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La Gran Parada Peatón de Madrid MIGUEL SÁNCHEZ- OSTIZ Espasa. Madrid, 2003 344 páginas, 18 euros ADRID es una Gran Parada, según nos recuerda Sánchez- Ostiz en el capítulo que lleva ese título. Parada en su acepción de espectáculo, que atrapa la mirada de quien pasea por sus calles como hacía Luisito, el personaje de Miau de Galdós y han hecho luego tantos otros, personajes de ficción o escritores reales. Porque como reconoce su autor en otro lugar (página 266) Madrid es también un género literario. Lo que equivale a tener en cuenta que sobre sus calles, fuentes, bares, tertulias, Rastro, parques, rincones nobles o tugurios infames se ha escrito mucho y mucho bueno. Con Madrid o se crea un personaje que es el propio escritor en liza con una fiera literaria que sabes que puede comerte, pero que sin embargo te atrae, o poco tiene uno que hacer. Hay que ser muy escritor y tener la fuerza de querer serlo, como demuestra Sánchez- Ostiz en este libro, para que esa fiera no te devore. Se ha enfrentado a ese género y a esa tradición, sin hacer ascos a cuanto debe, pero también sin temores, consciente de su fuerza, y sale victorioso, en razón de esa misma fuerza, arrancada al riesgo. Nos entrega uno de los mejores libros del género. E. Santos M una historia personal, y también una colectiva. El acierto mayor de Sánchez- Ostiz ha sido evitar las postales. No nos entrega un libro de postales, no porque no se vean en cada capítulo calles, plazas, rincones, bares, vips, terrazas, y toda la galería de hampones, busconas, literatos (junto a busconas los pongo y el lector de este libro sabrá por qué) yonquis, bohemios, artistas, y todo el mundo emerg ente de la nueva Busca, que ya no son los desmontes de Legazpi, sino los aledaños de Atocha o Lavapiés. Pesebre cortesano No hay postales porque SánchezOstiz ha escrito con rabia, con desamparo, con desengaños, dejando jirones de sí mismo en una trayectoria que le ha hecho escritor, y le ha hecho daño. Y quizá es tan buen escritor por eso, porque sabe que cada mirada a ese mundo y cada vez que sale a lo que Martín Gaite llamaba tomar la calle estaba buscando una autobiografía, recuperando una historia, que es también la de un lector empedernido, que va paseando los ojos a la vez que hace pasar las hojas de tantos libros aquí evocados como precedentes, invitaciones a la admiración o al desapego. Madrid es una mirada suya en el espejo, y de un escritor que ha forjado su aprendizaje en Baroja. Decir eso es decir mucho, pero sobre todo hacer justicia al detalle, no sentir que tal calle o tal tipo con que se encuentra puede ser una abstracción. Evitar irse por las ramas, buscar el corazón de cada lugar visitado, rememorar sus olores y sabores (excelente capítulo) surcar sus noches, y hacerlo con piedad hacia los inocentes de la pobreza, esa pila de inmigrantes que se han incorporado a la Corte donde ya no hay milagros. Porque el Madrid de SánchezOstiz no es un conjunto, son detalles recogidos, nombres, vericuetos paseados, personajes reales, anónimos o con nombre propio, pero que ve el lector con sus ojos en cada párrafo. Este libro está escrito en la edad y en la circunstancia en la que no le valen mentiras, salvo que se mienta a sí mismo. Y por eso le ha salido tan bien. Porque Sánchez- Ostiz puede ser bronco en el juicio, siempre veraz en la intención, pero no se anda con chiquitas con los relumbrones del que llama el pesebre cortesano. Y es bronco también consigo mismo, pero tiene una fuerza que ya la quisieran para sí cuantos visitan las cumbres del reconocimiento en este Par naso tan desquiciado de nuestra Corte, que ha sido checa de muchos buenos escritores. Ojalá el tiempo lo corrija y acabe haciendo justicia al pedazo de escritor que asoma en cada página de este libro. Historia personal y colectiva Y no era fácil. Porque están todavía ahí, algunos más que otros, Galdós y Baroja, el Gómez de la Serna tan citado como desconocido y poco leído, según denuncia con verdad el autor en el capítulo que lo rememora, luego el Madrid de Emilio Carrere o de Cansinos- Assens, el guerrero de San Camilo, 36 de Cela o Agustín de Foxá de Corte a Checa, para ese tiempo también Juan Eduardo Zúñiga, luego el Martín Santos de Tiempo de silencio, el de Fernán- Gómez que hizo ese tiempo amarillo, está el de Castilla del Pino en su Pretérito imperfecto, o el de Longares, y está quizá el Madrid que más ha pesado en el estilo de este libro, el del formidable Umbral (cuando ese adjetivo podía escribirse con justicia) de Trilogía de Madrid. En el capítulo en que se enfrenta a este último autor, SánchezOstiz hace un apunte que da en la clave de su propio libro. Cuando Umbral era bueno, pudo hacer la gran literatura de la Trilogía de Madrid o del libro sobre el Café Gijón en la medida en que supo entregar en ellos episodios de su propia historia y construir desde ella un personaje, antes de convertirlo en farsa de mueca repetida. Como si contar una ciudad fuese Más que novela lgunos memorialistas de hoy, en diferentes registros, están aportando a la literatura mucho aire fresco. Y lo necesitamos. La hegemonía de la ficción, y dentro de ella la novela, no puede hacernos olvidar que hay otros modos de vivir personajes, ambientes, y que también la literatura tiene un pacto con la realidad. Peatón de Madrid podría decirse que contiene en sus muchos pliegues atisbos de varias novelas posibles, pero buena parte de su fuerza estriba en que un chorro de vida, de calles pateadas, de bares cerrados a altas horas, asoma en sus páginas con toda esa vida que sólo la buena literatura sabe hacer con las palabras. Un buen escritor lo es cuando puede hacer que una ciudad viva en las palabras y sea, desde ellas, igual de verdadera. J. M. P. Y. A construir una autobiografía. Sánchez- Ostiz, que tiene dotes demostradas de excelente memorialista, también lo ha hecho. Nos muestra Madrid, pero también mucho de sí mismo. Podríamos decir que el aliento, y el decurso mismo, es el contrario del de Umbral. Mientras que el vallisoletano narraba la historia de su ascensión desde el Arroyo Abroñigal a los salones del Ritz, Sánchez- Ostiz escribe esta historia como una caída o un desengaño vital, como si fuese la despedida de muchas cosas, ésas que alentaron su propia mitología y la de una generación de escritores, el aliento de querer encontrar su lugar en el mundo, pensando que ese lugar estaba en Madrid, o en parte alguna. Hasta que se ven las cosas de otra forma, cuando empezamos a ver que la cosa iba en serio y conocimos el argumento de la obra. Porque este libro entrega toda José María Pozuelo Yvancos 17 Blanco y Negro Cultural 24- 5- 2003