAS Libros Toda la prosa de Quevedo Obras completas en prosa. Volumen I, Tomos I y II FRANCISCO DE QUEVEDO Dirección de Alfonso Rey Castalia Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales Madrid, 2003 XXXVII +979 páginas, 54 euros c u mente, una férrea dirección del profesor Alfonso Rey para conseguir el propósito de un corpus orgánico que someta a orden cronológico y temático, eliminando apócrifos, la prosa de Quevedo, ofrecida en textos rigurosos y suficientemente anotados, pues son tantos y tantos los problemas de lectura que plantea el difícil Quevedo. Y no debe de ser casual que la prosa completa de Quevedo se publique en la Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica, dirigida por Pablo Jauralde, donde se ha publicado no sólo una edición de Sueños y Discursos, de Crosby sino un estudio del propio Alfonso Rey sobre la poesía moral de Quevedo y la biografía de nuestro autor: monumental esfuerzo de investigación y avance definitivo, de la mano del propio profesor Jauralde. P OCOS autores como don Francisco de Quevedo y Villegas necesitan una edición rigurosa y solvente, realizada con todos los medios que la crítica textual pone hoy a disposición del investigador responsable. Los problemas surgen por doquier, empezando por las falsas atribuciones aunque esto esté ya bastante depurado que convertían a Quevedo en autor de obras sin cuento, siguiendo por los textos deturpados en ese apasionante, cuanto complejo, mundo de la transmisión manuscrita y terminando, pero tanto queda en el camino, por los hallazgos de obras desconocidas o los problemas de la propia edición en su siglo: baste recordar El Buscón. De la poesía de Quevedo contamos con la edición del maestro de filólogos, que nos ha dejado, recientemente, José Manuel Blecua, publicada por Editorial Castalia. Pero de la prosa teniendo en cuenta los intentos de otro calado filológico de Fernández Guerra, Astrana Marín y Buendía nos falta una edición crítica, aunque haya, claro, ediciones importantes de alguna obra en particular. Rigor textual Del magno proyecto al que me refiero acaba de aparecer el volumen I en dos tomos. En el primero, con ediciones de Azaustre y Arellano, se publican las obras de crítica literaria y se inicia la de las satírico- morales, que continúan en el segundo, al cuidado del profesor Rey y la profesora Vendrán después, según el plan de la obra, las piezas burlescas, picarescas, históricas, políticas, religiosas... para concluir con las traducciones y obras dudosas. A la vista de lo que ya hay con autorizadas introduc, ciones, solvente anotación y rigor textual, sólo desear que todo siga y vaya por este camino. Francisco de Quevedo que resaltan los nombres de reconocidos quevedistas con amplia obra publicada, junto a los de jóvenes filólogos que, sin duda, pondrán todo el empeño que la juventud permite en la causa. Bueno es que se nos garanticen coherencia y uniformidad en los distintos elementos que integran una edición crítica, pues tantas obras y tantos colaboradores requerirán, indudable- José María Díez Borque hace tiempo por hacer efectivo este magno proyecto, ahora impecable y bellamente materializado por Castalia. En estos dos primeros tomos encontrará el lector la labor de Quevedo como crítico literario en sus dos vertientes: la seria, dedicada a los modelos venerados Fray Luis de León y el enigmático Francisco de la Torre, que durante algún tiempo pasó por un complementario del autor madrileño y la burlesca, enderezada contra los poetas culteranos: las divertidas Premáticas del desengaño contra los poetas güeros, el Cuento de cuentos y La culta latiniparla, todas ellas al cuidado de Antonio Azaustre. Y, junto a estas piezas, el Discurso de todos los diablos, preparado por el propio director de la obra, Alfonso Rey, y La fortuna con seso y la hora de todos, a cargo de Lía amén de la joya de la corona: los fascinantes Sueños, de los que se ha ocupado I. Arellano. La anotación de los textos pocos la necesitan tanto es exhaustiva, y va acompañada de un útil índice de voces anotadas. El aparato crítico da buena idea de la magnitud del esfuerzo emprendido para ofrecer una versión definitiva del que Borges considerara primer artífice de las letras hispánicas Labor de equipo Aunque las Obras Completas, como ya he escrito alguna vez, están sometidas siempre a hallazgos más o menos espectaculares y distinto sea su interés para el especialista que dispone así de un corpus orgánico que para el lector no especializado, sometido al desasosiego del reto de una lectura completa, es cierto que merecen ser bienvenidas cuando no es el mero criterio de suma el que guía el proyecto. Y, obviamente, no es el caso de las obras completas que comento. Me parece muy acertado que dentro de las actividades de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales esté el recuperar, en edición crítica, nuestro patrimonio literario. Es homenaje a la memoria cultural y es labor científica que se une, en este caso, al sólido trabajo de una editorial como Castalia, que cuenta en sus fondos con ediciones y estudios de la investigación filológica nacional y foránea más importante. El proyecto de edición crítica y anotada de la prosa completa de Quevedo está dirigido por un quevedista de la talla del catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela Alfonso Rey Pero trabajo de tal envergadura y alcance ha de ser, evidentemente, labor de equipo. Y así para la publicación de las 35 obras previstas se cuenta con un equipo de 26 colaboradores, entre los Al servicio de los clásicos oplan en los últimos tiempos aires frescos en la Filología española. En pleno relativismo posmoderno, cuando en no pocos ambientes hispanistas se da cierto culto a la banalidad y a las visiones fragmentarias, asistimos a una reivindicación de las obras útiles útiles, sí, porque suponen un ambicioso propósito: acotar grandes parcelas del saber literario. La reciente publicación de catálogos y repertorios, de diccionarios temáticos, de nuevas historias de la literatura y del teatro y, last but not least, de ediciones críticas de obras completas es una buena señal de ello. Este tipo de ediciones ha corrido suerte desigual entre nosotros. Las secuelas del saber ilustrado y el afán enciclopedista del siglo XIX propiciaron empresas tan beneméritas, aunque deficientes y limitadas, como la Biblioteca de Autores Españoles, y están, desde luego, detrás del trabajo monumental de eruditos de la talla de Menéndez Pelayo, Amador de los Ríos o Cotarelo y Mori. El caso es que, con posterioridad, y salvado algún caso S aislado como el que animara la editorial Aguilar, la edición filológica de obras completas no ha corrido buena suerte en España. Digo filológica porque existen en la actualidad algunas otras alternativas en el mercado que no cumplen los requisitos exigibles: la falta o la mezcla de criterios a la hora de transcribir los textos, la ausencia de aparato crítico, etcétera, hacen que tales ediciones resulten de escasa utilidad, porque ni llegan al lector medio ni satisfacen de lejos al especialista. Por eso, en este panorama es obligado saludar con entusiasmo la aparición de las Obras completas en prosa de uno de los más grandes y actuales clásicos de todos los tiempos: Francisco de Quevedo. Se trata de los dos primeros tomos de un proyecto que se eleva a diez y tras el cual hay un equipo granado de especialistas en el que destacan los nombres de James O. Crosby, Pablo Jauralde, Lia Ignacio Arellano, Celsa C. García- Valdés, Francis Cerdan, Sagrario López Poza y Carlos Vaíllo, entre otros. Al frente de todos ellos, el profesor Alfonso Rey, quien en su departamento de la Universidad de Santiago de Compostela venía esforzándose desde Javier Huerta Calvo 19 Blanco y Negro Cultural 25- 10- 2003