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POESÍA Contemporáneos Otro mundo Al vértice de la arena JULIA PIERA Biblioteca Nueva. Madrid, 2003 93 páginas, 5,76 euros N efecto, al vértice, en un lugar nuevo que debe explorarse con la palabra. La arena es un espacio indeterminado, lejano, mítico, lleno de sueños y de espejismos, es decir, de realidades mentidas. La arena es lo inseguro, lo que se mueve y te arrastra en la tormenta que te llena los poros de cristales. En ese espacio se produce el viaje por los versos, porque por medio de ellos se crea el milagro de la designación. Tanta polémica entre unos y otros en la reciente poesía española, polémica esteril ante la realidad de la obra, ante la verdad de un libro como éste que pretende tener su propia voz, crear la imaginería del emisor en un referente nada común que permite a la autora entrar y salir por los perfiles disímiles de las palabras. Julia Piera consigue ampliar el horizonte del significado. Estamos ante un texto que nos provoca con la riqueza de sus imágenes, con los nuevos matices que la arena produce en el léxico que es el sentimiento. El libro tiene seis apartados de diversa extensión. Los núcleos fundamentales son: Las visitas El desierto y La ciudad que articulan el pasisaje lírico singular y onírico que domina todo el poemario. La autora se mueve en el universo de lo imaginario, de las postrimerías, de los límites, de lo hostil. En Asamblea de duendes hambrientos las almas errantes exigen con violencia el imposible fruto de una tierra que no da nada, que es el espacio intermedio en el que estos seres viven. Este poema y el libro, en su conjunto, es singular y poderoso. Sobre héroes y tumbas LUIS ALBERTO DE CUENCA Desde lejos me llegan las hazañas de los héroes modernos: traficantes de drogas, mercenarios, cabecillas de la revolución, agentes dobles al servicio del cielo y del infierno, detectives borrachos, femmes fatales que acaban locamente enamoradas de sus víctimas, gatos holgazanes que se ponen el mundo por montera, niños gordos con gafas que leen libros interminables y maravillosos en la gris soledad de sus alcobas. Desde lejos me llegan los cantares que celebran las gestas de los héroes de ayer, hoy y mañana. Desde lejos percibo a duras penas sus estrofas inconexas, que evocan los perfiles gloriosos de los hombres y mujeres que quisiera imitar, los personajes E Lo singular no se explica, se conjuga de otra manera, y no podemos salir de esta magia, veneno de la palabra Antonio Garrido Moraga uis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es, desde 2000, secretario de Estado de Cultura. Antes dirigió la Biblioteca Nacional y el Instituto de Filología del CSIC. Experto en Filología Clásica y gran conocedor de los clásicos, ha traducido, entre otros, a Homero, Eurípides, Calímaco, Charles Nodier y Gerald de Nerval. En 1987 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario. Pero es en su obra poética donde se funden el estudioso y el creador, donde consigue mezclar con acierto el conocimiento y la intuición, la tradición y la vanguardia. En esa afortunada y personal encrucijada de clasicismo y modernidad, de culturalismo y realidad, es donde se instala su voz personalísima. A través de libros como Los retratos (1971) Elsinore (1972) Scholia (1978) Necrofilia (1983) La caja de plata (Premio de la Crítica, 1985) El otro sueño (1987) El héroe y sus máscaras (1991) El hacha y la rosa (1993) Por fuertes y fronteras (1996) o la antología Los mundos y los días (1998) donde recoge toda su obra, Luis Alberto de Cuenca nos ha ido entregando lo que se ha llamado una poética transculturalista tanto en sus aspectos temáticos como formales. Como ha señalado Milagros Polo, su poesía ha evolucionado desde un culturalismo fuerte a una mayor vitalidad jugosa, cargada cada vez más de una cierta lamentativa piedad nihilista Una voz irónica y elegante, a veces escéptica, en ocasiones desenfadada, en la que lo transcendental convive con lo cotidiano y lo libresco se engarza con lo popular. Poesía y vida, acostumbradas a convivir sabiamente. v L 15 Blanco y Negro Cultural 21- 6- 2003 Selección y coordinación de Amalia Iglesias Serna Que no espere el lector situaciones cotidianas, lugares comunes, pasiones canónicas. Estos versos nos llevan a otros lugares donde el surrealismo tiene un lugar importante. Un recurso clave es el uso de un lenguaje inusual donde, por ejemplo, palabras como cólquico y cripo son capaces de transmitir un clima ominoso que no necesita descodificación. Es la acción maligna que se traduce en alusión directa a lo desconocido. El libro es una red de designaciones imprevistas en el lenguaje que lleva a la perplejidad. De esta manera la enunciación busca ídolos de humo en una empresa condenada al vacío, condenada a perderse en asir lo imposible, lo que huye. El desierto y la ciudad son dos mundos que se penetran, que se encuentran en estas claves nada comunes como sucede con la recreación de la danza del alacrán El movimiento es, en realidad, estatismo de lo que se inicia y de lo que se termina, el movimiento son esos cuatro versos con los que acaba el poema y que nos lleva a otra parte. Éste es el mecanismo: lo singular no se explica, se conjuga de otra manera, y no podemos salir de esta magia, veneno de la palabra. El desierto es la desolación, ya se sabe, pero lo aprendemos cuando los comerciantes del recuerdo y los verdugos de los árboles lo han abandonado, es un plus de soledad. La ciudad innominada es un espacio mítico, lo mismo que la ciudad de Brighton donde discurre la historia de la Edad de tiza El espacio se transforma, se queda suspendido para que cada uno se sobresalte y sueñe. que querría yo ser y que se escapan por el hueco que deja mi silencio y por las grietas de mi cobardía. Desde lejos escucho las pisadas devastadoras de la multitud sobre las tumbas de los héroes muertos.